Nunca se prometió que con la cuarentena se bajaría el número de infectados: se dijo que la velocidad del contagio sería lenta, y ello permitiría tiempo para mejorar las condiciones sanitarias y hospitalarias, por un lado; y por el otro, se podría repartir en el tiempo los contagios, de modo que el pico fuera menos numeroso y abrupto

Por Roberto Follari, Especial para Jornada.

 Vale la pena recordarlo en este momento, en que inevitablemente muchos nos alarmamos ante el aumento sostenido de los casos de contagio, e incluso de muertes. Estamos lejos de otros países de la región, afortunadamente; pero es de esperar que terminemos en un número parecido de contagios (en escala porcentual), y en un número relativamente menor de muertes (también en escala), dado las mejores condiciones de previsión logradas.

  Era esperable: los agoreros que estuvieron agitando la idea de denigrar la cuarentena, cuando les conviniera se pondrían a pontificar a favor del encierro. Como el girasol; ese sector va girando hacia el lado del sol según cada vez conviene, no muestra posición fija ni idea precisa, que no sea enfrentar las decisiones gubernamentales. Por cierto, no puede decirse que sea “la oposición”, ya que una parte nada menor de la oposición política al gobierno nacional, los que gestionan (Rguez. Larreta, Suárez, Morales, e incontables intendentes de todo el territorio) han participado y participan de las medidas de cuidado que se han planteado desde el gobierno nacional. Por supuesto, lo hacen con sus matices y sus propias modalidades, mejores o peores. Pero en todo caso, “nada que ver” con la anticuarentena.

 Los mediáticos/girasol y políticos/girasol, en cambio, han pasado sin transición de decir que había que aflojar las medidas de encierro para mejorar la economía, a afirmar que no se ha sostenido lo suficiente las medidas de encierro. No exhiben la menor coherencia discursiva, y parece que no les interesa tenerla: sin plan de acción ni estrategia para el país, de lo que se trata es de atacar como sea, diciendo hoy una cosa y mañana la contraria, hacer del oportunismo girasolista un modo de existencia. Total, tantas cosas ve hoy la gente por los medios, que hoy ve algo y mañana lo ha olvidado por completo.

      Algunos pierden la paciencia con tanta impostura. Fue así que la verdad se le deslizó a Valenzuela, intendente por el PRO en la localidad bonaerense de Tres de Febrero. Dijo que no le parece que se opine de política “por Skype y con un malbec en la mano”. Todos los que están en política entendieron de quién hablaba. Después dijo que no se refería a nadie en particular, pero la alusión fue por demás evidente. Hartos están muchos argentinos –obvio, más desde el oficialismo- de dardos irresponsables lanzados al azar. Si llueve es porque no se predijo la lluvia, si hay sol porque podría molestar la piel, si hace frío porque hay que usar mucha ropa, si hace calor porque poca ropa convida al erotismo. Cualquier cosa puede decirse desde el Skype con el malbec en la mano, y hasta los compañeros de partido se han hartado de la estrategia del girasol.

     Ya bastante tenemos con el avance de la pandemia, como para agravarlo con quienes lucran políticamente en la desgracia. Ya es mucho haber escuchado a los anticuarentena en el Obelisco, que se dice hoy tienen más de ochenta infectados tras haber ido allí. Ya fue elocuente el drama de aquel que insultaba a un medio televisivo en una de esas manifestaciones, y murió luego solo e infectado por el virus. Seamos responsables. Tomemos a la muerte y a la política con seriedad: no están los tiempos para fake news y oportunismos girasoleros.-

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