Por Mauricio Runno

Dos cosas han dejado la Vendimia, que, por mal que nos pese, es lo más importante que le sucede a una Mendoza anclada en el siglo XX. Una de ellas es el marketing eficaz de los nuevos conservadores, los que creen que vivimos a mediados de siglo XX: el de la anti minería. Este facilismo de los tiempos líquidos quiere hacer creer que hay gente que está a favor el agua y que otros, malvados, oscuros, tarados, no creen que el agua sea importante.

La otra, no se vislumbra paz entre el sector bodeguero, quienes aprovecharon esta fiesta, de algún modo la que celebra la industria, para amplificar sus diferencias. Y pedir cabezas, con nombre y apellido. La corporación Bodegas de Argentina quiere la de Pepe Zuccardi. Y además una revisión de los planes de la COVIAR, es decir, de la Corporación Vitivinícola Argentina. En el fondo, también piden la cabeza de Eduardo Sancho, el cerebro al que creen agotado y fracasado. Y, en secreto, tampoco lo creen tan “cerebro”.

El Gobernador de Mendoza brindando su discurso en el almuerzo de Bodegas de Argentina

Antes de transcribir lo dicho ayer en el almuerzo de Bodegas de Argentina, amerita rescatar una incidencia. No solamente desde lo simbólico, ya que es peor que una metáfora, pues se trata de la pura realidad. Y sucedió varias veces. Mientras hablaba la presidente de la institución, Patricia Ortiz, y el gobernador Rodolfo Suarez, los invitados fueron reprendidos por sus malos modales: hablar mientras otros lo hacían.

El gobernador fue menos diplomático y apuró el cierre de su intervención, justamente, a causa del vocerío que no le permitía exponer su visión sobre la industria.

Esta modalidad de falta de clase habilita varias preguntas: ¿Por qué escuchar a los que no quieren saber lo que piensa el otro? ¿Existe una superioridad moral y soberbia en la industria del vino? ¿Saben las corporaciones de Mendoza lo que es el poder democrático? ¿Por qué escucharlos, sino no escuchan?

Dijo Ortiz, en tono nada conciliador, sobre el trabajo de la COVIAR de Zuccardi y Sancho: “Utilizando fondos del aporte que por ley realizamos quienes elaboramos y fraccionamos vinos, y producen uva en fresco, pasas y mosto, iniciaron una campaña mediática para instalar en la opinión pública situaciones que nada tenían que ver con los puntuales reclamos que hace años veníamos haciendo desde esta y otras cámaras”.

Y lo explicó para despejar dudas: “Corriendo el eje de la discusión, descalificando empresas y personas en medios de comunicación, poniendo de manifiesto su falta de capacidad de diálogo y respeto a quienes invierten y generan trabajo a lo largo y ancho del país”.

El paso de Evo Morales por Cuyo en Vendimia fue bastante parecido a la celebración de Adán en el Día de la Madre. El no candidato de Bolivia, prohibido para cargos electivos, convivió en esta esta gira por Mendoza y San Juan con la ratificación del fraude cometido por su partido en las elecciones presidenciales que lo llevaban a la presidencia de su país. Lo más gracioso es que en todas las reuniones de Evo en Mendoza sus partidarios lo recibieron con globos. No eran amarillos.

El hombre más cuestionado en Mendoza, Pepe Zuccardi, tuvo su mañana de gloria y descargo en el desayuno de la COVIAR, el sábado a principio del día. El bodeguero es un hombre poseedor de una visión y la ha desplegado en sus empresas. El emporio de Santa Julia es su mayor logro. Y ayer salió a defenderse. Y redobló la apuesta, lo que supone que el cisma y quiebre de la industria del vino en Mendoza será larga y costosa.

Zuccardi, entre otras cosas, aseguró que “próximo a cumplirse los plazos del Plan Estratégico 2020, es necesario que nos enfoquemos en diseñar una nueva visión estratégica de cara al 2030”. Una frase que elude las críticas a la que está expuesto.

Fue más allá de la coyuntura: “Enfrentamos escenarios de fuertes transformaciones, nuevas tendencias de consumo, efectos del cambio climático, escasez de agua y el desarrollo del turismo. Tenemos un año para consensuar y diseñar el Nuevo Plan. La crisis del agua nos alcanza e interpela a todos. Y exige una respuesta conjunta. El desarrollo productivo de los próximos años nos obliga a planificar y asignar recursos para infraestructura y eficiencia en el riesgo”.

Y lanzó el convite: “Nuestro compromiso: mesas abiertas, no sólo para los miembros de COVIAR, sino para todas las instituciones y actores reales de la cadena que quieran aportar. Aceptamos todas las críticas que ayuden a la construcción de una vitivinicultura mejor. Rechazamos los ataques arteros a la institucionalidad que promueven la concentración y el traslado de las decisiones fuera de las zonas de producción (lo vivimos en el pasado). La mesa está abierta para trabajar. Nadie puede ejercer el poder de veto”.

El poder político de Mendoza, por estos días, raramente ha coincidido: se requiere la unidad de una de las industrias más emblemáticas de la Argentina y la que alguna vez hizo grande a Mendoza. Lo de alguna vez es efectivamente cierto: la economía de Mendoza depende más del petróleo que de sus vinos. Pero sería dar una ventaja estúpida contar con una industria con más indios que caciques.

En el fondo, Mendoza debe plantearse entrar al siglo XXI.

Si fuera por el actual nivel artístico de la Fiesta Nacional de la Vendimia, seguimos en 1950. Una verdadera pena en un mundo que no da demasiadas oportunidades.