Por Jorge Sosa. Mendocinos Famosos

REVANCHA

Si uno recorre la Andinia, ese enorme país sin fronteras, desde Tierra del Fuego hasta Colombia, ha de encontrar, a ambos lados de la cordillera, instrumentos de percusión e instrumentos de viento: anatas, zampoñas, sikuris, rollanos, ocarinas, erkes, quenas, pincullos. En todos los lugares menos en Cuyo. La cultura Huarpe no nos dejó testimonios de lo que cantaban y bailaban, de los instrumentos que usaban, o mejor, los conquistadores no se preocuparon ni mínimamente por preservar la cultura de aquellos pueblos que avasallaron. Seguramente se habrán servido de aerófonos y tambores, pero no dejaron vestigios. Entonces, la guitarra andaluza, que llegó con el conquistador, se adueñó de todo el Cuyúm Mapú, del país de las arenas. La guitarra manda en el folklore de la zona. Tanto la cueca, como el gato y especialmente la tonada afirman sus decires melódicos en las seis cuerdas. Por eso cuando algún guitarrista de renombre, de cualquier parte del mundo, se entera de que habrá de tocar en Mendoza, se prepara. Porque sabe que ha de mostrarse en una tierra que ha dado (y sigue dando) excelentes guitarristas y ha de actuar para un auditorio que está acostumbrado a escuchar a esos excelentes. El folklore cuyano no tiene instrumentos de viento ni de percusión. Tal vez por eso resulten curiosos dos fenómenos ocurridos en los últimos tiempos en nuestra zona: la aparición de las murgas, que basan su oferta artística casi exclusivamente en los parches, y el nacimiento de Markama, uno de los grupos de música del altiplano de mayor predicamento en toda América. Es como una revancha. Tantos años sin el sonido hondo de los tambores, sin los instrumentos del viento, y ahora dos manifestaciones que los usan con destajo y con jerarquía. Si bien Markama, sus integrantes, han hecho aportes de nuevas canciones desde este lugar, los ritmos y géneros musicales que usan no nos pertenecen, en todo caso le pertenecen al Ande, a los pueblos precolombinos. Es asombroso que en una tierra sin tradición, sin currículum, en este tipo de música, haya surgido un grupo señero, respetado en todo el continente, admirado aun por los pueblos que tienen una antiquísima cultura en este tipo de manifestaciones artísticas.

EL NACIMIENTO

Pertenecíamos a Canturía. Era una época muy difícil para que los prepotentes de turno aceptaran buenamente las letras de nuestras canciones. Estábamos actuando en Argenta, un laboratorio ubicado en calle Colón, que tenía un auditorio chiquito, cuando el grupo decide incluir música instrumental, cuatro o cinco temas de la música del altiplano. Fueron invitados Lars Nilsson, Lázaro Méndolas, Arsenio Zambrano (Archi). El resultado fue magnífico.

Pocas semanas después, ante la presión y las amenazas de los criminales de derecha, Canturía resuelve disolverse. Pero nos quedaban las ganas de seguir haciendo música, de seguir cantando, de seguir reflejando el sentir de nuestro pueblo. Entonces, aquella opción nacida dentro de un recital de canto se transformó en la mejor opción: en el 75, con la mayoría de integrantes de Canturía se forma Markama. Las primeras canciones las propuso Lázaro: “Yo pobre yo huérfano”, “Canción y huayno”, “Tajlla”. El nombre “Markama” (“Al pueblo”, en quechua) también fue iniciativa de Lázaro. Al poco tiempo ingresó Damián Sánchez y entonces se transformó en el director del grupo.

ARSENIO ZAMBRANO (Archi)

Es el único que queda de aquella primera formación. Nunca abandonó Markama, aunque su talento para el charango lo haya hecho actuar varias veces en las puestas de la Misa Criolla de Ariel Ramírez, junto a figuraras de renombre internacional como el tenor José Carreras. Archi nació en La Paz, llegó a Mendoza a estudiar Ingeniería en Petróleo, igual que yo. A los dos el arte nos cambió los planes y la vida toda.

“Mientras estudiaba ingeniería pasaba buenos momentos con la música. Llegué de Bolivia tocando guitarra. Era una época de gran brillo cultural la de aquella Mendoza. Recuerdo que la juventud universitaria se juntaba todas las semanas en las instalaciones del Hogar y Club Universitarios, que entonces funcionaba en calle Rivadavia, a estirar la noche con las canciones de nuestra tierra. Formamos un grupo de música del altiplano. Éramos dos estudiantes bolivianos y dos porteños. Se llamó ‘Altiplano 4’. No tuvo mayor trascendencia que la de las peñas y las reuniones de amigos”.

