Sergio Levinsky · @Sergiole en Twitter

El Barcelona no es lo mismo pero es igual

Diario Jornada | Miercoles, 24 de Octubre de 2012 : 09:45

El notable poeta cubano Silvio Rodríguez dice en una canción que ama a una mujer que lo ama sin pedir nada o casi nada, que no es lo mismo pero es igual.

Y se puede entender la diferencia. En el fútbol, este Barcelona que venció por 2-1 en el Camp Nou al Celtic de Glasgow, que marcha primero y sin problemas de clasificación en su grupo con los nueve puntos obtenidos en los tres partidos, que apenas si cedió un empate (ante el Real Madrid) en las ocho fechas de la Liga Española, y que mantiene al grueso de sus estrellas, es igual a otros años, pero no es lo mismo.
Desde que al terminar la temporada pasada Josep Guardiola anunciara el final de su brillante trabajo de cuatro años, con él se fue algo más que un mero entrenador. Su capacidad de transmitir a los jugadores, las formas para motivar (nadie se olvidará de aquella frase en la previa al superclásico en el estadio Santiago Bernabeu con lo del “puto amo” dirigida a José Mourinho que luego se multiplicó en cientos de miles de camisetas en toda Cataluña), su capacidad intelectual y hasta su gran pasado como jugador y capitán en el “Dream Team” de Johan Cruyff le otorgaban un plus que ahora, con su sucesor, Tito Vilanova, evidentemente ha perdido, aunque conserve el mismo estilo y la misma filosofía.
Y no es nada contra el nuevo entrenador, inexperto en clubes de Primera División aunque justo heredero del cargo luego de haber sido el ayudante de Guardiola. Todo lo contrario: Vilanova ha tratado por todos los medios de ser la copia más fiel posible de su ilustre antecesor, pero suele ser muy difícil lo de superar al original.
Este Barcelona es igual a los otros pero no es lo mismo, porque está desarticulado atrás, en parte por la mala racha de lesiones y suspensiones, pero no sólo por eso, sino porque le fueron tomando la mano en los contragolpes que lo encuentran casi en igual número de jugadores que atacan y defienden y porque si no están Gerard Piqué y Carles Puyol, sufre mucho en el juego aéreo.
Es igual pero no es lo mismo porque en el ataque, la distancia que hay entre los goles que marca Lionel Messi por año, y el resto de sus compañeros, es sideral y termina siendo muy poco homogéneo. Ni Pedro Rodríguez ni el chileno Alexis Sánchez atraviesan un buen momento (el canario, desde hace bastante tiempo) y Tello parece aún algo verde, aunque sea clara su capacidad y su proyección.
También ha cambiado, aunque sutilmente, el rol que Messi tiene en el equipo, mucho mayor que en los tiempos de Guardiola, en buena parte por sus notables rendimientos, pero se nota una creciente influencia en las decisiones dentro y fuera del campo de juego.
También comienza a verse, en algunos partidos, cierta repetición en los movimientos de ataque, acaso por el convencimiento de su entrenador acerca de que no es necesario jugar con un centrodelantero clásico a partir del “fracaso” de la experiencia del sueco Zlatan Ibrahimovic hace tres temporadas (cuando, en cambio, fue brillante la época de Samuel Eto’o y tampoco fue mala la de David Villa, hasta su lesión, aunque ahora ya no parece contar demasiado).
Lo cierto es que cuando el Barcelona se encuentra con equipos que se quedan atrás, jugando limpio o no (en el caso del Celtic, ayer, con total honestidad y atacando cuando pudo, que fueron pocas veces), por momentos insiste con la misma fórmula, que es loable en cuanto a su filosofía de jugar siempre por abajo, tratando bien el balón y abriendo la cancha con extremos, pero comienza a notarse la necesidad de un goleador asociado a Messi, y movimientos nuevos que sorprendan tácticamente al adversario.
Seguimos creyendo que por momentos es un lujo ver en acción al Barcelona, con notables jugadores, muchos de ellos irrepetibles, y otros, una gran promesa para un futuro cercano (ayer le tocó el turno a Bartra, proveniente de la cantera), y sigue siendo el equipo más estético del mundo y potencialmente, tal vez, el más fuerte, pero van apareciendo pequeños detalles que lo fuerzan a una “normalidad” mal entendida y contra la cual, Vilanova deberá luchar si no quiere morir en ella.
Contra el Celtic aparecieron algunos de esos fantasmas. Los cambios, bien hechos, debieron producirse mucho antes porque ni Pedro ni Alexis estaban en una buena noche y porque Villa era necesario (casi define si no fuera por el palo derecho del arquero escocés, al final), y dio la sensación de que Mascherano estaba más preparado, por experiencia, para suplantar a Busquets (suspendido) y que Song debió jugar como marcador central, cambiando de rol con el argentino.
El Celtic atacó demasiado poco, pero le bastaron dos llegadas para marcar o generar una sensación de peligro. Un alerta roja para un Barcelona que sigue marcando goles, pero al que le marcan, ya demasiado.
Por ahora, nada grave ni que se salga de madre, pero este Barcelona que por momentos deleita, que tiene en sus filas al mejor jugador del mundo (Messi), capaz de golear a todos, va necesitando un lavado de cara, algunas variantes, y algunos nuevos movimientos.
El gran acertijo pasa por saber si Vilanova será capaz de que el Barcelona vuelva a ser, en todos los aspectos, como en los cuatro años anteriores. Hoy es igual que antes, pero no es lo mismo.

Diario Jornada Mendoza

Sergio Levinsky

Periodista y sociólogo argentino. Trabajó en Clarín, El Gráfico, Humor, El Cronista, canales de TV América, en los diarios El País y El Mundo (Madrid) y Cadena SER (España). Actualmente es columnista de Jornada y de Yahoo (Japón), y colabora para medios como FIFA Magazine.


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