Cuando Macri tomó como decisión tirar la manga, es decir pedir plata prestada al exterior, todos sabíamos que si bien llegaba plata con olor a nueva el problema iba a ser devolver lo que nos habían prestado.

Lo llamamos la “deuda externa” y mucho tiene que ver con el FMI, Fondo Monetario Internacional, aunque algunos dicen que la sigla significa Fundimos Muchas Instituciones. Pero bueno para eso están, tienen guita y cuando algún país le pide un segmento, un trozo, un poquito, toman los recaudos pertinentes para que esa guita vuelva a sus arcas.

El default se produce cuando un deudor deja de realizar los pagos correspondientes a su acreedor. De esta manera, el deudor cae en la cesación de pagos o default.

El default se produce cuando una empresa, una persona o un estado  no cuenta con dinero líquido (en efectivo) para hacer frente a su deuda. Al declararse en default, el deudor busca alcanzar un acuerdo con sus acreedores para definir cómo concretar los pagos pendientes. Dichas negociaciones se desarrollan en un marco legal, con supervisión externa por parte de los órganos de la justicia.

En eso estamos pero la Argentina tiene otros acreedores que no son el FMI, son fondos (algunos llamados buitres) que han comprado bonos que ofrece el gobierno nacional para armarse de algunos pesitos y cuando llega el vencimiento de esos préstamos quieren el pago de la deuda y los intereses por supuesto, faltaba más.

Así que en plena pandemia el gobierno debe hacerse cargo de la deuda heredada y son dos frentes muy grandes como para encontrarle una situación de arreglo definitiva, a ninguno de los dos.

¿Tiene recursos nuestro país para afrontar semejante acontecimiento? Difícil que el chancho chifle y más difícil que la chancha aplauda. Para colmo estamos en pleno parate de la producción y las fábricas y grandes industrias están operando al mínimo de sus capacidades, si es que están operando.

Yo digo, ya que los argentinos le hacemos frente a la pandemia con un alto porcentaje de responsabilidad, también nos podríamos hacer cargo de la deuda externa. Con 1700 millones de dólares que aporte cada argentino quedamos a mano y todo el mundo contento.

Pensar que nuestro país es el octavo territorio mundial entre más de doscientos países, con clima ideal, con territorios aptos para distintos cultivos, con capacidad para producir alimentos para millones de personas, muchas más que  las que  contiene el nuestro, y primero tiene que endeudarse y después tiene que encontrar la manera de pagar la deuda. No es lógico.

Ahí se está haciendo problemas el gobierno nacional para salvar la situación pero la situación es más difícil que dibujar el mapa de las Islas Malvinas. Tenemos lo que tenemos y lo que tenemos no alcanza ¿Cómo hacer? Bueno, pagar menos de lo que nos reclaman (y no sé si eso nos alcanza) o patear la deuda hacia adelante para ver si llegamos a un período donde tengamos plata y el pagar no nos comprometa el futuro.

Ahí estamos y eso que no hablamos de la “deuda interna” que es mucho más grande.