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Por Jorge Sosa

Un largo camino hacia la fama y después diez minutos para disfrutarlo. Así es la cuestión, aquellos que llegan a famosos muchas veces son personas que han lidiado mucho, que han luchado mucho para conseguir sus ambiciones.


Desde barrer teatros, hasta conseguir algunos papelitos sueltos, casi como extras en obras que tienen trascendencia, aparecer de vez en cuando haciendo bolos pequeños, intrascendente, esperar, esperar, y esperar. Hasta que un día “ !Hágase la luz”! y todo cambia, todo se transforma, y ese segundón que aguardaba pacientemente se transforma en una estrella de alcances inusitados.


Muchos de los que tienen fama y trascendencia han comenzado desde abajo, desde bien abajo a formar sus carreras. Los músicos, por ejemplo, horas de ensayar y ensayar en piezas de prestado, volviendo locos a los vecinos, pero poniéndole constancia a cada una de sus intervenciones.


Ellos están seguros de su vocación y andan en la búsqueda. Pero la búsqueda suele ser un camino sinuoso que no es fácil transitar, a veces un laberinto. Ensayar y ensayar esa es la cuestión y lo hacen con todas las ganas aunque no haya actuaciones en el territorio de adelante.


Los impulsa las ganas, el deseo de se escuchados, de poder demostrar ante el público constituido como público que ellos tienen una valor y están dispuestos a demostrarlo.
La horas que habrán ensayado, las largas horas de preparación esperando el momento en el que el telón se corra para que aparezcan ellos.


No pueden cejar en el intento, porque saben que es el único camino que tienen para ser tenidos en cuenta, para entrar en la consideración de los otros. Insisten, insisten con una voluntad inconmovible para acercarse un cachito más a sus objetivos.


Y cuando han alcanzado el apogeo, se dan cuenta, que, como dice el tango, la fama es puro cuento. Hoy estás, mañana no estás. Hay que ser muy bueno para mantenerse en la cumbre durante algunos años.


Después la banda se peleó, porque todos tienen su particular modo de ver las cosas y no están dispuestos a renunciar a ello. Después vienen los desacoples de dinero factor decisivo en estas separaciones. Después vienen los que le llenan la cabeza con proyectos de muy difícil obtención y uno se deja de seducir por el canto de las sirenas.


Es dura la vida del artista y mucho más dura con esta pandemia que nos ha agarrado definitivamente y nos mantiene encerrado la mayor parte del día. No se puede ensayar, no se pueden reunir, no hay festivales en donde puedan participar. Les quedan las redes sociales que algo ayudan pero no es lo mismo.


Son los últimos en la escala de lo que esperan, porque ellos necesitan público y por ahora la palabra “público” está prohibida. Sin embargo ellos le siguen metiendo por zoom por lo que sea pero se las arreglan para no detener su camino, aunque anden con los pasos cansinos como andamos todos.


Ya va a llegar la hora en que vuelvan a sus prácticas habituales, que no son otras que ensayar, que seguir ensayando. Pero ocurrirá en algún día de los futuros días en que vuelvan a encontrarse con el aplauso.