Los peligros en la Selección
Mientras reina la algarabía por ver a la selección argentina y a su gran estrella, Lionel Messi, en el estadio Martínez Valero del Elche, la selección de Brasil llegaba a Senegal para jugar allí uno de sus dos amistosos, y Uruguay lo hacía en México para enfrentarse al equipo local.
Brasil, tratando de renovarse desde la llegada del entrenador italiano Carlo Ancelotti, también disputará un partido ante Túnez en tierras africanas. Los dos rivales del "Scratch" están clasificados para el próximo Mundial 2026. Uruguay, dirigido por el argentino Marcelo Bielsa, jugaba esta semana en la misma ventana de amistosos del calendario FIFA, otro partido ante Estados Unidos, que, como México y Canadá, será local en el próximo gran certamen de junio.
Brasil (séptimo en el ranking FIFA) disputa, entonces, dos amistosos ante Senegal (18) y Túnez (43). Uruguay (15) se enfrenta a México (14) y Estados Unidos (16). Mientras tanto, Argentina, actual campeón mundial, bicampeón de la Copa América y campeón de la Finalísima, todo al mismo tiempo, apenas si consiguió jugar un solo partido de los dos posibles y ante Angola (89 en el ranking y no clasificada al Mundial).
Como no hubo posibilidad de disputar un segundo partido, la selección argentina decidió ir a entrenarse al estadio del Elche gracias a los oficios del dirigente del club y uno de los mayores representantes de jugadores argentinos, Christian Bragarnik.
Una de las grandes preguntas es por qué, con la enorme ventaja de ser el actual campeón del mundo y aún disponer en el plantel de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, sino el mejor, Lionel Messi, la selección argentina no consigue rivales acordes con su nivel en cada ventana de la FIFA, como vino ocurriendo no sólo en este ciclo, sino también en el anterior, entre 2018 y 2022.
Acaso una pregunta anterior podría ser si realmente la selección argentina quiere disputar partidos importantes ante rivales que le den un mayor roce internacional, o lo que busca es, simplemente, una débil oposición pero que quien la enfrente pague el enorme cachet que percibe gracias a sus vigentes títulos, sin importar (una vez más) lo deportivo, como si no interesara demasiado.
Más de una vez, dirigentes de la AFA y miembros del cuerpo técnico se defendieron con distintos argumentos, como lo que esgrimió el entrenador, Lionel Scaloni ante Angola, en un partido en el que la selección argentina apenas si apretó el acelerador en Luanda y en el que los hinchas locales gritaron el gol de Messi, el segundo del 2-0 final, aunque fuera contra su propio equipo, cuando dijo que siempre es bueno jugar contra rivales que no son conocidos...
Lo cierto es que hay demasiadas preguntas más en referencia a esta nueva y desaprovechada ventana de la FIFA de dos partidos y el por qué de no encontrar nunca rivales de cierta dificultad, como si se quisiera recaudar y establecer un récord de partidos sin perder, como si eso no dibujara una realidad paralela, que termina dejándonos saber bastante poco sobre dónde está parado el equipo nacional.
Hay demasiados silencios alrededor de este proceder dirigencial sin que muchos de los grandes jugadores que tiene esta Selección, o su propio entrenador, totalmente aceptados por la gente, esgriman una mínima queja. Apenas si una vez, en otra malograda ventana pasada. Emiliano "Dibu" Martínez llegó a decir que habría preferido jugar contra equipos más fuertes. Y asunto cerrado. Nadie más se sumó, al menos en público.
¿Le habría ocurrido algo malo a alguno de los campeones del mundo y bicampeones sudamericanos, y ganadores del grupo clasificatorio mundialista, de quejarse de esta realidad en la que la AFA pretende hacer caja antes que buscar rivales de mayor roce internacional? La Generación Dorada del básquetbol argentino, encabezada por Emanuel Ginóbili, se quejó públicamente de las autoridades de la Confederación Argentina y generó un cambio total, en vez de sacarse fotos con los dirigentes -que de esta manera logran sostenerse- tomando mate.
