El rock argentino padeció otro golpe fuerte. Quizá el más inesperado y cruel: Rosario Bléfari falleció a los 54 años, luego de batallar contra el cáncer. Quizá su obra, tan rica como variopinta, dejará de gozar del carácter de culto para convertirse a partir de ahora en uno de los yacimientos más notables y sustanciosos de la cultura argentina de los últimos 30 años.

Si bien se hizo un lugar en la literatura y la actuación, la artista marplatense se dio a conocer a través de la música, como frontwoman de Suárez, grupo arquetípico y pionero de la revolución independiente que sacudió a la Argentina desde el inicio del nuevo siglo. Justo el año pasado, el quinteto (devenido cuarteto en su última etapa discográfica) celebró las tres décadas de su primer recital, en el Bar Bolivia de San Telmo, lo que allanó un camino que, a pesar de su contemporaneidad, le plantó cara a la Movida Sónica.

“Esa ebullición la vivimos, pero haciendo un camino al margen”, dijo Bléfari en 2018.

“No había una comunión con el resto de las bandas, aunque sí con algunos artistas con los que compartimos fechas como La Nueva Flor y (Adrián) Paoletti. En ese momento, la figura del músico de rock era más la del ‘star’, que venía de los ‘80. O al menos ésa era mi lectura. Y nosotros no teníamos mucho esa onda. Durante mi carrera solista o con mi otro proyecto, Sue Mon Mont, me di cuenta de que la camaradería entre los músicos se dio más tarde”.

Luego de editar cinco álbumes y un EP, Suárez, proyecto en el que compartió formación con su pareja y padre de su hija Nina (hoy música), el guitarrista Fabio Suárez, se separó en 2001. Lo hizo, aunque parezca paradójico, en el clímax de su popularidad, tras la aparición del disco que los encumbró: Excursiones, de donde se desprende el himno de la agrupación, “Río Paraná”. También lo siguió siendo a lo largo de su carrera solista, que tuvo en Sector apagado, lanzado en 2019, su último trabajo en solitario.

A pesar de protagonizar la cinta Silvia Prieto, de Martín Rejman, Bléfari se mantuvo consecuente con la contracultura, la autogestión e incluso con el under local. De lo que da fe su obra literaria, que atravesó editoriales como Belleza y felicidad, Mansalva y Rosa Iceberg, con la que publicó su último libro de poemas, Las reuniones (2018). Este apareció poco luego de formar el grupo de podcast de música y literatura Los Cartógrafos.

Al mismo tiempo que lideró los proyectos musicales Sué Mon Mont y Los mundos posibles, en los que se rodeó de figuras de la escena indie, Suárez anunció su vuelta a los escenarios en 2015, como consecuencia de la proyección de su documental Entre dos luces, de Fernando Blanco, en el Festival de Cine de Mar del Plata. Lo que devino no sólo en un sold out, en la Ciudad Cultural Konex, sino en la confirmación de su rol de icono para las músicas que hoy escriben un nuevo capítulo en la Argentina.

Nina, su unigénita, forma parte de la nueva avanzada de mujeres en la escena musical argentina. Sobre ella, después de compartir una presentación en el Centro Cultural Recoleta, en abril de 2018, la artista dijo: “No tiene carrera, sino más bien canciones. De pronto las canta o las deja de lado para tocar la batería. Está en una etapa de exploración. En casa, la escuchaba con esos temas. Estaba encendida, y le propuse que los tocara. La invito a cantar porque me gusta que sienta la desenvoltura con el público. Esa es mi manera de ayudarla. Si alguien está dispuesto a escucharte, podés seguir adelante”.