Es el hombre del momento por ser el flamante embajador argentino en España. De la propuesta y su nominación se habló durante  toda la semana. Hoy visita Olivos, un sitio demasiado familiar en su historia. Aquí pasa revista a los hechos que lo transformaron en la nueva carta de Alberto Fernández en Madrid. Habla de correligionarios y compañeros, de su padre y Duhalde, de su padre y Kirchner y hasta del rol de la Iglesia y el Vaticano. La dinastía radical sigue de pie, dispuesta a dar pelea


Por Mauricio Runno


Entra como una tromba, como si no supiera hacia dónde ir. Estamos en un escenografía de hotel metropolitano, en algún rincón al estilo VIP. Trae el móvil adherido al oído, como hombre contemporáneo. Está tan apegado al aparato como cualquier amante del fútbol a su radio en décadas pasadas, al compás de la magia de Bochini y ballet. Es también hincha de Independiente de Avellaneda, al fin y al cabo, este Alfonsín, el que ha rescatado la dinastía republicana de un apellido fundacional. Su tarea en España lo ha colocado en el centro del ring, bajo la abrasadora luz de la arena política. 


Se sienta, se levanta, camina, casi arando la alfombra del lobby de un hotel todo muy lindo pero caluroso, menos pegajoso que la calle de la ciudad donde otros tantos como él van -ojalá- oyendo los pases milimétricos del Bocha y alguna genialidad en una baldosa dibujada por sus pies. 


Está saliendo al aire con una radio de eso que llaman el Conurbano, una geografía que decidió cambiar el rumbo ungiendo como gobernador al cuestionado Axel Kicillof, tan polémico por sus dotes como negociador de deuda pública (sí, una vez más). 


Ricardo Alfonsín se despide de los conductores radiales. Ahora me da toda su atención. Y lo primero que hace es realizar una pregunta. Siempre pensé que esto funcionaba al revés.

– ¿Cómo es tu nombre?- apura.

– Mauricio- digo, igual a lo que he repetido en casi 50 años.

Se ríe. Me río. Se ríe más.

Digo: “Yo no tengo la culpa, doctor”. Pienso de repente en todos aquellos que se llaman Cristina, Raúl, Fernando, Carlos, Néstor, hasta en los Albertos, pienso. Que Dios nos bendiga en un país de antropófagos.



“¿Hablo corto o largo?”, vuelve a decir, a preguntarme. Juro que siempre he pensado que los reportajes se hacen al revés. Debe ser algo de Internet y los milennials, sospecho.



“Hable como usted quiera”, le digo. Y así comienza este diálogo, diplomático, si se quiere.

– Me resulta interesante saber cuál fue el grado de profundidad en la relación entre su padre y el ex presidente Eduardo Duhalde.  Usted conoció esa cocina muy de cerca. Una relación crucial para la historia política.

– Fue una relación importante ya desde la década del 80. Duhalde era uno de los intendentes importantes de la provincia de Buenos Aires. Tuvo actitudes de mucha colaboración en varios problemas puntuales. Y dentro del justicialismo transmitió la gravedad de la situación para alcanzar el objetivo principal: consolidar la democracia, para luego sí avanzar hacia una democracia social, con la que se come, se cura y se educa.


– Ya en este siglo se produce un acercamiento y un vínculo mucho más profundo entre ambos.

– Así es. Y también se produjo la reciprocidad de colaboración, con la necesidad de superar la crisis de 2001. (Piensa) Curiosamente, en aquel tiempo, como ocurre ahora conmigo, algunos pidieron la expulsión de mi padre de la UCR. Le achacaban esa actitud de cooperación con Duhalde, quien, por otra parte, tuvo mucha actitud para encarar aquel momento, que felizmente superamos. No fue fácil y mostró gran carácter.


– Me permite una analogía. De la que estamos hablando y la suya, justamente, con el presidente Fernández. Son otros intérpretes aunque la canción pareciera ser la misma. ¿Es así?

– Alberto coincide con partes fundamentales de una visión política, claro. Lo ha enunciado al argumentar la ética de la solidaridad. Un país no es la suma de individuos y sí de ciudadanos. La diferencia entre estas categorías es que los intereses del ciudadano trascienden los intereses personales. E incluso llega a sacrificar el interés suyo por el ajeno, el colectivo. Alberto también coincide con la necesidad del diálogo, un valor indispensable para una sociedad democrática, republicana.  Los países que han sufrido problemas graves sólo han podido superarlos con acuerdos entre las fuerzas políticas y las fuerzas del capital y el trabajo. La calidad de la política de alguna manera de pone a prueba por su capacidad para identificar los consensos. Y no me refiero a contar con mayoría en las cámaras legislativas.

“Los países que han sufrido problemas graves sólo han podido superarlos con acuerdos entre las fuerzas políticas y las fuerzas del capital y el trabajo”.

Ricardo Alfonsín entrevistado por Mauricio Runno

– Es reconocido su espíritu laico en temas públicos. ¿Cuál es su análisis ante el rol preponderante de la Iglesia, ya no solamente en la política, sino también en la economía del país? Es casi inédito en la historia contemporánea.