Uno de los argumentos que se suele repetir, basado en el ciclo anterior, es que no hubo tampoco partidos importantes ante los primeros rankeados de la FIFA, y, sin embargo, en Qatar se conquistó el tercer título mundial. Cabe recordar que, sin embargo, el equipo albiceleste que no tuvo el roce internacional necesario en la previa de la gran cita de 2022 acabó perdiendo en su debut ante Arabia Saudita y tampoco podía vencer a México en el segundo partido de la fase de grupos hasta que Scaloni hizo los cambios necesarios y allí ingresó lo que luego fue la base de la conquista, con Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Julián Álvarez.
Siguiendo con el razonamiento de "hacer caja", podríamos derivar en otros cuestionamientos, para preguntarnos qué es lo que se consigue con tanto dinero (nunca es claro el dato, pero se rumoreó que fueron 12 millones de dólares los que cobró la selección argentina por este amistoso en Luanda).
¿Hay una mejora en los clubes, que no logran una Copa Libertadores desde 2018 porque quedaron muy atrás de sus pares brasileños que traen estrellas de toda Sudamérica y hasta de Europa?, ¿Se volcó en el fútbol femenino, que no tiene divisiones inferiores y que tiene un muy bajo presupuesto, a menos de dos años del Mundial de Brasil?, ¿fue puesto al servicio de la infraestructura de estadios o de mejorar el VAR o las ligas del interior?
¿Podría, acaso, informarse si es cierto que se está construyendo una AFA Tower en Emiratos Árabes Unidos, o es apenas un bulo de cierta prensa? ¿Cuál fue la ruta de ese dinero que ingresó por el amistoso contra Angola y cuál es el porcentaje de esa suma total que fue para el plantel de la selección argentina? ¿Los jugadores estuvieron de acuerdo con esa suma sin expresar ningún malestar cuando se enteraron?
¿Es cierto que, siendo el de Luanda el único partido de los dos, ni siquiera se contempló que se pedía certificado de vacunación contra la fiebre amarilla, y por el descalabro organizativo repararon en que varios no lo tenían y que por eso "se dieron de baja" para regresar a algunos de sus clubes bajo la excusa de que "no son necesarios" porque se intentaba probar a otros, que en su mayoría luego ingresaron apenas en los últimos veinticinco minutos? O, incluso, podríamos preguntar qué ocurre con Alejandro Garnacho, que nunca más fue citado, aunque ahora recuperó bastante de su nivel en el Chelsea, luego de su baja producción en el Manchester United.
Son demasiadas preguntas y son muchos los peligros que rodean a esta selección argentina, cuyos jugadores son, en gran parte, una garantía a la hora de jugar partidos importantes, pero cuyos dirigentes no están a la altura de los campeones del mundo y, al contrario, parecen tirar para abajo todo lo conseguido. Da la sensación de que la selección argentina consiguió lo que fue consiguiendo pese a la AFA y no por ella.
Por eso, los peligros alrededor de la selección argentina acechan: sin una buena dirigencia, sin rivales de fuste. Sin claridad en sus movimientos y sin transparencia, difícilmente se llegue a buen puerto. Llegar, como ocurrió hasta ahora, es casi un milagro que está relacionado con este grupo tan especial que consiguieron armar Scaloni y los jugadores para rendir dentro de la cancha cuando corresponde, pero nada de lo anterior o posterior parece funcionar.
Y en lugar de aprender de la historia, los que rodean a la Selección siguen cometiendo los mismos errores, y respondiendo con los mismos silencios, sin darse cuenta de que como nunca, con un poco de empatía, el equipo argentino, por calidad y por antecedentes, está para ser bicampeón mundial, siempre, claro, que no choque la Ferrari contra el poste del garaje.
Por Sergio Levinsky, desde Madrid
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