Por Mauricio Runno


Comenzó una nueva gestión en Guaymallén, la comuna más poderosa de Mendoza. Es la más poblada y decisiva en cualquier elección provincial. Hasta antes de su llegada hace 4 años esto era un nido de corrupción estructural.



De los activos y potables, el intendente de Guaymallén es el dirigente radical más experimentado. Su vida está signada por la militancia en el radicalismo, desde los tiempos mozos de la universidad. Un largo camino hasta llegar a los 67 años flamantes que hoy exhibe sin complejos.

Su visión radical  supera la del partido político al que suscribe. Es que Iglesias asume posiciones fuera de la trillada corrección política. Y en varios asuntos públicos; minería, aborto, progresismo, populismo.

No oculta sus verdaderas ideas e intereses, detesta la hipocresía y confía en la honestidad, hasta la que puede surgir más brutal.

Marcelino Iglesias

Me recibe una mañana, muy temprano, en su despacho del quinto piso de la municipalidad. Está de buen humor, pese a su fama que lo emparenta con el carácter de ciertos perros.

Su oficina es modesta si la comparo con la de varios de sus pares del Gran Mendoza. Destacan obras de arte y una en especial: me refiero a una escultura de Federico Arcidiácono, el habitante de El Bermejo. Es una obra en madera, obvio tratándose de este artista, pero con restos de vidrio que la completan. Hace varios años la vi en una muestra. Y el paso del tiempo la ha envejecido mejor. Punto para Arcidiácono.

-¿Cómo fue ordenar esta comuna? Realmente antes de tu llegada esto era tierra arrasada y no como dicen ahora.

-Siempre me gustaron los desafíos. Las circunstancias me fueron llevando a las trincheras y este creo fue uno de los mayores desafíos en mi vida. Ya venía bastante fogueado con la gestión en la OSEP.

-Eso era más lógico. Era un tema que dominabas con carácter de especialista.

-Sí, es cierto. Lo mío es la salud. Aún así fue más técnico, complejo y profesional. Igual, para ambos casos, rige un principio básico de administración de los recursos, y es una sola, es decir, la manera correcta. En esto hay que ser muy cuidadoso: nosotros administramos recursos del municipio, de la gente y no de nosotros. Por lo tanto tenemos que cuidarlos mucho más. Y recurso que ingresa al municipio debo cuidarlo. Había sido espantoso ese manejo antes de asumir

-Daba todo el aspecto que era un feudo…

-(Interrumpe) Era un feudo. Guaymallén no era un régimen democrático. Era totalmente monárquico. De hecho había una jefatura de gabinete y una jefatura que era ocupado por la mujer de Luis Lobos. Era la mandamás. Esto era la antítesis de lo que entendemos como una organización republicana. Por eso el desafío en forma y fondo era mayor. He reducido la planta de cargos políticos a su mínima expresión. Lo indispensable. Reduje 15 direcciones. No sólo se puede, sino que se debe hacer. Eso de andar creando ñoquis para la vanidad de los funcionarios no va conmigo. Sé que esto que digo puede afectar a otros. Pero me tiene sin cuidado. Estoy más allá del bien y del mal. Tengo más camino recorrido por recorrer y a los hechos me remito. Hoy el municipio de Guaymallén es el que más obra pública realiza.

-¿Cuál es el secreto?

-Somos profundamente austeros.

-Han sido 4 años. Y vienen otros tantos. Al final de la gestión, ¿habrá cambiado Guaymallén en su estructura? ¿Una comuna más progresista?

-¿Qué es eso de progresismo? ¿Sabes lo que es ser progresista, en América Latina, en nuestros países?

-(Silencio. Igual, ni idea, a esta altura).

-Satisfacer las necesidades de la gente, las más básicas. Recogerles la basura todos los días, lo que antes no se hacía. Tratar de asfaltar las calles, hacerle las obras de drenaje. Lo demás es biri-biri.  Es como aquellos que predican la defensa del agua, pero no la cuidan. Yo que soy un defensor de la minería…

-Te adelantaste a la pregunta.

-Lo he expresado y lo expreso públicamente cada vez que puedo. En estos cuatro años debo ser el intendente que más obras ha hecho en Mendoza. Y muchísimas para evitar las pérdidas y el derrame del agua.

