Hoy es el día de la escarapela. La escarapela antes era un trocito de tela, en la actualidad bien puede reemplazarse por plástico, con los colores de la bandera: o sea celeste y blanco, celeste grisáseo y blanco sucio en algunas reparticiones públicas.

La historia nos cuenta que la escarapela fue un invento de French y Berutti, quienes, en aquellas historicas jornadas de 1810 salieron a las calles de Buenos Aires a hacer marketing por la patria. No es así, French y Berutti repartieron escarapela presumiblemente blanca para los que iban a ingresar al Cabildo Abierto del 22. Uno se imagina la antigua plaza de mayo, con la lluvia cayendo ininterrumpidamente y la gente agolpada frente al cabildo gritando el pueblo quiere saber de qué se trata, ya que lamentablemente para aquella gente el Jornadaonline aún no había sido inventado. Los pintores patrióticos pintan aquellos días grises, el cabildo haciendo arcadas y la gente cubierta con paraguas, aunque existen dudas que existieran en tanta cantidad por aquella época.

La escarapela. Que celebra su día hoy 18, aunque las crónicas de Vicente Fidel López digan que la primera fecha que tenemos como más o menos cierta del uso de los actuales colores patrios es la del 19 de mayo de 1910. Ese día un grupo de patriotas se entrevistó con Saavedra en el cuartel de Patricios del que era capo. Había mujeres y todas vestían de rebozo celeste ribeteado de cintas blancas, que eran los colores adoptados por el cuerpo de Patricios. El rebozo no era un bigote doble sino un manto generoso usado a modo de abrigo que habían impuesto las Elsa Serranos de la época.

Después, oh, coincidencia, esos colores fueron los mismos que eligió Belgrano para confeccionar la bandera, cosa que le trajo más problemas que Guzmán al Alberto, pero bueno, ya tendremos tiempo de hablar de la bandera cuando se celebre su día que siempre es un día distinto, con la única certeza de que cae en lunes para hacer un fin de semana largo.

Yo recuerdo la época de mi infancia cuando en casa, en un cofrecito de madera, se guardaban casi con unción las escarapelas juntadas por la familia para ser usada en la semana más argentina. Recuerdo que, a algunos compañeros de escuela, le ponían una escarapela tan grande que costaba distinguir al pibe detrás de la escarapela.


¡Cómo cambian los tiempos, doña Etelvina! Le pago cien por cada persona que encuentre hoy con la escarapela sobre su pecho. A que no saca ni para perejil. Y no es que no nos sintamos argentinos, no. Lo que pasa es que hace tanto que no ganamos un campeonato mundial de fútbol que uno va perdiendo las ganas… ¿Vio?