retrato

Ángel de la soledad, Rosario siempre estuvo cerca

Paradigma de la resiliencia, "fideo" ha vuelto a casa y sin darse cuenta, quizás, de que hoy día representa simbólicamente la argentinidad que siempre aflora en los momentos más complejos.

Fabián Galdi

Flaco, de andar desgarbado, casi la imagen de un antihéroe. Ahí anda, en la parábola de un beso al viento surgido de su botín izquierdo y que desemboca en un maracanazo. Alli retorna, escurridizo y sagaz para que una finalissima se tiña de albiceleste en otro icónico escenario de un teatro de los sueños llamado Wembley. Ahora viaja eyectado en el sueño de cuarenta y cinco millones que construyen un gol a lo Diego, pero en modo colectivo. Y ahí repite el ritual del corazoncito en sus manos, del que creemos poseer un porcentaje porque sabemos que el tiempo está favor de quienes sueñan, aunque el mensaje real del gesto sea para quien lo acompañó en los momentos más difíciles, y con razón.

Está aquí, otra vez. Rompió el molde de vuelta. Desafió a la previsibilidad subjetiva. Confió en su retrospectiva visión moldeadora. Se subió por millonésima vez a la bicicleta, esa bicicleta, fórmula uno a pedaleo constante y sin desmayos, ida y vuelta, una y otra vez, del frío polar al calor infernal, del viento huracanado a la humedad de las gotas del sudor. Una y otra vez, pedal al infinito; siempre.

La resiliencia es tu documento universal de identidad. Tantas veces te mataron, tantas veces te moriste, sin embargo estás ahí, resucitando. Ángel de la soledad y de la desolación, preso de tu ilusión vas a bailar...no querés girar maniatado, querés faulear y arremolinar, medís tu acrobacia y saltás, tu secreto es: la suerte del principiante no puede fallar.

Y ahí estás, en la tierra que vas sembrando sin saber cuándo será el tiempo de la cosecha. Vistiendo un uniforme que una multitud de miles y miles ven de rayas azules y amarillas, pero que también millones de millones lo siguen viendo a bastones celestes y blancos...pero con tres estrellas en el lado izquierdo del pecho.

Bienvenido al país de los sueños, donde la argentinidad penetra a través de los poros y en el que tu suelo nunca estuvo lejos, porque en el cuore...siempre estuvo cerca.

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