Uno se equivoca. La equivocación es una de nuestras características diarias. Algo nos parece algo pero no es el algo que estamos pensando.

Por Jorge Sosa, Redacción Jornada

Se encuentran dos amigos y uno le dice al otro “Pedro, que cambiado que estás” y el otro le contesta “yo no soy Pedro”. Y el primero responde “No me digas que hasta el nombre te cambiaste”

Es lo que habitualmente llamamos metida de pata. Ocurre cuando contamos algo que no deberíamos contar frente a una persona que está involucrada y lo maldisponemos con la noticia. Ocurre cuando decimos algo a viva voz, algo que no deberíamos decir porque hasta que lo dijimos era un secreto.

Nadie está exento de esto, a todos nos pasa. Tratamos de conquistar a una señorita y la invitamos a cenar por ejemplo, o a tomar un café y la señorita, que no es señorita nos contesta: “No sé, tendría que consultarlo con mi marido”

Nos equivocamos sustancialmente. Vamos al médico apurados porque llegamos tarde a la consulta y cuando llegamos la secretaria nos dice “su turno es para mañana”.

A veces ocurre por descuido. Por ejemplo hablamos mal de una persona olvidándonos de que con quien hablamos es el sobrino de esa persona que nosotros maltratamos.

Nos ponemos la escarapela el 8 de julio sin acordarnos de que la Independencia se celebra el 9.

Comentamos cosas con nuestro jefe en nuestro trabajo, cosas que el jefe no sabía y lo incineramos sin querer a algún compañero.

Le reclamamos una deuda a un amigo olvidándonos de que hace tiempo el amigo ha saldado la deuda.

Comentamos algún chisme que hemos recogido en el vecindario sin darnos cuenta de que el vecino a quien se lo contamos es protagonista principal del chisme.

Sí son tradicionales nuestras metidas de pata y cuando comprendemos que hemos cometido tal falta nos entra un rubor especial en el rostro y nos ponemos colorados.

Muchos son los que apuntan que la pata, a la que se refiere el dicho, no es otra que  la extremidad (pierna) de un animal y que la expresión está directamente relacionada con el acto en el que éste mete la pata (cae) en una trampa colocada por un cazador y queda apresado.

Pero también nos encontramos con otros argumentos que le dan a la expresión un origen y significado totalmente diferente al anterior y que toman como referencia al mismísimo demonio

El porqué lo encontramos en el hecho de que son muchas las localidades españolas en las que se utilizaba popularmente (y aún se sigue haciendo, aunque en menor medida) la palabra “Pateta” para referirse al diablo.

Esto hace que nos encontremos con otro dicho muy utilizado antiguamente, y prácticamente en desuso, que era ‘Mentar a Pateta’ (nombrar al diablo),  lo cual ha llevado a algunos expertos a señalar que muy probablemente se trate de la misma expresión que, habiendo sufrido una lógica transformación a lo largo de los años debido al boca a boca y popularización en el lenguaje cotidiano, ha cambiado el original “mentar” por “meter” y a “Pateta” por la ya mencionada “pata”.

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