Por Mauricio Runno  



Casi 24 horas después de una votación irregular e histórica para la Cámara de Diputados sucede esta entrevista con Chiche Gelblung, Samuel según el DNI, visto la luz en febrero de 1944. Clásico en televisión, pero antes en la gráfica con su explosiva irrupción en la revista Gente. Hoy conduce su espacio en Crónica TV y es parte de “Polémica en el Bar”, casi a su medida en su versión de síntesis y provocación. Menos conocida es su faceta como editor digital de Info Veloz.


El edificio de Crónica está en San Telmo, pero casi en La Boca y casi en Puerto Madero. Es un córner de la ciudad que se ha puesto corporativo. Mucho edificio cuadrado, vidriado, muchos pisos desde los cuales suele verse en los mejores días la costa uruguaya. Sin embargo, el edificio de Crónica es como los de antes. Tiene onda.


Cuando lo busco a Gelblung me invitan a pasar a un segundo subsuelo. Todo un desafío entre tanto medio rascacielos circundante. Me gusta eso de ir para abajo, contrariar la vanidad de una altura que me resulta chata. Me alivia descender hacia los fondos de San Telmo. Y allí está Chiche, en pleno programa, entrevistando a Mirta Busnelli.


Es un Gelblung clásico: lapicera en mano, ojos puestos en los de su entrevistada, medias color verde irlandés y un saco con un escudo. No me quiso decir qué significaba el dibujo ni las iniciales. “Hay cosas que no se dicen. No es bueno decir todo”, explicó, mientras se reía. Es un periodista de los buenos: hasta cuando habla mete suspenso, como si todo se tratara de atraer y seducir al lector o al televidente o al más mínimo interlocutor.


No se pierdan el momento Leonardo Favio.


-Tengo una lista de preguntas. No sé si recurrir a ellas…

-(Silencio)


-Ok. En principio vamos a lo más reciente. La irrupción de Scioli en la votación de Diputados. Una presencia tan inquietante en el Parlamento…


-Sí. Nosotros estuvimos hoy trabajando sobre el tema. Jurídicamente, pudo haber estado. Ahora, éticamente, no debería haber estado. Y pasó (sonríe).


-¿Por qué lo anómalo simplemente “pasa” en Argentina? Y se naturaliza. Y para este caso, un apego a la ley un poco raro, ¿no?


-La ley tampoco va a cambiar tanto. No tiene mucha importancia. Tampoco le bajan tanto la jubilación. Y sí: lo anómalo pasó a ser corriente. Y se naturaliza cualquier cosa.

-Scioli, ¿es la causa o la consecuencia?


-(Ríe) ¡La consecuencia! La causa viene desde hace muchos años. Son décadas de malos comportamientos. Pero, bueno, los políticos tienen esas cosas. La política tiene licencias que no deberían existir. La actividad política no es precisamente una actividad santa.


-Has formado muchos equipos en tu carrera. ¿Cómo elegías a las personas? ¿Por ser más vivos que inteligentes, o al revés?


-He intentado siempre una fórmula de combinación. Hay gente que es viva pero no es inteligente. Y con la viveza no alcanza. Y la inteligencia sola tampoco alcanza. Es un proceso en ambas direcciones.


Y mucho más en lo periodístico. Hay una esencia para ser periodista. Es la curiosidad. Después podés ser mejor o peor, pero lo que realmente alimenta al periodista es la curiosidad.


-Con un maestro de periodistas hay un tema insoslayable. El conflicto entre tecnología y periodismo, los algoritmos versus la primicia o la buena información.


-Para mí es una complementación. La esencia de la comunicación sigue siendo la misma: transmitirle a la gente lo que está pasando. Mejor si es en modo más directo y efectivo. Yo empecé a los 17, 18 años, y cuando viajaba para hacer una nota llevaba un exceso de equipaje de 150 kilos. Y hoy estamos haciendo esta nota con un celular. La tecnología no se puede discutir.


-¿Cómo es tu experiencia digital, con InfoVeloz, una web que dirigís?


-¡Me encanta! Me ayuda a desarrollar el vértigo. Pero hoy, frente a los medios electrónicos, hasta lo digital es viejo. Estamos tan locos que… tenés la radio, la tele, los satélites… por eso digo que hasta los diarios digitales son viejos.


-Es una verdadera paradoja.