Pero Arsenio quería saber música con toda seriedad. Por eso, aparte de sus estudios de Ingeniería, ingresó a la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Cuyo para estudiar corno inglés. Entonces lo conoció a Lars. Lars Nilsson tenía poco tiempo en el país, pero ya se había interesado (él dice enamorado) de la música de los Andes. Ya repartía su talento entre quena y flauta traversa. Lars invita a Archi para aquella actuación, ya mencionada de Canturía en Argenta. Empezaba a latir el embrión de Markama.

EL PRIMER ESCENARIO

“La primera actuación de Markama fue en el auditorio que tenía Casa Galli, en la calle San Martín. Recuerdo ese momento. Fue emocionante la recepción del público y la crítica de la prensa. Nos dimos cuenta de que teníamos algo grande entre manos. Mi vida empieza a inclinarse, Markama era más fuerte que Ingeniería. Cuando mi familia lo supo me cortaron los víveres. Tuve que empezar a rebuscármela solo. Pero Markama subió muy rápido y las actuaciones se hicieron frecuentes. Pude mantenerme del arte”.

Es curioso lo de Markama, o en todo caso distinto de lo que ha sido la trayectoria de otros grupos de música. Lo habitual es que un conjunto de estas características ensaye mucho y actúe poco, y deba esperar muchos años si quiere trascendencia. Markama creció de golpe, de golpe se hizo notorio, requerido, no tuvo que esperar. Tal vez la polenta que le pusieron aquellos integrantes, cada uno con una personalidad muy fuerte, o tal vez la participación en aquel Tantanakuy que organizó Jaime Torres y que juntó a Markama con los grandes del folklore nacional, le dieron al grupo un empuje único, especial.

La característica de aquella primera formación: Eduardo Ordóñez, un apasionado de la percusión; Damián Sánchez, un músico de escuela dedicado a lo popular, reconocido por todos sus pares; Eduardo Ocaranza con sus composiciones que enriquecieron el repertorio; Jorge Sosa (o sea yo) con la poesía, los cuentos y las leyendas; Arsenio con esa humildad que endulza cada una de sus intervenciones; Tonio Contreras, aportando su voz preclara, y los dos que hacían la diferencia: Lázaro Méndolas con todo su pueblo en el rostro y en sus aerófonos y esa curiosidad rubia de ojos claros: Lars Nilsson, un sueco devenido coya. Markama era notable arriba del escenario aun sin tocar ni una sola nota, y cuando tocaba, Markama era la América viva. Markama hacía música, pero también decía:

“La inclusión de la poesía, la narrativa, vestía a Markama como un producto especial, único”.

UN ENCUENTRO CON SU PUEBLO

Tantanakuy, en quechua, significa encuentro. Es el nombre que Jaime Torres le dio a esa juntada de músicos andinos que ocurre en Humahuaca todos los años para la celebración del carnaval. Para el de 1978 Jaime invita a un Markama que ya sonaba en Buenos Aires, levemente, pero sonaba. El grupo parte hacia la quebrada y se junta con grandes nombres del folklore de esa época: Jaime Torres, Tarquino, Margarita Palacios, Los Andariegos, Cuarteto Zupay, Jaime Dávalos y muchos otros. Para el grupo era subir varios peldaños. Pero la música de Markama era la antiquísima música de la quebrada. Nos sentíamos un poco irrespetuosos. Era como ir a venderle heladeras a los esquimales. Por las noches se hacían las puestas del festival al pie del Monumento al Indio. Se llenaba de gente con la piel de sol, con rostros de vasijas, con la sangre de los abuelos. Recuerdo que Markama se reunió antes de la actuación y se preguntó: ¿Qué hacemos? ¿Hacemos lo que hacen todos en los festivales, vamos con chacarera, cuequita y arriba las palmas, y venga ese grito o hacemos lo que es Markama? Subimos a hacer lo nuestro y la recepción de esa gente fue tan cálida, tan amiga, que todos bajamos del escenario sabiendo que el camino adoptado era el correcto.

Allí,
justo
parado en el latido de un corazón de historia
me maldije el pasado,
mi ser condescendiente con consumos y modas,
mi cobarde costumbre de vivir en un frasco,
mi cómoda postura de querer perpetuarme
en un papel en blanco,
mi pretensión de altura
y mis fracasos.
Allí,
carnaval al norte de nuestro territorio
me he sentido un extraño.

