Por Jorge Sosa, Redacción Jornada

Algo le parece gracioso y uno ríe. Tiene que movilizar varios músculos para producir una sonrisa o una carcajada. La carcajada es como la expresión cumbre de la alegría. Es una risa ruidosa. Este vocabulario en su etimología es una voz de origen onomatopeya, viene del portugués «gargalhada» y a su vez del vasco «karkailla».

La risa estalla frente a un acontecimiento que nos causa sorpresas de las buenas y todo hace que saquemos de adentro en forma a veces un tanto brusca la emoción que esto representa.

La ponemos en práctica varias veces por día aunque no las aconsejables porque la risotada favorece la acción de nuestros sentimiento y nos hace pasar un buen momento. De eso se trata.

Hay carcajadas que se hicieron famosas en el cine como la de Jim Carrey, o como la del “Gausón”, que trascendieron la pantalla grande para hacerse recuerdo inolvidable.

Algunas carcajadas son estentóreas, abultadas, a tal punto que contagian a los demás que no saben de qué se está riendo el infrascripto pero se ríe de su carcajada.

Suele aparecer después de algún hecho proveniente de un Ford, es decir fortuito que desgrana simpatía, o cuando escuchamos un chiste o una anécdota graciosa, o cuando algo nos sorprende de una forma excesivamente  jocosa que provoca el estallido, porque es un estallido de alegría que le pone al aire colores distintos.

Frecuente es en las reuniones de amigos cuando alguien cuenta alguna anécdota simpática o cuando alguno desgrana esos chistes certeros que no pueden tener más salida que una carcajada, o cuando una salida ingeniosa puebla el sitio del encuentro.

Como dijimos los chistes son una manera de alcanzar este estado, esa breve narración con un final contundente que incita a expresarse con toda la inmensidad de la boca.

Claro que hay carcajadas y carcajadas. Están las modestas, las que no pasan de ser una sonrisa abultada y están las estentóreas que conmueven todo el ámbito en el cual se realizan.

En algunos de mis espectáculos de humor, es común que la gente se ría, para eso construimos el espectáculo, pero entre todas las carcajadas suele haber alguna que sobresale de las demás y contagia de tal forma que la gente en vez de reírse de mi salida se ríe de la  carcajada que provocó mi salida. Es bueno para nosotros es casi como la culminación de un aplauso.

Generalmente estas que digo son provocadas por las mujeres, porque con sus voces delgadas pueden alcanzar una altitud tonal que no logramos los hombres, entonces se hacen notorias.

Qué bueno es que la gente se ría de tal manera, sin represiones, porque nos hacen sentir que la vida tiene momentos de plenitud en donde es necesario expresarse de boca entera.

No nos reprimamos, construyamos la carcajada hasta que nos duela la panza, que la carcajada renueva las ganas de vivir. Es un buen antídoto en contra de la pandemia, porque si en esta situación difícil alguien encuentra un motivo para una carcajada, está haciéndole un homenaje a la alegría y eso es, en esta situación, una forma de alimentar la esperanza.

Carcajéese, cántese de la risa, que su espíritu demuestre que usted sabe cómo encontrar la alegría en medio del temor. Nos hace bien a todos.

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