ANÁLISIS

La épica leprosa y un tajo en la historia

Independiente Rivadavia se auto gestó un antes y un después en su trayectoria deportiva. La Copa Argentina marca un jirón con respecto a su ámbito competitivo. Anoche cruzó su Rubicón.

Fabián Galdi

El poder transformador del fútbol rompe límites y fue, es y será tendencia en cualquier época y lugar. ¿Cómo definirlo en palabras si es, precisamente, un torrente emocional que puede cambiar los estados de ánimo de un segundo a otro? Su fuerza movilizadora se expande ya por los cinco continentes y no hay dique que la regule.

En la víspera, quien lleva la pasión futbolera en las venas quedó en estado de shock cuando observó dos oponentes en pugna por un mismo objetivo. Más allá de la forma, lo que importa es el fondo. Sendas expresiones futbolísticas provocaron, inclusive, que el espectador ajeno estuviese atrapado en la pantalla. Ni siquiera un guionista de Netfix lo hubiese hecho mejor.

La Lepra ejerció la representación misma de la épica, con el antecedente cercano de la ya legendaria semifinal frente a River.

"Si no se sufre, no vale", parece ser la consigna en el universo azul.

En el cruce de sensaciones del hincha se mezclaron roles protagónicos tal como si fuese un capítulo más de "La Ilíada y la Odisea", aquella expresión clásica de la antigua Grecia donde los humanos se entremezclaban con los dioses y la mitología quedaba en el centro de la escena.

Si hasta los empoderados como ídolos del presente, tales los casos de Sebastián Villa y Alex Arce, tuvieron protagonismo en acciones referenciales como el penal decisivo o la apertura del marcador, que empezó a definir tendencias del juego.

La mentalidad fuerte de conjunto se viene trabajando a partir de la percepción del manejo de grupo que manifiesta Alfredo Berti. Un entrenador que, luego de ir pasando por diferentes entidades, encontró su lugar en el mundo en esta institución.

Se lo evoca en su etapa de futbolista, cuando jugó, entre otros clubes, en Newell's y Boca Juniors; en este último caso, la serie de lesiones fue acortando su aportación en cancha. La experiencia por fuera del campo de juego nació cuando fue ayudante de campo en aquella Selección de Chile comandada por Marcelo Bielsa y que participó del Mundial 2010 en Sudáfrica.

La épica leprosa y un tajo en la historia

Berti, hoy día, es una figura referencial de todo este proceso que podría denominarse refundación futbolística de Independiente Rivadavia. El vínculo con la gente, inclusive, trasciende lo normal y quizás, en algún otro momento de la cotidianidad leprosa, hasta se transforme en una estatua que se halle en algún espacio del "Gargantini", porque una bandera ya parece poco reconocimiento.

 Más allá de su conocimiento profundo del juego, se advierte que su posición como mediocampista cuando aún se desempeñaba como jugador, lo convierte en un experto a la hora de advertir en qué momentos de un partido realizar variantes, sea un cambio o, por el contrario, una reubicación de funciones entre quienes estén jugado.

La épica leprosa y un tajo en la historia

La expulsión temprana de Maxi Amarfil fue leída por el DT en modo inmediato, porque recayó en Tomás Bottari cómo conducir el sector central en desventaja numérica y ante un adversario de buen pie en todas sus líneas. Así, los volantes leprosos rotaban posiciones y se prodigaban en cerrar espacios para que el oponente no aprovechase el hueco dejado tras la primera expulsión.

Hay que retrotraerse, quizás, hasta el segundo tiempo del 3-0 a Barracas Central a poco del inicio de temporada, cuando los mediocampistas confundían a los locales en rotaciones de posición y en aprovechamiento de las bandas para descomprimir la zona defensiva en la salida.

Anoche, en el "Juan Domingo Perón", Independiente manejó cerebralmente las acciones de juego, mientras Argentinos avanzaba metros casi por inercia pero con escasa claridad.

La tensión en los minutos finales, tras la roja a Alejo Osella y la lesión de Ezequiel Centurión, volvió a traer la épica al campo de juego y el ingreso de Gonzalo Marinelli fue la última ficha para acomodarse a "la heroica".

Faltó la lluvia en el "Mario Alberto Kempes", pero el dramatismo crecía imparable, motorizado por la combinación entre angustia y ansiedad. 

Si algo faltaba para que este choque se fuera convirtiendo en un hecho mitológico, ocurrió cuando se dio la repetición del penal y Marinelli tomó la dimensión de un "Dibu" Martínez en Qatar. Los segundos siguientes, cuando Villa acomodaba la pelota previo a su lanzamiento, deben haber provocado lo más cercano a un infarto masivo.

El final descomprimió las tensiones y el desahogo fue un grito cuyos ecos aún se perciben.

Hay un antes y un después en esta épica leprosa...la misma que produjo un tajo en la historia por y para siempre.


a convirtiendo en un 






Si no se sufre, no vale

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