Por Mariana Losano*

Estamos transitando un momento de quiebre. Gran parte de la vida que solíamos tener, hoy es imposible de llevarla a la acción.

En el plano individual, en lo colectivo y en las organizaciones, más que nunca necesitamos vínculos y habilidades que confieran una estructura para atravesar este tiempo con una mirada reflexiva y en conexión con lo que pasa.

En mayor o menor medida, pandemia mediante, todos debemos volver a dar sentido a nuestros ámbitos de interacción: familia, amigos, estudio, trabajo, tiempo para la recreación. En todos los órdenes, hay mucho para reelaborar, para volver a empezar. Por eso, se necesita de “un colchón emocional”, de una contención donde la confianza sea posible y donde se puedan procesar pérdidas, duelos, y resultados no deseados. 

Lidiar con la incertidumbre y asumir que los imprevistos pueden ser la constante, exige incorporar nuevas dinámicas que hagan las paces con conceptos que, en otro momento, podían sonar vacíos o superfluos para muchos.

Quienes hoy están frente a equipos de trabajo y lideran proyectos que necesitan reformularse, están comprobando que, además de la empatía, la inteligencia emocional es otro salvavidas, que abre una dimensión más virtuosa para atravesar el fuerte oleaje que nos acecha. 

Desarrollar la capacidad de resiliencia resulta, a su vez, imprescindible. En el ámbito laboral como en otros, tendremos que aprender a vivir otra vida y para ello se necesita de un espacio para redescubrirnos y ponernos a prueba con soportes emocionales que habiliten un cambio de identidad.

Con esta mirada, no se trata de negar condiciones desigualitarias ni minimizar complejidades. Se trata de incorporar y contar con una forma de trabajo que permita complementarnos y que ayude a sobreponernos a las dificultades, a capitalizar los aprendizajes para dar un mejor sentido a nuestra realidad. 

Las nuevas interpretaciones que hagamos sobre los puntos de partida posibles serán esenciales para asumir los nuevos desafíos, para conectar empáticamente con los otros, y para dejar de lado paradigmas que invitan a pensar en el “sálvese quien pueda”, y en dividir todo en ganadores y perdedores.

¿Cómo aceleramos el tiempo de respuesta frente a una crisis? Estando preparados y teniendo un sistema diseñado para ello. En el mundo de las organizaciones ese modelo debe ser flexible, debe incorporar espacios de escucha, de contención, de cooperación y que requiere de un liderazgo virtuoso que habilite pensar el propósito de lo que se hace y el para qué se hace.

Antes de la pandemia y después de la pandemia serán, sin dudas, nuevas medidas de tiempo que ayudarán a ordenar viejas y nuevas rutinas. En la construcción colectiva y responsable de un mañana, las nuevas identidades deben dejar ir vicios de sistemas que no funcionaron, y tomar decisiones que nos preserven y que nos acerquen a nuestro propósito de vida. En esta etapa de reinvención, nuestras acciones están llamadas a generar valor, inclusión y sustentabilidad. 

*Lic. en Ciencias Políticas, especialista en administración de empresas en crisis de la Escuela de Posgrado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.  



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