-Es así. Son los tiempos que corren. Yo me doy cuenta que si pasan tres horas, en mi propio diario eh, yo ya leo lo que sé. Es decir, la información es vieja.

-¿Entonces?


-La tele es la vida. Todo pasa allí, absolutamente todo. Hoy te muestra en tiempo real todo lo que está pasando. Y desde todos los ángulos: de izquierda a derecha, más o menos sensacionalismo. Yo entro a un portal ahora y veo a tal persona. Y a esa historia seguro que ya la vi en la televisión. Entonces lo del portal ya quedó viejo, ¿entendés?


-La tele como gran reality que nos muestra tal cual somos.


-Es el lugar por donde pasan las cosas, las 24 horas del día. Existen canales que solamente se dedican a eso. Es un servicio. Y además global e ilimitado. Hoy el “tiempo” no existe.


-¿Por qué vemos casi lo mismo en todos los canales, diarios y radios?


-Por falta de imaginación y falta de plata. Cuando ves que los canales internacionales se abren a otros temas y noticias es porque tienen más guita. Nosotros cuando hacíamos programasen televisión abierta teníamos presupuesto ilimitado. Si había que ir a China, íbamos. Hoy no podés ir ni a la vuelta de la esquina (risas). Se empobreció muchísimo la televisión argentina.

-Has dicho que una cosa en común entre los políticos y los periodistas es que no suelen tener muchos amigos.


-Yo no dije eso. En realidad, esa es una frase de Jacobo Timerman. Él decía: “El periodista no tiene amigos; tiene contactos”. Yo no creo mucho en eso.


-¿También les pasa a los políticos?


-Ni idea de lo que les pasa a los políticos. Capaz que en vez de contactos tienen negocios (risas). Yo no sé cómo se relacionan ellos. Sí digo que como periodista tengo muchos amigos.

Chiche Gelblung conduce por Crónica HD, Chiche 2020


-Convengamos que son actividades difíciles para cultivar amistades.


-Son profesiones difíciles para eso, sí. El agregado del periodista es que tenés que separar la amistad del trabajo. A veces hay cosas que sabes y no podés contar si está en el medio un amigo. No lo podés vender. Por eso es importante aclarar de antemano si sos amigo o contacto (risas).


-¿El periodista debe ser como un lobo solitario?


-No, para nada. No es tan dramático. A menos que tengas mala leche y estés buscando permanentemente la carroña. Ahí si te transformas en eso. Ojo, hay periodistas que viven de eso. Pero no los conozco.


-Conociste mucho a Macri…


-Sí, lo conocí bastante.


-Terminaste vapuleando su gestión. ¿Tampoco sos kirchnerista, o sí?


-No, jamás. A mí me fue muy mal con Cristina.


-Recuerdo que hace años sus adeptos escupían tu afiche en Plaza de Mayo.


-Nunca fui kirchnerista. Y lo de Macri fue una frustración, por supuesto. Eso no quita que yo sienta aprecio por Macri. No soy su amigo, pero sí conocido. Tenemos relación. Cuando murió su papá yo le hablé. Y nos comunicamos. Pero fue un pésimo presidente.


-O sea que el desencanto fue bastante especial.


-Sí. Y se lo pude decir personalmente. Fue una gran frustración porque yo creía que cuando él convocó a tomar lo que llamaba el último tren de la Historia lo estaba diciendo en serio. Y no. No pasó.


-O sea: no sos ni fuiste macrista ni cristinista. Pero sí en cambio seguirás siendo marxista, como desde la más tierna edad.


-(Risas) Tengo mi formación marxista. No es una militancia, aunque hace muchísimos años sí. Estaba más a la izquierda que la Fede (más risas). Aun así, yo tuve siempre una visión crítica del comunismo argentino. Un comunismo raro, el argentino. Creo que con Américo Ghioldi y Arturo Capdevila se acabó una etapa. Luego se transformó en un partido que no tenía destino. Mi formación marxista se completa hasta hoy, ya que sigo leyendo y actualizándome.


-¿Gramsci sería el último gran pensador del marxismo?


-Sí (duda). Gramsci sería el intérprete más actualizado. Pero demasiado sofisticado para ser real (carcajadas). A Gramsci ahora lo lee hasta la derecha y los liberales, para ver si pueden entender el marxismo (risas). Es muy difícil entenderlo, porque hay que hacerlo desde el sentimiento y la racionalidad. El fracaso del marxismo como sistema de gobierno es relativo. Lo de China es un marxismo exitoso, ¿no?


