Son numerosas las referencias que existen en torno a la bicicleta y a nuestra vida cotidiana. “Me bicicletearon” se dice cuando a uno le han hecho el “cuento del tío” que en este caso no es un familiar que merezca nuestro respeto. “Voy a tener que pedalearla”, decimos  cuando tenemos un asunto entre manos difícil de resolver. “Se me salió la cadena” es lo que aludimos cuando entramos en estado de ira, de enojo, de confrontación.

Este aparato de impulso humano se le atribuye al barón Karl Drais, un inventor alemán que creo el primer antecedente del vehículo alrededor de 1785 y que originariamente se impulsaba apoyando los pies alternativamente sobre el suelo.

La llamamos cariñosamente bici, aquí en La Argentina pero tiene otros nombres en otros lugares, “cicla” o “ciclo” en Colombia, “Chiva” en Cuba, “cleta”, “bicla” o “birula” en México y también “bici o “cicla” en Chile.

Es un vehículo de transporte personal de propulsión humana. Es impulsada por el propio viajero que lo acciona con el esfuerzo muscular de las piernas, a través de los pedales.

No causa contaminación alguna, y si bien requiere un esfuerzo a veces mayúsculo, sobre todo cuando vamos cuesta arriba, no produce suciedad en el medio ambiente salvo la suciedad que lleve encima quien la utilice.

En muchos lugares del mundo se usa la bicicleta de una manera abusiva, hay países que tienen más bicicletas que automóviles porque les resulta práctico tal sistema de movilidad y porque significa unos buenos pesos de ahorro en el transporte. Y no solamente ocurre su uso entre las personas de escasos recursos. Se puede ver a un tipo de traje, corbata y con portafolios en el porta equipaje dirigiéndose hacia su lugar de trabajo que seguramente no es una obra en construcción.

Las hay de variados tipos y marcas, con o sin tal aditamento, para la ciudad, para paseo, para hacer ejercicios en la montaña y hasta para competir. Porque uno de los deportes más destacados del mundo es el ciclismo y ahí están las grandes carreras que se realizan en Europa como el giro de Francia o el giro de Italia y las que tienen lugar en nuestro país donde la vuelta de Mendoza ocupa un lugar destacadísimo.

A tal punto ha llegado su utilización que existen las bicicletas fijas, que no sirven para desplazarse sino para hacer ejercicios, es como andar viendo el mismo paisaje en cada pedaleada.

Pues bien, con la pandemia ha recrudecido su uso. Es que uno de los peligros del contagio es el transporte público, entonces muchos prefieren usar la bicicleta.

Hay muchos deliveris que la usan para llevar productos a los hogares y uno piensa que las piernas le deben quedar entumecidas después de tanto pedaleo.

Es un artefacto querido y requerido. Los niños la disfrutan de una manera especial y los grandes también si pasean por las bicisendas que hay esparcidas por distintos lugares.

Vaya pues, el reconocimiento a estos aparatos con dos ruedas que nos llevan dócilmente hacia donde nosotros apuntemos. Cuando en las ciudades se usen más las bicicletas que los automóviles será cuando respiremos un aire más puro. Por lo pronto siga pedaleando que le hace muy bien.