Este 17 de julio Quino está cumpliendo los 88 años de su edad. Motivo para celebrar. Y, de paso, para reflexionar(nos). Recuperaré algunos conceptos vertidos en esta columna a lo largo de quince años. Por empezar reitero una pregunta, aunque nos incomode: ¿no es acaso una paradoja que Joaquín Lavado, el Quino, haya nacido y aprendido a respirar en Mendoza?

Por Rodolfo Braceli,Especial para Jornada. Desde Buenos Aires*

  Aclaro de entrada. No me estoy refiriendo a toda la sociedad mendocina, me estoy refiriendo al promedio. Quiero decir: el promedio, ¿está a la altura de la lucidez del inconformista hacedor de la niña Mafalda? Concretamente: el conservadurismo, la pacatería, los prejuicios, la contractura moralista de un gran porcentaje de nuestra sociedad ¿tiene derecho a sacar pecho y pechos con el Quino mundial que hace algunos años ganó esa especie de Nobel que es el premio Príncipe de Asturias?

  Otra pregunta incómoda, ineludible: ¿Qué hubiera sido de Quino si la dictadura del ‘76  lo encontraba viviendo en Mendoza? ¿Le hubiera ido mejor que a Jorge Bonnardel, que a Antonio Di Benedetto, que a David Eisenchlas, que a Ángel Bustelo? En fin: ¿estaría por estos días respirando aquí y celebrando sus 88 años?

  Hagámonos cargo de las preguntas. Mientras tanto, voy por Joaquín Lavado. Lo primero que hizo fue nacer (Mendoza, 1932). A los 21 años hizo pie en Buenos Aires, y de aquí ¡al mundo!. Cierto día de 1967 estuvo de pasada a Mendoza en una visita familiar, y lo entrevisté para el diario Los Andes. Otros encuentros con él sucedieron ya en Buenos Aires: en 1987, cuando le hice un extenso reportaje-prólogo destinado a su antología “10 años de Mafalda”. Después lo entrevisté en 1990 y en el 2001. Según pasaban los años observé a un Quino que superaba el corsé del denso pesimismo y se animaba a la alegría, entretanto desanudaba su grave timidez.

   Repaso: tenía Quino 35 años cuando lo entrevisté por primera vez. No nos tuteamos. Le entré mal: “¿Cómo es posible que no le guste el fútbol?” Me respondió disgustado: “¿Acaso eso es una tragedia?” Le respondí: “No. Es una lástima”. Al rato le pregunté: “¿A dónde va a parar el mundo?” No encontró palabras. Largo silencio. Entonces le pedí que me respondiera con un dibujito en una servilla. Y Quino, con mi birome, dibujó primero un hombrecito de anteojos (yo), y después un globo terráqueo… El hombrecito pateaba el globo, lo convertía en balón. Adiós planeta, adiós.

   Dos décadas después lo volví a reportear. Quino venía de vivir en Europa los años del limbo del infierno, a partir de 1976. Entonces le pregunté sobre el día de su nacimiento.

–Sólo sé que nací a las cuatro de la tarde. Entre los 10 y los 18 años viví asediado por la muerte: perdí un abuelo, mi madre, mi padre… No podía escapar del luto: puerta entornada, nada de radio ni de música ¡y un brazalete negro! Con ese brazalete me sentía un nazi. Feo, ¿no?

–¿Cómo era Quino a la edad de Mafalda?

–Muy solitario. No jugaba a la pelota; por mi timidez espantosa no quería ir a la escuela. Sólo quería dibujar. Mi madre me convenció de que si quería dibujar con los globitos, como en las historietas, también tenía que escribir los textos. Y a escribir iba a aprender sólo yendo a la escuela. Fui nomás… Mientras, me acercaba a mi tío Joaquín Tejón, Joaquín era pintor, dibujante publicitario… Ahora me viene una imagen lejana: un día mi madre trajo a la casa una enorme mesa de madera clara, de álamo… yo me acosté boca abajo sobre ella y la fui cubriendo de dibujos… Ella no se enojó, me dijo: “Si quieres seguir dibujando tienes que lavar la mesa cada vez.”