Si seguí con ellos,
si aquella serpiente de sonora cabeza
me rescató los pasos,
si repasé el silencio y no encontré motivos
para seguir callado,
fue porque, de alguna forma, empecé a ser de nuevo.
Porque yo soy un niño, nacido en Humahuaca,
justo a los treinta años.

EL GRAN CONCIERTO EN OBRAS

Si algo necesitaba Markama para conquistar el gran escenario de Buenos Aires era una actuación junto a los grandes de la música popular. En 1981 Palito Ortega se anima a presentar a Frank Sinatra en el Luna Park; la revista Humor Registrado y La Trastienda, unidos, deciden realizar un concierto de música popular como respuesta al recital del famoso cantante norteamericano. El “Encuentro de Música Popular” se realiza en Obras Sanitarias de Buenos Aires y en él participan: Salgán – De Lío; Luis Alberto Spinetta; Cantilo; Tarragó Ros, Baglietto, Cuchi Leguizamón, Cuarteto Zupay, Víctor Heredia, Rubén Rada, Rodolfo Mederos y por supuesto, Markama.

Fue esa noche cuando Lázaro Méndolas arengó a la multitud en quecha como reivindicación a las lenguas originarias que pretendieron aniquilar los invasores. La aceptación fue grandiosa, la gente nos aplaudió a rabiar. El aplauso duró varios minutos, era la consagración”.

DE MENDOZA AL MUNDO

Después vinieron las grandes actuaciones, las giras, las visitas a otros países, Chile, Brasil, Bolivia, y las estiradas más largas: Noruega, Suecia, Italia, Estados Unidos. Fueron 26 actuaciones en los estados de la Unión que terminaron con tres presentaciones en el Lincoln Center de Nueva York. En 1985, al regreso de una extensa gira por Europa el grupo presenta su álbum “Al pueblo” en el Teatro Presidente Alvear de la Capital Federal. El vidrio de la taquilla del teatro ostenta, orgulloso, durante seis días, el cartelito “No hay más localidades”.

Hicimos giras, actuamos en muchos países, en Italia, Noruega, Suecia, Brasil, Chile, Bolivia. Donde actuaba Markama dejaba huellas. Es que era un grupo que trabajaba mucho, que estudiaba, investigaba. Todos los integrantes tenían conocimiento y un gran respeto por la música de los pueblos originarios. El grupo llamaba la atención a la vista y al oído. Muchas revistas de la farándula nos hicieron notas por esa curiosa mezcla, un rubio entre tantos morochos, dos bolivianos puros, los instrumentos andinos y el repertorio que no tenía renunciamientos ni concesiones, era (lo sigue siendo) la música de nuestros pueblos. No era usual lo que hizo trascender a Markama”.

UNA JUNTADA INOLVIDABLE

Si hacía falta un lanzamiento grande, trascendente, internacional, le iba a llegar pronto a Markama. En octubre de 1988 se iba a realizar en Mendoza un concierto de Amnistía Internacional para repudiar a la dictadura chilena y para la defensa de los derechos humanos en el mundo entero. Markama fue propuesto a los organizadores como grupo argentino. Subió al escenario a hacer lo suyo frente a 30.000 enfervorizadas personas, la mitad de ellas provenientes de Chile. El recital tuvo trascendencia mundial y Markama apareció junto a los nombres de Inti Illimani, Peter Gabriel, Bruce Springsteen, Tracy Chapman y Sting. Markama ya tenía vuelo de mundo y el mundo se le abrió a Markama. Actuaron muchas veces en la Capital Federal, y cada una de sus actuaciones provocaba el entusiasmo del público, pero también de los colegas.

“La gente se enloquecía. Íbamos mucho a La Trastienda. A veces nos copiaban, y eso era bueno. Fito Páez usó el cajón por haberlo descubierto con Markama. Muchos colegas iban a ver qué teníamos de novedoso. Los Arroyeños, Los Trovadores,  El Cuarteto Zupay tomaron nuestros ritmos y canciones y los volcaron en sus repertorios. Los Tequis fueron como una plantita nueva de Markama, como un brote de nosotros. Con Mercedes grabamos canciones en un disco de ella. Fue un momento muy especial”.

ADIOSES Y BIENVENIDAS

Arsenio es el único integrante activo de aquella primera formación de Markama. Él ha sufrido el adiós de varios y la bienvenida de otros.

“Los momentos difíciles, dolorosos, ocurren cuando algún integrante se va. Markama tuvo muchos adioses, y cada uno que se aleja deja un espacio muy difícil de llenar. Pero lo importante es que tenemos una relación excelente con todos los ex integrantes”.