-¿Eso es ser progresista, hoy?

-Sí. Ser progresista es usar los dineros públicos donde corresponde. Es darle voz incluso a los que votan a otras opciones.

-Suena increíble de tu razonamiento. Lo afirmo porque tenés más autoridad que muchísimos que no padecieron ni vivieron la dictadura. Y se expresan casi como mártires. Debo recordar que fuiste un preso político de verdad, no los que se estila ahora. Encarcelado por la dictadura militar.

-Yo no ando diciendo como Bonafini… A mí me llevaron preso el 24 de marzo de 1976. Y tuve miedo. Pero nunca me quebré ni delaté a nadie. Ni tampoco me presenté a cobrar las indemnizaciones. De algún modo lo que sucedió fue el costo por defender mis ideas, siempre en el marco democrático que propone el radicalismo. Nos pegaban por un lado los montoneros y nos metía preso la dictadura. Montoneros fue una catástrofe para nuestra generación. Un fenómeno doloroso, triste y fracasado.

-¿Qué sentis cuando desde la izquierda de hoy, y hablamos de minería pero también de una cosmovisión, estás en posturas casi antagónicas? Lo pregunto desde la paradoja.

-¿Vos sabes lo que son los psicobolches? Todos aquellos que siempre se corren. La izquierda fracasó en propuestas. En Mendoza mismo, sin ir más lejos. Tuvimos una experiencia que pintaba para algo y se demostró que son buenos para nada. Y se suben a cualquier bondi que los lleve bien. Ese sector de la izquierda argentina es muy triste. Hay que leer a Juan José Sebrelli. Verdaderamente lo menos progresista en la Argentina es la izquierda. ES profundamente conservador. Igual que el gobierno de Vladimir Putin en Rusia. Es totalitario, con democracia restringida.

-Hagamos un mini manual del buen progresista-

-Serlo es trabajar con honestidad, sin que se peguen los dineros públicos en las manos. Llevar una vida normal. Y acertar y equivocarse, por igual, como cualquier mortal.

-No es tan popular que sufriste prisión en la dictadura. Tu discurso es bastante distinto a quienes se enrolan en esa corriente. Y más aún, no mostras ese trofeo para debatir cualquier tema de la agenda pública.

-Noooooo. El poder es la posibilidad de hacer cosas y jugársela todos los días a cara o cruz. A me apasiona lo que hago.. No soy simpático, no oculto lo que digo, soy cascarrabias, obsesivo. Y creo que si la gente me ha elegido es por algo. Tengo valores. Y evalúan el hecho que soy dedicado y honesto. Y no me hago el mojigato. Hay muchas personas que están enrolados con el pañuelo celeste en el tema del aborto. Y saben de mi opinión a favor. Y me han votado. Me respetan, y es recíproco, por la sinceridad. Eso es básico. A esta sociedad le falta respeto.

-Soles hablar de estos tiempos como líquidos.

-Ufff. Son días de vacuidad, de vacío, de superficialidad. Y hablo de políticos, empresarios, dirigentes sociales… mueren… su orgasmo es tener una frase feliz. Buscan una frasecita que les de su minuto o segundos de gloria.


-Se desprende que en tu visión percibís frivolidad en la dirigencia de Mendoza.


-Yo no digo de Mendoza. Pienso en el país. Y tenemos un gran vector allí, negativo para mí, que representan las expresiones en redes sociales. La mayoría de lo que circula allí es mentira, pescado podrido o acciones de mala fe. No tengo estudios pero es la gran mayoría.

-Se conoció en estas horas que el 25 % de la población mundial utiliza WhatsApp.

-No es la herramienta, sino la ética ante esa herramienta. Un cuchillo puede servir  para varias cosas, incluso para dañar el prójimo.

-¿Cuánto hay de consciente en mantener un modelo de gestión y de hacer política, a contramano?