–¿Cuál es la clave de Mafalda?

–Una contradicción: a uno de chico le enseñan cantidad de cosas que no deben hacerse porque hacen daño… pero resulta que cuando uno abre los diarios se encuentra con que los adultos perpetran masacres, feroces represiones policíacas, guerras, genocidios, etc.

   (Quino ya metía el dedo en nuestra llaga: la hipocresía, el doble discurso. Siguió contando…)

–No reniego de Mafalda. Fueron diez años de mi vida y la de Alicia, mi mujer. Pero el viejo Oski tenía razón: la permanencia en la historieta me endureció la línea… Para que los personajes me salieran iguales… a veces los calcaba. Fue duro eso: Alicia debió soportar esta rutina y resolver mi vida exterior con el mundo. Hay dibujantes a los que mantener su historieta les costó el matrimonio… Mucha gente me dice: “Quino, ¿por qué mató a Mafalda?” Si seguía, la historieta iba a terminar por liquidar al dibujante.

–Si hoy le pregunto a dónde va a parar el mundo, ¿qué me responde?

–Iremos a parar al espacio. Porque volaremos en cohetes. Yo era muy pesimista, pero viajando aprendí cosas… En Cuba vi lo que puede la voluntad y la unidad. Aprendí, comprobé que aun apretados por la pobreza, con el esfuerzo común se puede conseguir salud, y educación, y alimentación.

–¿A dónde cree que vamos a parar cuando dejamos de respirar?

–A la nada.

–Confiéseme alguna íntima maldad suya.

–A ver… je… de chico, jugando solo, miraba mucho a las hormigas: las negras grandotas, buenazas; las chiquitas coloradas, malísimas; y las marroncitas, que no eran dañinas. Miraba las terribles guerras entre las hormigas, quedaba la tendalada… Algunas veces atrapaba una mosca viva, le arrancaba las alas y la arrojaba al centro del hormiguero… Hoy me da escalofríos decirlo.

   (El Viernes Santo del 2001 ya nos tuteábamos. Ese día le pregunté a Quino si seguía incrédulo:)

–No, creo muchísimo… Soy agnóstico; no sé, ateo también… Creo en taaantas cosas… soy un animista. He sido educado como hijo de republicanos españoles. Mi vieja, Antonia Tejón, y mi abuela eran comunistas. Mi abuelo también ¡muy anticlerical!

–Pasados los años, la carencia de un Dios, ¿te desasosiega?

–No. Porque creo en aquel árbol y en el sol y en la lluvia y creo en los pajaritos… Mirá, Rodolfo, la otra noche soñé con una pareja de pajaritos. Venían a invitarme a su boda.

Posdata

  De entrada puse una pregunta en remojo sobre la paradoja que significa que el Quino haya nacido en Mendoza. Nacido y criado en un sitio con muuuuy alta tasa de mentalidad pacata. Digamos que a la Mendoza neoliberal, conservadura, el Quino le salió por la culata. Por ejemplo: los que no soportan discutir la legislación para evitar las sórdidas tragedias de los abortos clandestinos, ¿tienen idea de los códigos que vertebra Joaquín Lavado, ciudadano y artista más conocido por Quino?

  Digamos por otro lado que Quino es un ejemplo viviente de lo que NO representa, de lo que NO ES el (neo)liberalismo.

  ¡Brindemos por Antonia Tejón, la autora del autor de la Mafalda!

  ¡Brindemos por doña Antonia, aquella férrea anticlerical y republicana que lo dejaba dibujar acostado de panza sobre la madera cruda de toda la mesa de la cocina!

  ¡Brindemos por nuestro Quino, que hoy comparte el aire que respiramos!

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Joaquín Lavado Quino, Roberto Fontanarrosa y Rodolfo Braceli.

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