“Y cuanto más voy para allá, más lejos queda. Y cuando más deprisa voy, más lejos queda”, suele cantar el gran catalán, y argentino por opción afectiva, Joan Manuel Serrat para referirse al horizonte, y nunca mejor explicado cuando nos tenemos que referir a esta desnortada selección argentina de Lionel Scaloni, que dio varios pasos para atrás respecto de aquella buena sensación que dejó la actuación en los últimos dos partidos de la Copa América de Brasil y de algunos amistosos.

Por Sergio Levinsky, desde Buenos Aires. Especial para Jornada

Si nos pasa en la vida, en el fútbol los argentinos nos llenamos aún más de excusas para justificar lo injustificable. Que no se juega el torneo local (del que sólo se convocó a cinco jugadores) desde marzo. Que muchos jugadores vienen de una larga inactividad. Que la pandemia. Que al final se eligió la Bombonera como caja de resonancia y se jugó a estadio vacío. Que la mochila de la presión por la historia y por tener que conseguir la clasificación. Que este Lionel Messi viene de un inicio desmotivante de temporada en el Barcelona. Que es difícil cuando se te meten todos atrás, Que ellos (la selección ecuatoriana) no iban a tener mayores problemas si perdían y salieron tranquilos.

Sin embargo, basta con encender la TV al día siguiente del soporífero Argentina 1 Ecuador 0, para entender cómo se enfrenta a un rival mucho más débil si se cuenta con jugadores de jerarquía, como hizo Brasil, en San Pablo, ante un equipo boliviano que era el tercero, ni siquiera el segundo, que el entrenador venezolano César Farías podía formar, porque a los mejores jugadores no los tiene en cuenta por razones políticas, y el segundo se quedó en La Paz preparando el partido contra Argentina.

Lo que hizo el seleccionador brasileño Tité, de gran experiencia y especialmente convicciones claras y trayectoria que avala sus actos, es colocar una línea de tres defensores, un cinco clásico como es el conocido Casemiro, del Real Madrid, un volante mixto, como Douglas Luiz, y todo el resto, a atacar. Dos volantes creativos (Coutinho y Neymar), y tres delanteros: un extremo como Everton (el mejor jugador de la Copa América), un goleador como Roberto Firmino, y un extremo izquierdo, Lodi, que es un lateral en su club, Atlético Madrid. En otras palabras, un 3-2-2-3.

¿No podía hacer esto la selección argentina ante una selección ecuatoriana cuyos jugadores casi que conocieron al director técnico argentino Gustavo Alfaro en el avión, camino a Buenos Aires , y con alguna ausencia como la de Christian Noboa, uno de los más experimentados, que por razones de burocracia no llegó a tiempo al partido desde Rusia? ¿Era tan difícil?

Apliquemos la receta de Tité en Brasil, que, cabe recordar, no sólo goleó por 5-0 a Bolivia, sino que llegó con peligro al arco rival en diecinueve oportunidades y sextuplicó a su adversario en los pases bien entregados. ¿No podía jugar Lucas Ocampos como extremo izquierdo?, ¿Para qué quería Scaloni un lateral izquierdo como Nicolás Tagliafico, y un volante izquierdo como Marcos Acuña, irrelevante porque no pasaba al ataque y tampoco tenía mucho a quién marcar?, ¿No podía parar una defensa de tres, cuando Ecuador sólo colocó arriba a Enner Valencia, que al no tener contacto con la pelota, bajó a volantear para terminar en un esquema 4-6-0? ¿Por qué ocho de los once jugadores argentinos estaban detrás de Lionel Messi cuando el rival sólo vino a defenderse?

Creemos que el esquema más lógico para un partido así era el que utilizó Brasil, con tres atrás, Leandro Paredes como volante central para el primer pase, Rodrigo De Paul como volante mixto, y de allí en más, la dupla Messi-Alejandro “Papu” Gómez (de excelente momento en el gran Atalanta de Gian Piero Gasperini) para crear, y delante de ellos, Eduardo Salvio, Lautaro Martínez y Lucas Ocampos, para un lógico 3-2-2-3 para partidos como éste.

Si seguimos la comparación con Brasil, desde lo individual, llegaremos a la conclusión de que los verde-amarillos no tienen, puesto por puesto, tanto más que los albicelestes. Acaso superan en uno de los dos centrales (una posición no tan decisiva), y en el volante central, especialmente porque Paredes tiene un estilo más de toque que de marca, pero si Argentina contara con todos sus titulares, no estaría tan lejos, como pudo comprobarse en la semifinal de la Copa América 2019 y en un amistoso posterior en tierras lejanas.

Entonces, ¿dónde reside la diferencia? En los aspectos netamente extra futbolísticos, como casi siempre ocurre en las últimas tres décadas. En la coherencia, en la regularidad, en la mentalidad, en la falta de temores, en la psicología, en el respeto a cierta institucionalidad, en la calidad de los entrenadores, en la actitud ante rivales más débiles, en el intento permanente de jugar, incluso, cuando a veces Neymar pueda aparecer como demasiado provocativo.

Cabe señalar también que algunos problemas de la selección argentina son estructurales, como la escasez de jugadores en algunos puestos, como los marcadores centrales (Nicolás Otamendi no es ni por asomo el que fue en otro tiempo), o que Messi sigue sin encontrar socios ni receptores aunque se siga pregonando en cuanto micrófono amigo se acerca, que se sigue buscando un equipo que lo respalde. ¿Esta selección argentina habría vencido a este Ecuador si Messi no hubiese jugado?

Llama la atención, finalmente, que un director de Selecciones Nacionales como el experimentado César Luis Menotti, que viene pregonando un fútbol estético, dinámico, de vuelta a las fuentes, que respeta un estilo tradicional, no se manifieste sobre el esperpento del pasado jueves en una Bombonera vacía. Al menos, se espera que lo converse con Scaloni, aunque más no fuera, en forma privada, porque no parece coherente con su estilo y su trayectoria, y en este caso, su función comienza a difuminarse.

No es una cuestión de resultados. Hay quienes siguen sosteniendo, asiéndose de la angosta y empinada baranda que queda, que son tres puntos y que valen mucho. Lo que no se termina de aprender y no se escarmienta, es que jugando así, hoy son tres puntos y mañana, ninguno. No existe la magia. Por lo general, la falta de solidez y la carencia de lucidez, no permiten deducir los mejores vaticinios.

Por suerte, esto es fútbol, y como dijo el gran Dante Panzeri hace medio siglo, “Dinámica de lo impensado” aunque el notable periodista se refería a lo que pasaba adentro de la cancha. Pero es necesario, al menos, que lo que sucede fuera del campo de juego ayude a lo que se juega adentro. Y el fútbol argentino parece construir día a día los obstáculos necesarios para que cada vez que se da un paso adelante, como María La Paz, se den tres pasos para atrás.

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