-No soy consciente… simplemente es que estoy re podrido de las formalidades, los convencionalismos y la hipocresía. Si me preguntas qué es lo que más detesto, voy a responderte: el populismo. Eso es decirle a cada cual lo que quiere escuchar. Es hablar con frases edulcoradas, mentirle a la gente. El populismo, si bien lo encarna principalmente el peronismo, también está metido en todos los partidos políticos. Incluso en el mío. Por eso en algunas fotos no me vas a ver sonriendo, sino más bien adusto. No comparto la postura de algunos que, cuando ven cuatro o cinco personas, subliman. No es así.

-Lo curioso es que esta actitud podría ser más frecuente en espacios de poder marginales. Pero no es el caso. Conducis el departamento más poblado de Mendoza.

-La gente, en el fondo, quiere que le digan la verdad. E intuyen que algunos les mienten y otros no. Yo no miento. ¿Me equivoco? Claro. Y mucho, muchísimo. Pero no miento a sabiendas. Y brindo certezas, aunque no le guste a la gente. Me reclaman obras y les digo que nunca voy a hacer determinadas cosas. Requeriría comprometer el presupuesto y las finanzas en obras que no lo merecen. Otros, en cambio, les prometen esas obras. Y no sólo que no lo hicieron, sino que nunca las van a hacer.

-¿Hay una tarea pedagógica en eso?

-Por supuesto. Somos, por lejos, el municipio que más obra pública está haciendo en Mendoza. Invertimos. Y no hacemos demasiada publicidad. Difundimos estas obras por el camino normal de los medios. Ya sabemos lo que sucede con las buenas noticias, ¿no? Lo importante es que lo sabe el beneficiario o el que sufre el problema. Se dan cuenta sin que nadie les diga nada. Es un estilo.

-No voy a descubrir nada. Pero para cualquier estrategia política de poder, ganar una elección en Guaymallén supone estar muy cerca de ganar la gobernación. ¿No es muy arriesgado tu estilo? Pensando en la corporación política.

-No. No es arriesgado. Ser sincero jamás es ser arriesgado.

-Te has referido al populismo. Es un discurso que anida en la entraña de esta sociedad. Es dominante…

-Es un discurso dominante, desde luego. Pero no es cierto que pez que nada contra la corriente muere electrocutado (risas). Creo en sostener valores. Más democracia, transparencia, responsabilidad, austeridad, decencia, son valores que siguen vigentes.

-Quisiera que nos situáramos en 2015. Es el ascenso de Cornejo ganando la gobernación, militante de larga data, con experiencia comprobada en la gestión. Desde allí comenzó a construír un sendero que hoy es una opción en todo el país. ¿Pasa por allí la revitalización del radicalismo en próximas contiendas electorales, por su impronta?

-Claramente sí. El radicalismo tuvo un rol accesorio en la alianza con el PRO. El presidencialismo de Argentina contribuyó. Macri estaba en el pico de conocimiento entre la gente.

Marcelino Iglesias

-¿Desaprovechó al radicalismo, Macri?

-¡Desde luego! El no tiene un partido. Pretendió construirlo desde el poder y así no se construyen, desde el día a día…

-Bueno, al peronismo no le fue tan mal con esa receta. Nació como partido del poder.

-Sí, es verdad. Pero con bases muy importantes. Recordá la Junta Renovadora, que era un sector del radicalismo que se fue con Quijano al peronismo. Y también se apoyaban en los sindicatos. En cambio, los partidos democráticos, y el radicalismo es el más antiguo de América Latina, se construyen desde cada pueblo, cada departamento, cada distrito. Eso es el radicalismo. Hemos tenido avatares. Pero vamos a sobrevivir y vamos a crecer.

-Cornejo tiene un carácter fuerte. ¿Más que el tuyo?

-(Risas) Al final del mandato me preguntaron cómo había sido mi relación con Alfredo. Y la verdad es que fue muy buena. Hablábamos poco y nos entendíamos mucho. Los dos somos obsesivos del trabajo. Y nos concentramos en los lugares que nos había dado la gente. Nunca hubo ni siquiera un rumor de interna en Guaymallén en estos cuatro años. Antes de asumir reuní a las distintas líneas y aclaré que quien quisiera proseguir con la interna no iba a ser parte del gobierno. Les dije que lo pensaran y luego me contestaran. Había un jefe, que era yo, y una sola política, la que salía del municipio.

-No parece que hubieras dado muchas opciones (risas).