-Chiche, la economía de China no parece tan comunista…


-Claro, la economía es totalmente de mercado. Ellos tienen una economía de mercado con un sistema político totalmente comunista. Rusia fue el mayor fracaso del comunismo, pero China es un modelo exitoso. No hay ninguna duda. Con las limitaciones que tiene el comunismo. No hay elecciones. No hay libertades. El gran problema es cuando los chinos quieran votar. Y ahí va a haber un quilombo en serio (risas).


-Quiero volver varios años atrás en tu vida. A la época en que cantabas tangos y comenzabas tu carrera como periodista. Me interesa saber cómo fue tu relación con Leonardo Favio.

Leonardo Favio


-Era un chico complicado. Lo conocí en su comienzo y también en su triunfo. Tenía una mentalidad muy atormentada y muy inteligente. Y su éxito no era el típico de un Palito Ortega, por ejemplo. Favio siempre era más torturado. La había pasado muy mal. Palito lo que vivió fue pobreza. En cambio, Favio padeció la marginalidad. Tenía una historia muy difícil. Y como director de cine un gran talento. (Piensa) Cuando le llegó el éxito tampoco supo aprovecharlo.

Así como entraba la guita, se fue.


-Casi parecida a la historia de tu mega productora.


-(Risas) No nos ayudó el país. El proyecto era muy lindo, pero no nos acompañó el país (más risas).


-Cuando cantabas tangos eran los de Osvaldo Pugliese, ¿para seguir la estirpe comunista?


-Sí. Me parecía entonces que los tangos de protesta eran los que había que cantar. Hasta en eso he sido coherente, ves.


-¿Y Astor Piazzolla? ¿Era el enemigo?


-No, no me molestaba. No era de mi interés.


-¿Cantas en la actualidad?

Mauricio Runno entrevista a Chiche Gelblung


-No. Solo en privado. No cultivé esa veta. Pero me siento muy orgulloso de haberlo hecho. Y de haber pertenecido a la generación de la Botica del Angel. Fue un lugar iniciático. Ahí arrancó Favio, Susana Rinaldi, Pepito Cibrián, muchísima gente.

-¿A qué político le comprarías su coche usado?


-A ninguno. La esencia de la política es la mentira. No lo digo yo, sino que lo dice Jean-François Revel. Él es uno de los grandes analistas políticos del siglo XX. Escribió un libro llamado “El conocimiento inútil”. Y desde el comienzo del texto afirma que la esencia de la política es la mentira. Los políticos tienen que mentir. Y mienten todo el tiempo. Las promesas de campaña se pueden cumplir. O no (risas).


-¿Cómo percibís la flamante administración del país? ¿Es Alberto Fernández el presidente real?


-Yo creo que sí, que es el presidente. Y también creo que no debe ser fácil. Mantengo en alto las expectativas. Pero todavía no hemos visto nada. Pero puede ser que funcione.


-¿Ves algún indicio o es pura esperanza?


-Ajjjjjj (suspira).


-La verdad, Chiche.


-¿La verdad? Hasta ahora no veo nada yo. Sé que hay cosas que se han hecho, pero yo, no sé, no veo nada hasta ahora. Nada que me pueda conmover o que me diga, éste tipo la tiene clara. Todo este tema de primero la deuda, después el desarrollo económico… pero todo supeditado a la deuda, a mí me parece raro. Yo creo que no tienen un plan definido. Y eso me preocupa.


-¿Cuáles serían las mejores habilidades de Cristina y de Macri?


-Cristina es una persona con una capacidad privilegiada de análisis político. Y lo que tiene Macri es que… nadie que llega a presidente es boludo. Son dos tipos de inteligencias. Para llegar es una. Y para gestionar es otra. Nadie llega a la Casa Rosada de pedo.


-Para cerrar te propongo que pensemos a la Argentina, en su totalidad, como una mujer. ¿Qué clase de tipa sería, cómo la definirías?


-(Piensa). Una chica complicada (ríe). Me gustaría encontrarle un nombre… (piensa). Sería como una histérica: estás cerca pero nunca estás tan cerca como para estar seguro. Y es seductora pero cuando te acercas… Es una mina rara (risas).