Por Mauricio Runno


Veo el edificio con una Eva cada vez más grande e iluminada, de noche aún más sobresaliente. Es una obra indirectamente proporcional a lo que resume el aparato productivo de Argentina: día a día más raquítico, flojito, apagado hace más de 8 años.

En este sentido, Eva es una privilegiada. Destaca en la selva urbana como ícono, más como una expresión de deseos, pienso, que como reconocimiento. Las leyes de la arquitectura suelen ser bastante caprichosas también: el único edificio que interrumpe lo que vendría siendo la avenida más ancha del mundo es el que porta, en una de sus caras, la imagen de la abanderada del peronismo más global. Está tan enclavada allí como en el núcleo fundacional del mito peronista.

Entre las ventanas que se esconden detrás de su rostro colosal se encuentra la oficina del ministro de Desarrollo Social de la Nación. Conoce a fondo la estructura del ministerio: fue el segundo en épocas que timoneaba Alicia Kirchner, hasta que en 2007 fue ministro del gobernador Daniel Scioli.

Si uno hoy repasa el gabinete del presidente Fernández, el nombre de Arroyo destaca dentro de un elenco hasta el momento nada muy descollante y con algunos de ellos librando internas en áreas sensibles, como es el caso de Seguridad.

Los tiempos son más cortos cuando existe una crisis, más aún en la Argentina (nunca se termina de saber qué ha sido primero, si la Argentina o el fenómeno crisis). Daniel Arroyo es un hombre que tiene plena conciencia –quizá demasiada- de la gravedad de la situación que contornea al país. E intenta estar a la altura para resolver lo urgente.

Esta entrevista fue realizada con anterioridad a conocerse una resolución polémica de su ministerio. Se trata del hecho que desde ahora los beneficiarios de la AUH (Asignación Universal por Hijos) no están obligados a presentar certificados de escolaridad de sus herederos para recibir el subsidio estatal.

-Vamos a tocar diversos temas, pero escogí comenzar con uno bastante inusual. ¿Me equivoco si afirmo que usted es el ministro más mesurado dentro del gabinete de Fernández?

-Soy mesurado, en general. No puedo establecer ningún tipo de ranking. Así soy. Y a la vez tengo muy claro lo que tengo que hacer. Y tengo muy claro que yo tengo que ayudar a pacificar la Argentina y sobre todo mejorar la situación social. No es momento de encender la mecha, sino al revés.

-Sorprendió la velocidad de reflejos. Creería que fue el primero del gabinete que apenas oficializado desplegó un plan con una serie de acciones concretas, incluso antes de asumir.

-Yo creo en la esencia de algo que hemos hablado mucho con Alberto Fernández, mucho antes de ser candidato y presidente. Y creo que la Argentina tiene tres problemas sociales para atacar de modo urgente. Uno es el tema del hambre. Hambre es no comer lo suficiente y malnutrición es contar hoy con una generación de chicos petisos y obesos. Lo segunda es la falta de financiamiento en la familia. La falta de acceso al crédito es un problema crucial para resolver. Es el gran problema, diría yo. Plata que entra es para tapar agujeros. Y el tercero, no descubrimos nada nuevo, es la ausencia de trabado en el mercado. Y además hay un 40 % de trabajo informal. Sobre este panorama es que lanzamos la Tarjeta Alimentaria.

-¿Cómo la definiría?

-Es una tarjeta de un banco público, en este caso el Nación que básicamente comprende a madres con chicos que tienen menos de 6 años, las mujeres de más de tres meses de embarazos y las personas con discapacidad, que tienen asignación. Esta tarjeta no permite extraer dinero, sino productos básicos de la canasta alimentaria. Buscamos mejorar la alimentación de todo este universo de argentinos, claramente. Es un programa que asciende a 70 mil millones de pesos anuales. Es, además de un plan para que todos coman y coman bien, un gran plan de empleo. Alienta la agricultura familiar, la microeconomía y todo lo que se denomina como Economía Popular. Detrás de esto hay que gente que produce y vende. De modo que generamos un desarrollo económico desde abajo.

-¿Cuáles son las cifras en el caso de Mendoza?

-(Se levanta, hasta su escritorio, y vuelve con un registro pormenorizado) En Mendoza tenemos registrados una inversión de 352 millones de pesos por mes en este programa. Esta tarjeta se recarga el tercer viernes de cada mes. En Mendoza contempla cubrir las necesidades de 134 mil niños, a través de 69 mil tarjetas. Hay que considerar el enorme impacto que tiene en las economías locales.