-(Categórico) No di ninguna opción en aquel momento. Con un departamento fundido, quebrado, corrompido, no había margen para andar tonteando. Por eso hasta el día de hoy en Guaymallén no hay internas.

-¿Cómo lo ves al gobernador Suárez en esta etapa inicial? Tu apoyo hasta ahora ha sido clave.

-Tenemos muchos años de amistad. Cuenta con todo mi apoyo. Yo soy muy amigo de Ulpiano Suárez, que trabajó conmigo. Nos une amistad y coincidencias en el trabajo. Tenemos estilos distintos. Y eso enriquece. Con Alfredo éramos más parecidos. Hablábamos muy poco, verdaderamente. Las reuniones con él eran muy breves. Y al final hablábamos del Tomba. Cuando yo le planteaba alguna situación él ya sabía de lo que le estaba hablando.  Cornejo antes fue intendente y muy bueno. Por eso interpretaba mis reclamos. Y siempre colaboraba con soluciones. ¿Sabes dónde eran mis reuniones de gobierno con Alfredo? Cada quince días en la cancha donde jugaba Godoy Cruz y durante el entretiempo. Y para decirlo en términos de fútbol, jugábamos casi de memoria. Y con Rodolfo Suárez pasa lo mismo. El sabe que puede contar conmigo. Y también sabe que siempre que pueda hacerle un aporte crítico lo haré.

-Esta situación se hizo evidente con lo sucedido en la ley de minería que finalmente se derogó. No exagero si afirmo que fuiste uno de los puntales de la flamante administración provincial.

-Antes que Rodolfo siquiera hablara del tema, yo se lo dije a Cobos. Que no promulgara esa ley, que era una pésima ley anti minería, que estigmatizaba una actividad legítima y lícita y que debía ser controlada como son todas las demás actividades. Y que además le daba elementos a fundamentalistas y a fanáticos, que son as benditas Asambleas del Agua. ¿Qué son las Asambleas del Agua? ¿La nueva Inquisición? A mí me tiene sin cuidado lo que diga esa Asamblea. Es una opinión más. La escucho, no la comparto.

-¿Estos fanáticos terminan siendo conservadores?

-Por supuesto.

-Lo digo porque hay cierto progresismo…

-(Interrumpe) Progresismo de pacotilla, de cotillón. Estos fanáticos agreden. No escuchan argumentos, esa es su naturaleza. Hay seudo científicos. Debate hubo. Fui como intendente a dar mi postura. Refuté a un funcionario, radical, de General Alvear. Yo creo que no podemos perder la batalla cultural en el tema de la minería. Y aunque me reten me tiene sin problema la postura de fundamentalistas.

-Fue clarísima la derrota en la narrativa del gobierno entrante.

-Así es. Y ellos jugaron con lo peor que tenemos los seres humanos: el miedo. El miedo al cianuro. ¿Cuántos saben que el proceso de producción del vino interviene el hierro, el potasio y el cianuro? Aquí ests grupos han jugado con todo, incluso con la desinformación. Es muy lamentable lo que ha pasado. Y no tanto por lo económico, sino por lo cultural. Es evidente la derrota cultural. Pero nos vamos a sobreponer. Y la misma sociedad se va a dar cuenta. ¿A quién le van a echar la culpa ahora de la falta de agua en Mendoza? ¿A la minería?

-¿Es tan cierto como se dice en los mentideros de la política que queres ser candidato a gobernador?

-No. Quien diga eso está faltando a la verdad. Que algunos me vean como candidato es otra cosa. Yo lo único que tengo ganas es ser intendente de Guaymallén. Y hacer las cosas bien. Hay una historia curiosa. Yo fui candidato a intendente en 1995. Me ganó Pardal. Fui en esa elección el candidato menos votado por el radicalismo en la historia de Guaymallén. Y pensé que se me había pasado la oportunidad. En 2015 muchos me pidieron ser el candidato. Me presenté. Y cumplí uno de mis grandes sueños. Tuve dudas, sobre si volver a presentarme en 2019, y finalmente volví a ser candidato. Y para que veas las vueltas de la vida: fui el candidato más votado en la historia del radicalismo de Guaymallén. Algo es seguro: de la política nunca voy a retirarme. Es mi vida.