Por Jorge Sosa, Redacción Jornada

La esperanza es lo que nos impulsa hacia adelante porque ahí está el futuro y la esperanza se hace realidad en el futuro. La esperanza consiste en suponer que allá adelante habrá un día mejor que este.

El término hacer referencia a un estado de ánimo de la persona que se caracteriza, por lo general, a una grata satisfacción, agrado, regocijo o complacencia, ya sea del tipo espiritual o física.

Es el nombre de una de las tres virtudes teologales junto con la fe y la caridad.

Siguiendo a Santo Tomás de Aquino, ha estado definida como «virtud infusa que capacita al hombre para tener confianza y plena certeza de conseguir la vida eterna y los medios, tanto sobrenaturales como naturales, necesarios para llegar a ella con ayuda de Dios».

Es cosa seria la esperanza. Haciendo un mapeo con nuestra mente podríamos decir que casi todos los hombres del mundo tienen esperanza. Esperanza de estar mejor, esperanza de superar malos momentos, esperanza de vencer enfermedades, esperanza de lograr los sueños tramados entre sueños.

Es el impulso de todas las civilizaciones, ellas trabajaron y trabajan para lograr ser mejores, para que sus integrantes sientan en carne propia, transformado en realidad, el concepto de felicidad. La esperanza existe en nosotros aunque nosotros no la consideremos. No hay persona en el mundo que no quiera estar mejor.

Cuando algún acontecimiento funesto sacude a un pueblo, ese pueblo tiene la esperanza, a veces remota, de que el mal momento va a pasar y van a poder vivir librados del azote que los sacrifica.

La ilusión tiene mucho que ver con ella. La ilusión es el sentimiento de alegría y satisfacción que produce la realización o la esperanza de conseguir algo que se desea intensamente.

A veces uno ve nubarrones en el horizonte y entonces duda de que la esperanza vaya a concretarse, pero hay ejemplos en la historia que están afirmando que aquellos pueblos que han tenido esperanza han logrado concretarla con el tiempo, como le ocurrió al pueblo judío con la esperanza de la tierra prometida.

Estamos atravesando un período muy difícil para la humanidad toda. El bichito que nos ataca es democrático y no distingue ni credos, ni razas, ni culturas, ni estatus social. Puede atacar a todos sin pedir permiso y quedarse en un lugar a desparramar su maldad.

Pocas veces la humanidad ha tenido que soportar semejante carga y cuando tuvo que soportarla no tenía los medios para realmente contener el ataque y los resultados fueron millonariamente negativos.

Por primera vez la humanidad ha tenido que confinarse, mirar para adentro, mandar a la gente a sus casas, cerrar las fronteras, impedir el contacto con otras personas de otras comunidades. Es paradójico que en plena época de globalización nos ocurre esto de no tener cercanía con nadie que no sea del país. Tal vez una contradicción.

Ya son muchos días de espera y el cansancio se hace sentir de una manera abrumadora. Hay gente que está al borde del estallido por las circunstancias que lo rodean. La consigna es la espera, que tiene que ver enteramente con la esperanza.

Tenemos que mantener viva la esperanza de que vamos a salir de esta situación porque si entra a convivir con nosotros la desesperanza pocos caminos nos quedan para encontrar un horizonte propicio.

Se trata de la esperanza. Que se cumpla el decir popular. Que sea la esperanza lo último que se pierde.

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