Si el problema no tiene solución no te amargués y si tienen solución no te amargués, dice un refrán muy conocido en estos tiempos modernos

Por Jorge Sosa, Redacción Jornada

Todos tenemos problemas, algunos de fáciles solución y otros que implican todo un esfuerzo superarlos.

Los problemas son inherentes al ser humano, podríamos decir que la vida es una suma de problemas, difícil que alguien no los tenga, afortunado el hombre.

Todos los días se nos presentan problemas a resolver, problemas que tienen que ver con el trabajo, con la salud, con la guita, con la familia y es dable que nos ocupemos de ello en la medida que ellos nos reclaman. Una vida sin problemas sería algo monótono de afrontar y entonces el no tener problemas se transformaría en un problema.

Lo importante es que si nos han asignado un problema es porque han visto en nosotros la posibilidad de darle solución. Así de simple.

Saber enfrentar los problemas con mesura, con calma y con resolución puede ser la forma en que se encuentre un camino de salida dentro de una pieza a oscuras.

Nos levantamos de la cama para iniciar un nuevo día y seguramente comienzan los problemas, que tengo que ir a pagar tal impuesto que se vence  y no tengo lo suficiente para pagarlo, que los pibes se levantan rompiendo cosas y eso le agrega condimento a la dificultad, que con nuestra esposa últimamente estamos más distantes que Groenlandia de la Antártida, que en el trabajo debemos resolver cuestiones que no son fáciles y seguramente traerán algunos inconvenientes, que hace días vengo con acidez y no se me pasa por más que lo he intentado de distintas maneras y con distintos fármacos.

Todos son problemas que tienen solución, hay que darles su verdadera dimensión porque si nosotros mismos agrandamos el problema la solución deberá ser más grande y habrá de exigirnos más.

La fórmula puede ser encarar los problemas con optimismo, el optimismo es la tendencia a ver y a juzgar las cosas en su aspecto más positivo o más favorable. De eso se trata de suponer que con la enjundia de uno lo que aparece como una dificultad vaya disminuyendo su dimensión con el tiempo.

Y a no agrandar el problema. A veces, un problema pequeño toma la dimensión de problemón porque nosotros lo engordamos con nuestro pensamiento. Darle la verdadera dimensión y actuar de tal forma es motivo para que lo real sea real y no esté inflado por las circunstancias.

Soy consciente de que a veces la situación es más difícil que enfrentar a un puma con un alicate, pero eso nos debe hacer más fuertes, sacar fuerzas de donde la tenemos o no las tenemos para enfrentar la dificultad, por más grande que sea.

En estos momentos un problema anda rondando por tu cabeza. Analízalo, compréndelo, puede que le estés dando un rango que no merece pueda que ni siquiera llegue a ser un problema y vos te lo imaginás como insoluble.

De vos depende, de tus ganas, de tus fuerzas. Confiar en nosotros es el camino a seguir, confiar en que seremos capaces, y reconfortarnos cuando el problema esté superado. 

Tenés un problema, pues tenés un aliado, vos mismo, ¿Qué esperás para llamarlo?

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