-Me interesa volver al planteo de los tres problemas ya citados. Lo que más sorprende es que pareciera ser un diagnóstico reflexivo, fruto de estudio. En general las políticas públicas en Argentina se general al revés.

-Mire, no solamente he pensado y estudiado estos temas, sino que también los conversé con varias autoridades del gobierno anterior. Les insistí sobre la necesidad de aplicar estas políticas. Lo hacía antes, como ahora, con las mejores intenciones. Ellos me respondían que no era tan así el modo de encarar estos problemas. (Piensa). Yo realmente quiero que esto funcione. He trabajado mucho este plan con Alberto Fernández. Y siempre creo que la diferencia entre palabra y hecho es el presupuesto.

-¿Me lo explica?

-El presidente Alberto Fernández, en un contexto muy difícil desde lo fiscal y lo económico, ha volcado muchísimos recursos y nos ha dado partidas para encarar este plan. Eso marca la prioridad de gobierno. Y la verdad que más no se puede pedir. Y estamos muy contentos con este despliegue. Vamos cubriendo día a día todo el país y hemos comenzado a actuar en el conurbano bonaerense, donde hay más de 350 mil tarjetas. En marzo ya estaremos en todo el país, esto es, la asistencia a ‪1.400.000‬, que se traduce en llegar con alimentos a ‪2.800.000‬ chicos.

-Al promediar la administración Macri usted comenzó a oponerse a los tarifazos, a los que calificó de salvajes. Sin embargo, también reconoció la necesidad de ajustar las tarifas. Por pensar así, ¿quedó peleado con todos y amigo de nadie?

-Yo creo que hay que encontrar un sendero de racionalidad. Y es un deber encontrar un punto de equilibrio. A mí me da la impresión que el gobierno anterior no veía gente, sino números, datos. Yo veo gente. Y en esas posiciones hay que encontrar un punto de equilibrio. Tiene que funcionar el Estado y tiene que funcionar la economía pero para 45 millones de habitantes.

-Usted recalcaba que con el gobierno anterior quedaban fuera 20 de esos millones.

-Así es. (Pausa) Si la Argentina es soja, minería, sector financiero y salarios bajos, hay 20 millones de personas que quedan fuera de esa estructura de país. Es un modelo…

-¿Sería ése el caso de Chile?

-Chile es una tecnocracia muy competitiva, a la que le va muy bien. Compite bien en el mundo y está inmerso en la globalización. Pero existe un nivel de desigualdad muy fuerte y los carabineros que acomodan. Eso ha sido siempre históricamente. Sigo mucho el caso de Chile ¿Qué creo? Que en términos generales el sobreendeudamiento de la familia siempre es el motivo de conflicto. En Chile la carga en Educación y Salud es muy fuerte. Es un endeudamiento distinto al de Argentina. Hay que entender que la base de la conflictividad, acá o allá, es el sobreendeudamiento de la familia. Y también esto explica el perfil de nuestras políticas.

-¿Puede describirlas?

-Estamos armando un sistema de crédito a tasa baja, del 2 a 3 por ciento anual, para comprar máquinas y herramientas como método para desendeudar a las familias. Resumo nuestra gestión: hay que darle de comer a las personas, desendeudarlas y vincular los planes sociales con el trabajo.

-Recuerdo una analogía suya al respecto muy contundente: “Se trata de dar pescado, de enseñar a pescar y de garantizar que el Estado lleve peces a la laguna”.

-Ciertamente. Hay que asistir y eso es dar pescado. Hay que enseñar y capacitar para pescar y esto es proporcionar herramientas y finalmente asegurarse que haya peces en la laguna. Es la síntesis de una buena política social. Por eso otorgar microcréditos. Fomentar un Estado que quiere que a la gente le vaya bien.

-También se ha referido a una guía de cinco ejes para combatir esta problemática.

-Así es. Los enumero. La construcción es uno de ellos, quizá el más importante porque se relaciona con vivienda e infraestructura. Segundo, la producción de alimentos. La industria textil, que se relaciona con el trabajo de mujeres y jóvenes. Otro eje es lo que se llama la economía de cuidado: muchas mujeres que cuidan de otras personas y no solo de la tercera edad.

-Entiendo que la Tarjeta Alimentaria debe ser una política pública. Así como se desprende que tampoco es algo de su agrado.

