Por Mauricio Runno

Si las cuento daría cierto rubor, pero, mejor digamos, que han sido cientas de veces en las que en la última frontera de la noche he dormido con todo lo que exista sobre Les Luthiers en Internet.

Los conocí en los discos de vinilo y casetes que compraba mi padre. Y a los 7, 8 años, no entendía nada.Sonaban extrañas las risas, ni siquiera contagiosas. Prefería entonces los discos de Roberto Carlos (“El gato que está, triste y azul…”). Todo era muy pata de elefante en aquellos mediados de los 70.


Con el tiempo empecé a entender más de lo que narraban aquellos discos que registraban shows de Les Luthiers que hoy casi memorizo como el tal Funes (y humilla el teniente general, Jorge Luis Borges: “Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo”).


Marcos Mundstock era para mí nuestro Frank Sinatra, es decir, la Voz. La suya era casi la de un delegado de Dios en el planeta. Si ibas a pecar mejor no recordar aquel tono porque ibas a arrepentirte antes de tiempo.


Mastropiero, el compositor más atorrante que existirá en toda la historia de la música clásica universal, desde su boca parecía un maestro incomprendido, un genio que de tan loco debía recurrir a las artes menores del embuste, la traición, cuando no el plagio, para hacerse lugar. De alguna manera ese Mastropiero, pienso ahora, era una de las anclas más insólitas de argentinidad de Les Luthiers.


Río con Mundstock apenas lo veo ubicarse en el escenario, antes de hablar. Igual que con su amigo y colega, Daniel Rabinovich. Una lástima que esa dupla jamás fue convocada para disputar un mundial de fútbol. Creo que hubiéramos choreado con ellos, jugando de 9 y de 10.
Este tiempo deja en claro que los intelectuales de izquierda, así como los economistas de derecha, son un fiasco. Retrógrados, escasos de smowing, dogmáticos. Les Luthiers ha sido, por el contrario, lo opuesto a las modas, las tendencias, lo políticamente correcto. Son grandes intelectuales, populares, pero de verdad, y quién dudaría de sus habilidades económicas: la empresa generada por el grupo ha sido descomunal.


Existe material escrito inédito de Marcos Mundstock: cuentos, ensayos, textos de toda índole. Ojalá sea la hora de conocerlos para admirar con mayor profundidad a uno de los más ácidos e inteligentes humoristas que ha visto Argentina.


Voy a irme a dormir con Les Luthiers, una vez más, porque los clásicos derrotan la finitud, la pedantería, el chiste fácil. Son clásicos y nada se discute.


Se fue Mundstock y para mí también la posibilidad de conocer más sobre el compositor Johann Sebastian Mastropiero y sus andanzas melómanas, absurdas y vitales para un género que fue inventado por Les Luthiers (aplausos, de pie).

Mastropiero que nunca, Mundstock.

Amén.