Trataremos de no olvidar a ninguno de los que pasaron alguna vez por el grupo. A los nombrados en la formación inicial se fueron sumando: Walter Sabattini, Pablo Budini, Pablo Guzzo, Patricia Da Dalt, Martín Castro, Eduardo Pinto, hasta llegar a la formación actual: Arsenio Zambrano, Pablo Salcedo, Mingo Casciani, Fabricio Amicareli, Bernardo Ríos y Gabriel Narváez. Le pregunto a Archi cuál de todas esas formaciones lo impactó más.

“Como impactarme, la primera formación de Markama, por la gente que existía en el momento, todos bregaban por un mismo ideal. El actual me encanta porque son músicos excelentes”.

UN REPERTORIO PARA DISFRUTAR

Entre los temas más trascendentes del conjunto están: El Alcatraz (magnífica interpretación de Eduardo Ordóñez), Azul Tiahuanaco (creación de Eduardo Ocaranza), Tema de Archi (por supuesto, de Arsenio); Señora Chichera; Canción y Huayno; La desdeñosa; Samba Landó y algunas decenas más.

Arsenio sigue disfrutando de las bondades de Markama y Markama agradece la continuidad de Arsenio, ese que llegó a Mendoza para saber manejar trépanos y se hizo un virtuoso del charango.

“Al charango lo tomé como mi instrumento, me consagré a él totalmente. Me hice amigo de los charanguistas fundamentales de América. Comenzaron a invitarme a congresos y a eventos. Durante dos años reemplacé a Jaime Torres en la Misa Criolla de Ariel Ramírez, hice varias giras por Europa. Pude conocer a instrumentistas de la talla de William Ernesto Centella o de Ernesto Cavour, los más importantes a mi entender. Nos respetamos, nos consultamos, nos admiramos”.

EL RECONOCIMIENTO

Un día Arsenio recibió una mala noticia: su familia no aprobaba su elección. Había venido a aprender número de fórmulas y no notas de un pentagrama, pero con el tiempo tuvieron que ceder. La vida les había regalado un famoso.

“Sí, mi familia reconoce lo que he hecho, se siente orgullosa. Mis padres vinieron a verme y pudieron disfrutarlo. Soy el ídolo para los que me conocen. En Bolivia en mi colegio soy el ídolo total, es un orgullo, pero en Mendoza te sentís halagado. Me invitan a fiesta, reuniones, hasta me han invitado para participar políticamente. Markama es una enseñanza, es un ejemplo. Muchos jóvenes músicos toman la trascendencia de Markama como un camino a seguir. Markama ha jugado un rol importante en toda Latinoamérica. Mostrar la cultura latinoamericana es lo que ha hecho Markama con todo respeto, fomentar la cultura de distintos países, difundir su arte”.

MANUAL DE INGRESO

Pregunto: ¿existe un arquetipo de músico para ser un Markama? Y aclaro la pregunta con otra: para ser integrante de Markama ¿es necesario algo más que ser un excelente intérprete?

“Es necesario ser un talentoso instrumentista que ame la música latinoamericana, pero también debe tener un compromiso social. Una de las cláusulas del grupo actual es hacer actuaciones para beneficio. Los integrantes de Markama tienen que ser comprometidos. Hay otras banderas que ahora se suman: siempre fuimos defensores de los derechos humanos, ahora sumamos la defensa de la naturaleza, el agua, lo ecológico, es un objetivo de nuestras presentaciones. En estos momentos estamos trabajando en eso. ‘Aguas Claras’ y ‘Ama al mundo’ son dos muestras de lo que hacemos”.

Ahí está sonando para bien del pueblo. Los que alguna vez hemos sido partícipes de Markama no olvidamos nunca una enseñanza: “Siéntete orgulloso de la tierra que pisas y llévala en tus pasos camino hacia adelante”.

DISCOGRAFÍA

  • Markama I (1976)
  • Markama II
  • Markama III (1979)
  • Markama (1980), editado en Japón
  • Umbral del Sol (1981)
  • Mi antiguo canto (1982)
  • Azul Tihuanaco (1983)
  • Al pueblo (1985)
  • Quitapesares (1985)
  • Génesis americano (1985)
  • 15 años. En vivo (1990)
  • Gualicho (1998)
  • Del altiplano para el mundo (1999)
  • Aguas claras (2001)
  • Danzas argentinas (2007)
  • Ama al mundo (2010)
    En 1995 recibieron el Premio Konex – Diploma al Mérito como uno de los 5 mejores conjuntos de folklore de la última década en Argentina.

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