– Yo soy cristiano, eso sí. Y creo que debe separarse la Iglesia del Estado. Pero en estos momentos la Iglesia tiene muchísimas cosas para decir y transmitir. Valores como la justicia, la igualdad. En definitiva, aspectos que ya vienen siendo discutidos por las sociedades más desarrolladas.

– ¿Lo atribuye al ascenso de Bergoglio, al frente del Vaticano?

– No, no. La lucha por la igualdad entre los seres humanos, la defensa de los oprimidos, la necesidad de justicia, se traslada desde lo religioso al campo politico. La secularización de esos valores del cristianismo. Y para ser más concreto hoy resalto la importancia del rol de la Iglesia por su componente moral. No tiene intereses económicos en los países. Por eso puede opinar sobre todas las formas en que se organizan las sociedades. Y también de la desorganización de las sociedades, a partir de la revolución neoliberal en el mundo.


– ¿El capitalismo se ha pasado de rosca, tanto que ya no es salvaje, sino feroz?

– Es evidente que sí, en tanto se vincula con las consecuencias sociales que generan un retroceso muy grande. De hecho asistimos a la pauperización de la clase media, la trabajadora, y hasta la situación de los jubilados.



– No sé si puede hacerlo, pero me gustaría conocer su análisis sobre la situación política en España. De hecho es muy frágil y con enormes problemas, hasta para constituir un gobierno.

– Me encantaría pero por razones obvias no puedo hacerlo. La regla es no intervenir en la política interna del país asignado bajo ningún aspecto.

– ¿Por qué finalmente aceptó el pedido del presidente para convertirse en embajador en España? Fue un cargo que rechazó dos veces, en estos meses.

– ¡La tercera es la vencida! (risas). En primer lugar quiero decir que a mí me llama la atención que entre algunos radicales, que de ninguna manera son todos, haya causado semejante efecto este tema. Suelen tener mejor rendimiento las palabras altisonantes, los agravios… Se han dicho tantas cosas que, leyendo algunas, creo que esos comentarios hablan más de quien las propina que de aquel que las recibe. Y por otro lado, pienso: “Qué suerte que yo no soy así”. Siempre me he manejado con ideas, de allí que basta con compartir o no alguna posición. El resto está de más.

“Los argentinos deberíamos estar contentos, no por mi designación, sino por el gesto del presidente”.

– Aún así, ¿es consciente del impacto de su decisión, fuera y dentro de su partido?


– Creo que deberíamos ahondar en un aspecto de esta decisión, que no ha sido lo suficientemente valorado. Y es esa tendencia a valorar las cuestiones desde una mirada negativa, sospechando de segundas intenciones. Creo que los argentinos deberíamos estar contentos, no por mi designación, sino por el gesto del presidente. En el contexto de un país en grieta, donde las fuerzas políticas no han hecho más que destratarse. Mi partido, ante esta designación, en vez de celebrar el gesto, de acercar posiciones, ha reaccionado del modo contrario, muy enérgicamente. Sinceramente me cuesta entenderlo. (Pausa) Mi padre, en 1983, apenas asumió, con el espíritu de aceitar las relaciones entre peronistas y radicales, eligió entre otros a Jorge Taiana como embajador. Y nadie creyó que lo estaba reclutando (ríe). Otro buen ejemplo, también con mi padre: él fue designado delegado personal por Néstor Kirchner en una situación ocurrida en Venezuela. Y antes cumplió igual rol con Duhalde como presidente.


– ¿Por qué dijo dos veces no, hasta el sí?

– Suele ignorarse esta historia y es bueno decirlo. En las dos veces el presidente me ofreció una tarea de carácter patriótico, entendiendo la necesidad de avanzar en todos los frentes posibles. Y los suyos fueron motivos muy sinceros, hasta los personales. Las dos veces mi respuesta fue la misma: creía que podía ser más útil aquí, incluso desde la oposición. Para mí es clave que la Unión Cívica Radical recupere su verdadero significado. Siendo así tenemos muchas más coincidencias de lo que realmente imaginamos. 

– ¿Y él insistía?

– Sí. Incluso en ambas oportunidades apeló a razones hasta personales, las cuales no van a trascender por el respeto a su confianza. 


– Casi un paso de minué: dos charlas calcadas, una en noviembre, la otra en diciembre. Hasta la tercera.