-Claramente se trata de una política de emergencia. Para evitar suspicacias y clientelismos nadie reparte la tarjeta, salvo el banco público. Incluso hemos trabajo con nutricionistas para calcular una mejor alimentación. Quiero decir que estamos siendo muy profesionales. Cruzamos datos para chequear su uso, las tendencias…

-Los datos que circulan sobre irregularidades…

-(Interrumpe) Tengo claro que de todo es real y no. Cuando firmamos los convenios con los gobernadores, como lo hice con el de Mendoza, se establece una fiscalía. Allí se concentran las denuncias para actuar directamente en estos casos. Hay dos tipos de situaciones. Las que no son reales y circulan por redes sociales es que hay gente que cambia la tarjeta por plata. Hemos ido a la fiscalía y no existe tal cosa. Sí ha habido cuatro casos, en miles y miles de tarjetas entregadas, que los comercios cobraban comisión por aceptarla. Hemos actuado y clausurado esos comercios por infracción a la ley. Nadie tiene que cobrar comisión. Y es fácil detectar esta situación: aparece el saldo de cada tarjeta en el celular. Si a alguien le cobran demás debe denunciar la situación.


Daniel Arroyo entrevistado por el periodista Mauricio Runno

-En los años de Macri asistimos a una narrativa en la cual el mercado era central. Incluso hoy no pocos sectores sostienen esta visión de la economía. ¿Deberíamos reemplazar esa narrativa, por alguna que todavía no sabemos qué es?

-Creo en el equilibrio. El Estado tiene que regular, generar condiciones y establecer los pisos. Que el mercado fomente competencia, desarrollo y creatividad, es positivo. Pero todo al mercado es absurdo. Y el Estado regulando todo, trabando, también. Creo en un modelo de desarrollo armónico, de abajo hacia arriba. Tanto como en la competencia y la creatividad. Pero de ninguna manera creo que el mercado acomode las cosas por sí mismo.

-El año pasado, antes que se perfilaran los candidatos, usted insistía en la unidad del peronismo. Afirmaba entonces que la unidad de todos los sectores daría lugar a un nuevo escenario de poder. La pregunta es: ¿está unido hoy el peronismo?

-Claramente está unido. Yo fui electo diputado en 2017, por el Frente Renovador. Asumí el 10 de diciembre. El 14 se hace una sesión fallida, muy tumultuosa, con incidentes en la calle, que trataba la reforma del sistema de pensiones. El 18 se vuelve a sesionar. Voté en contra y lo argumenté. Me fui muy preocupado esa noche pensando que si no nos uníamos podían venir sucesos más graves. Cuatro días después me llama Alberto Fernández, muchísimo tiempo antes que fuera el candidato a algo, y me dijo: “es la unidad, la unidad…”. Y desde allí empezamos a trabajar en conjunto. Con esto quiero decir lo importante que ha sido la unidad.

-¿Cómo es su relación con el presidente? ¿Hablan, mensajes por WhatsApp?

-WhatsApp, celular, mensajes de texto. Es un diálogo permanente y muy fluido. El presidente tiene dos características que lo hacen una persona para este tiempo. La primera que tiene capacidad de gestión. Entiende el funcionamiento del Estado. La experiencia es muy importante. Y, segundo, es un hombre de diálogo. Eso está en su ADN.

-¿Se mandan emoticons, esas cosas?

-(Risas) Nooooo. Los diálogos son concretos. Lo mío es más de escribir.

-¿Por qué cree que hay un sector de la sociedad convencido que está subvencionando a otro sector de la sociedad, unos en mejores condiciones que los otros? ¿Cómo se resuelve, más allá de lo económico? Hay reclamos lícitos en algunos casos y en ambos sectores.

-Hay que distinguir distintos planos. Efectivamente la presión impositiva es muy alta en Argentina. Pero cuando se habla de 19 millones de cheques mensuales en subsidios eso es incorrecto. Esa cifra incluye la totalidad del sistema previsional. Por eso hay que distinguir varios planos. Y efectivamente la cantidad de planes sociales ha ido creciendo en la Argentina. La gran tarea en esta área es incentivar el trabajo. Debemos salir de los planes sociales hacia el mundo del trabajo. Nosotros tenemos un plan claro en esa línea y en eso estamos. Y necesitamos consenso. Hay dos cosas que no podemos permitirnos, más allá de cualquier otra diferencia: no puede haber hambre en el país y hay que cuidar a los chicos. Es desde aquí que debemos construir políticas públicas.

-Se lo percibe muy relajado al presidente con usted. Lo pienso en el sentido que usted es un funcionario que comunica muy bien. Y es sabido que al presidente no le gusta demasiado el desfile de funcionarios por los medios de comunicación.

-Esto último no lo sé. Mire, cuando yo hablo con Alberto Fernández, me queda claro que al presidente le importa la gente. Mi opinión es que alguien solamente puede hacer política si le duele el dolor del otro.

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