Opinión

Lo que está en juego en la AFA

Mucho más allá de un resultado, incluso de qué equipo puede ser el campeón de este Torneo Clausura, lo que se juega dramáticamente el fútbol argentino -siempre desde un contexto deportivo-, con los sucesivos hechos de dominio público de los últimos días, es su credibilidad.

Por Sergio Levinsky desde Madrid
Por Sergio Levinsky desde Madrid

Se insiste como latiguillo acerca de que se trata de "la liga de los campeones del mundo" pero es apenas una frase marketinera. El gran porcentaje de los que consiguieron el título en Qatar 2022 participa en los grandes torneos europeos y apenas unos pocos veteranos han vuelto a las lides locales y uno de ellos, Ángel Di María, acaso no haya pensado en la dimensión de lo que puso en juego avalando un sistema de premios (y al mismo tiempo, de castigos) que tiene a su club, Rosario Central, como protagonista.

Pocas veces como en la semana que pasó los hinchas, sin distinción de colores, se manifestaron tan abiertamente en las calles, pintadas o recitales dando su veredicto a lo ocurrido con el affaire del título oficial (que no correspondía por tiempo y forma) a los "Canallas" y con la persecución y castigo (con dudosos procedimientos documentales) hacia Estudiantes de La Plata.

Lo que está en juego en la AFA

Acaso habría que remitirse al contexto de un Mundial, como el de Estados Unidos 1994 -cuando Diego Maradona fue separado del plantel de la selección argentina al señalar la FIFA que había ingerido "un cóctel de sustancias", que luego en el Centro Nacional de Alto Rendimiento (CENARD) de Buenos Aires el doctor Néstor Lentini comprobó que no era así y que sólo se trataba de cinco subcomponentes de la misma efedrina- para que se recuerde tamaña muestra de bronca y enojo contra un dirigente, en aquel caso, Julio Grondona, que tardó años -si es que lo consiguió- recuperar cierta credibilidad.

El fútbol argentino podría ser "el de los campeones del mundo" si la selección argentina aprovechara cada ventana FIFA de los amistosos para enfrentar a potencias o a equipos que le puedan plantar cierta oposición. O si se destinara parte de lo recaudado en esos partidos ante rivales inexistentes en el ranking para mejorar el fútbol femenino, ampliarlo agregando divisiones inferiores, mejorando los estados de los campos de juego o generando una estructura arbitral que tenga controles externos y un manejo transparente.

Sin embargo, lo que los hinchas notan es que los procedimientos desde la conducción son opacos, con hijos y entenados, con revoleos de un reglamento sin fecha precisa de iniciación y advertencias pesadas para 2026 escritas desde la impunidad de una red social hacia unos, y la vista gorda, ante las mismas situaciones, para los otros.

En el imaginario colectivo ya existen los amigos y los enemigos del poder, y los hechos de cada semana sólo logran más confirmaciones que dudas y la propia dirigencia acepta, desde el más alto nivel, y con micrófono en mano, que los partidos duran, en tiempo neto, no más que 45 minutos, es decir, la mitad del tiempo reglamentario, pero se lo menciona con resignación, sin un proyecto que pueda propender a un cambio.

Tampoco parece que haya un esfuerzo denodado por terminar con un nuevo apodo, nacido desde el propio accionar dirigencial, el de "secanucas", con el que se designa a quien gana el torneo interno de la obsecuencia, al punto de firmar solicitadas de apoyo aún cuando su propio club haya sido perjudicado en beneficio de otros más cercanos a la silla de la calle Viamonte. Acaso por miedo a un perjuicio mayor en el futuro, o quién sabe si con el íntimo deseo de pasar a formar parte de la mesa chica de los favoritos.

Lo que está en juego en la AFA

En estos días, también más que nunca, desde dos sectores que vienen desde hace rato en pugna alrededor del fútbol argentino, los partidarios de las asociaciones civiles sin fines de lucro y los que pretenden la llegada de las sociedades anónimas deportivas (SAD), se trató de ideologizar lo que ocurre tironeando para un lado y para el otro según conveniencias o ideas políticas, cuando nunca como ahora quedó claro que no se trata, en este caso, de una cosa o de la otra sino de la simpleza de la transparencia en la administración, de partir de la buena fe, de la neutralidad de una institución que debería estar por encima de los colores y de cada uno de los clubes que la conforman.

Pero también es cierto que esta dirigencia del fútbol no nace de un repollo sino del mismo seno de la sociedad que usted, lector, y que quien esto escribe, y que entonces cada uno de los sostenedores de este fútbol "de los campeones del mundo" debe reflexionar sobre cuál ha sido su rol en todos estos años y cuántos se han quejado porque su club "no tiene presencia en la AFA".

¿Qué significa "tener presencia en la AFA" sino dirigentes propios que puedan tener la capacidad de presionar para obtener mejores arbitrajes, ventajas de días y horas ante los rivales, en la designación de estadios, en conseguir mejores ingresos económicos, es decir, en otras palabras, obtener beneficios a costa de perjudicar a otros?

Lo que está en juego en la AFA

¿Cuántos son los hinchas argentinos que no aplauden y que, al contrario, silban e insultan cuando aparece en el estadio la barra brava que dice representar sus colores? ¿cuántos hinchas argentinos decidieron no concurrir a los estadios por considerar que las entradas son demasiado caras o que lo son a cambio del espectáculo que se brinda por ese precio? ¿cuántos hinchas argentinos decidieron dejar de pagar el abono de TV cable o de streaming por considerar que el producto de los torneos locales es de mala calidad?

Por esta razón, lo que se pone en juego en esta ocasión, luego de una de las semanas más locas e intensas que ha vivido el fútbol argentino en los últimos años, es si el hincha genuino va a seguir aceptando estos mecanismos perversos en las instituciones pero también en su interior, o si por una vez en la vida va a salir a manifestarse, se va a negar a seguir siendo cómplice de este sistema, si va a aceptar arriar su bandera aunque sea por un corto lapso para unirse detrás de una bandera común.

Y acaso, ya que quizá se dedica de una vez por todas por un cambio, pise el acelerador y proponga un fútbol con mayores controles de gastos y de ingresos, un fútbol más federal, más democrático en el que se termine aquella máxima grondoniana de que "la AFA son los clubes" y por una vez sea también los jugadores, los exjugadores, las jugadoras y exjugadoras, los árbitros, el fútbol sala y las ligas del interior.

Acaso, por fin el fútbol argentino cambie cuando el hincha tome consciencia de su poder real y de que no todo pasa por sentir impotencia ante un fallo, un artículo. o una foto de un dirigente y dos campeones del mundo tomando mate.

Por Sergio Levinsky, desde Madrid

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