Por Diego Barovero

El Poder Ejecutivo Nacional dispuso oportunamente que este año 2020 se conmemore como “Año del General Manuel Belgrano” y así se consigne en el margen superior derecho de toda la papelería y documentación oficial


Comenzamos el mes de junio, “Belgraniano” por excelencia, ya que hoy 3 se cumple el 250 aniversario del natalicio de Manuel Belgrano y el 20, serán 200 de su fallecimiento.
Pandemia y cuarentena mediante, el cronograma de celebraciones y festejos ha sido notoriamente alterado, limitándolo a recordaciones virtuales y el ejercicio intelectual sobre la vida y obra del prócer.

Manuel Belgrano es una de las figuras más cautivantes de nuestra primera historia Patria.
Significativamente, en líneas generales y a nivel popular, se conoce poco de su vida personal e incluso de su preclaro pensamiento y su copiosa obra.


Sus escritos, variados y ricos, dan cuenta de sus ideas, sus intereses, sus vínculos y sus tribulaciones a lo largo de una vida relativamente corta pero muy fructífera.
Sí en cambio se lo identifica y relaciona claramente con nuestra identidad como Nación desde el primer momento de la gesta revolucionaria.


Puede ubicarse, a través de sus escritos, su idea y su modelo a partir de una rica experiencia en la Europa de la Ilustración y como aquellas proposiciones y modelos que abrevan en su inteligencia son el motor de su acción al regresar a estas tierras americanas en torno a problemas como la economía, la educación, la ciencia.


Toda su trayectoria vital y su accionar social y político (porque eso era: un dirigente político de su época) estuvo signada por la convicción patriótica y americana que lo encontrará inmerso en el proceso de emancipación y organizacion en torno a un Nuevo Estado sobre bases de libertad, de progreso y de justicia.


Hombre de leyes y estudios, afrontará con convicción y valentía el deber encomendado de asumir el mando militar y enfrentar a las tropas realistas que pretenden retrotraer la situación del antiguo Virreinato del Río de la Plata a una realidad pre revolucionaria que sería ya imposible sociológicamente y para él inaceptable. En esa noble causa de asegurar los principios libertarios e independentistas de estas tierras pondrá toda su inteligencia y su sacrificio personal en juego. La bandera que confeccionara para alzar al tope de nuestros ejércitos y que le ocasionaría no pocos sinsabores, es testimonio elocuente del sentido que impuso a su plan. Nuestro Libertador José de San Martín, bajo cuyo mando Belgrano terminó sirviendo luego de padecer vicisitudes y desgarros, supo juzgarlo con meridiana certeza: “lo mejor de nuestra América”.


Las tristezas en torno a su solitario final, despojado de honores y privado de recursos y reconocimientos de los que hubiera sido merecedor, son harto conocidas para desgranarlas aquí y exceden el objetivo de esta columna.

Preferimos detenernos a señalar la sorprendente actualidad y vigencia de sus trabajos intelectuales que nos llegaron del fondo de la Historia Nacional. Porque aún siendo grande y honroso el haber tenido la lucidez y mérito de la creación de nuestra Enseña Nacional, nos ha legado un ideario princípista y programático que aún es un plan estratégico para la nacionalidad.


Conservar la memoria del esfuerzo intelectual y material que su presencia decidida, conmovedora y desinteresada en el liderazgo primigenio de la idea de una nueva Nación es un hito de nuestra formación ciudadana.

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