– Después de la segunda yo me quedé pensando, desde otro ángulo. ¿Estaré negándome por comodidad, por no enfrentar una situación tormentosa? ¿Será que tengo miedo de enfrentar una situación dura, desde lo político? No me conformaba con las respuestas. En medio de esas cavilaciones el presidente me llama este lunes, desde Alemania. Y con una humildad que a mí me conmueve, el presidente me dice: “Ricardo, dame una alegría. Te necesito allá. Tenes que revisar tu decisión y podes aportar desde allá. Permitime una alegría”. No es fácil ser presidente. Algunos creían que lo era, que se arreglaban los problemas de taquito y deben haber cambiado de opinión”. En fin. Le pregunto al presidente cuándo regresaba. Y me dijo que se iba a España al otro día y que necesitaba comunicarles el nombre del embajador del gobierno (ríe).  Le pedí tres horas para contestarle. Lo primero que hice fue llamarlo al gobernador Gerardo Morales. Le conté. Lo respeto pese a nuestras diferencias. Es un militante extraordinario. “No le podes decir no”, me dijo. Luego empecé a hablar con otros dirigentes. No para consultarlos, sino para avisarles. Sabe que “consultar” últimamente ha salido del diccionario del buen radical (más risas). Hablé con Rodolfo Suárez, que estaba en Mendoza, me dijo lo mismo. Igual que Valdéz en Corrientes. Diputados nacionales, como Martín Lousteau, también. Carla Carrizo, intendentes de todas las provincias, el presidente de la Convención, Nosiglia…

Alberto Fernández junto a Ricardo Alfonsín


– ¿Nosiglia también?

– Sí, sí. Me dijo dale para adelante, tenes que aceptar, etc. etc. La mayoría estaba de acuerdo. Ocurre que en los medios trascienden los pronunciamientos más efectistas. Quiero significar que ha sido inmensamente mayoritaria la buena reacción a mi decisión. 

“El presidente me dijo: “Ricardo, dame una alegría. Te necesito allá. Tenes que revisar tu decisión y podes aportar desde allá. Permitime una alegría”.

– España es el segundo país con mayores inversiones en Argentina y el cuarto en la región. ¿Cuál es el plan como embajador?

– Yo quiero ser prudente. Primero hablaré con el presidente sobre esta tarea y luego recién la daremos a conocer. Se trata de profundizar los vínculos económicos, sociales y culturales que tenemos con España. Probablemente con ningún otro país tengamos tanto afecto recíproco. Nosotros, los embajadores en Europa, tenemos la tarea de unir esfuerzos y acciones para potenciar la relación entre la Unión Europea y el Mercosur. Hablo de relaciones beneficiosas para ambos bloques.

– ¿Esta política sería una continuidad de la administración Macri?

– (Suspira no tan amablemente). ¿Continuidad en qué sentido?

– Digo, negociar de bloque a bloque, voluntad y liderazgo para consolidar el Mercosur y ponerlo a negociar en mejores condiciones que aislados…


– Yo creo que tiene que haber un esfuerzo mayor. Y no hay dudas que Alberto lo va a intentar. Como lo deben intentar el resto de los países. Yo creo que es hora de un esfuerzo mayor, de todos. En un mundo tan interdependiente, asimétricamente intedependiente, el que crea que se puede defender mejor los intereses de Argentina, desde Argentina, y no de un espacio supranacional, que revise su diagnóstico. 

“El Vaticano es central, por la naturaleza del poder. El suyo es un poder moral”

– Vislumbro que los veremos con bastante frecuencia en el Vaticano. Surge como espacio de poder muy favorable para la Argentina.

– Yo creo que el Vaticano es central, por la naturaleza del poder. Es un poder moral. Yo creo que lo que la falta a la política en estos últimos años es moral. Y no me refiero solamente a la honestidad. Hablo de la necesidad de organizar la sociedad alrededor de valores fundamentales, para que podamos decir de esas sociedades que son justas.

– Deseaba preguntarle lo que vivió durante uno de los pasajes del discurso de asunción del presidente Fernández, en los que citó y destacó a su padre. Suele citarse y con cada vez más frecuencia a Raúl Alfonsín.

– Sí, es cierto, pero hay quienes lo citan descafeinado (sonríe). Incluso dentro de mi propio partido hay quienes lo transforman en una figura políticamente light, republicano y honesto, que lo fue, pero no mucho más. Como Illía. Alfonsín tenía una visión muy completa sobre el rol de la economía, de la política, de la transformación social, el progreso. Mi padre discutió acerca de quién manda en la sociedad. ¿La economía a la política? ¿La política a la economía? El creía en esto último. Es un debate intenso y apasionante. Pero Alfonsín tenía en claro que era la política la que debía regular a la economía, en función de una profunda democracia social. En este sentido yo he hablado mucho con Alberto. Y el coincidía en muchos asuntos. Tanto que hoy ha recogido el desafío que propone una ética de la solidaridad. No me sorprendió que mi padre apareciera en su discurso ante la Asamblea Legislativa.


– Con su designación en Madrid, ¿los mendocinos y el gobernador Suárez, deberían tener expectativas para que Mendoza ingrese a España por la puerta grande?

– No sólo con Mendoza, sino con todas las provincias. Tendremos una gestión para mejorar todo lo que podamos y asistir a las provincias en lo que soliciten. Es obvio que yo tengo un afecto especial por el gobernador de Mendoza, que es radical, de familia, un buen radical, como yo (risas finales).


Ricardo Alfonsín y su último cumpleaños

https://www.youtube.com/watch?v=-V5XyT-CgbQ&feature=youtu.be