Sergio Levinsky · @Sergiole en Twitter

Messi y Cristiano, de 1714 a 2012

Diario Jornada | Miercoles, 10 de Octubre de 2012 : 09:54

Se había anunciado en la semana y se cumplió a rajatabla, a tono con la moda de utilizar un momento simbólico de un partido para reivindicaciones de todo tipo.

 Así fue que exactamente en el minuto 17 con 14 segundos, rememorando el año 1714, cuando Felipe V abolió las instituciones catalanas tras la caída de Barcelona ante las tropas borbónicas creando un Estado centralista, el Camp Nou gritó “Independencia” y de esta forma, le entregó al clásico un matiz extraordinario, aún más fuerte que la rivalidad futbolera, que ya de por sí venía politizada en los últimos tiempos.
Es que el gran partido del fútbol mundial que hoy es el Barcelona-Real Madrid, vino a caer justo en Cataluña en momentos históricos en los que la independencia de España se encuentra en pleno debate y para muchos, al caer, luego de que el pasada Diada (Día Nacional) del 11 de setiembre pasado, dos millones de catalanes salieran a la calle reivindicando la secesión de España, lo que motivó a su vez un llamado a elecciones del presidente de la Generalitat, Artur Mas, para el próximo 25 de noviembre, lo que significa que de contar con un apoyo mayoritario, el camino hacia la separación quedaría casi liberado.
Se sabe que desde hace ya mucho tiempo, el Fútbol Club Barcelona (“Más que un club”, suelen decir sus seguidores) representó mucho más que un club o un equipo de fútbol, sino que fue la cara de reivindicaciones catalanistas desde los propios tiempos de la dictadura franquista, cuando muchas generaciones no podían estudiar catalán en la escuela y hoy no pueden escribirlo o lo han aprendido solo en sus casas, escuchándolo.
Es en este contexto en el que se jugó un partido de fútbol que a su vez tiene sus propios duelos. De estilos (horizontal el Barcelona, que practica un fútbol de posesión, de toque, de paciencia; vertical el Real Madrid, que en dos o tres pases puede llegar al gol, con un gran potencial ofensivo y con una fuerte defensa, siendo el medio apenas un lugar de paso), de entrenadores (perfil bajo para Tito Vilanova, casi el dueño de las decisiones del club con férrea disciplina en el caso de José Mourinho) y de jugadores, en especial, los considerados mejores dos delanteros del mundo: Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, aunque hay muchas otras estrellas en ese firmamento.
Y no nos defraudaron en absoluto. Al contrario. Fue un clásico cambiante, como hoy lo pueden ser dos equipos aún en formación en lo que no deja de ser el inicio de la temporada. Dominio del Real Madrid en el inicio, con chances hasta de sacar una enorme ventaja, y que al fin capitalizó Cristiano Ronaldo.
Equilibrio del Barcelona cuando un Messi sin mucha participación en la elaboración del juego, como es la tendencia extraña de este último mes en el que se lo nota algo ido, fue oportuno para rematar una ocasión de gol y empató el partido.
Luego volvió a aparecer para colocar el 2-1 con uno de sus brillantes tiros libres, lejos del vuelo inútil del gran Iker Casillas (cierta prensa fanática de Madrid polemizó con que el arquero no hizo el esfuerzo necesario por estar enfrentado al entrenador, algo increíble).
Luego, empate de Cristiano Ronaldo tras gran pase al vacío, típico de los blancos, de Mezut Özil a Cristiano Ronaldo. Dos goles para cada uno, y una muestra, una vez más, del tremendo momento que viven los dos grandes del fútbol mundial, aunque en la Liga haya aparecido esta vez el colombiano Radamel Falcao, en un Atlético Madrid de Diego Simeone que alcanzó al Barcelona en el liderazgo, para interponerse con los mismos goles (ocho) y mucho menos presupuesto.
Ni el Barcelona ni el Real Madrid, como citamos, se encuentran ya equilibrados y con el equipo seguro para lo que queda de temporada, que es mucho. Los azulgranas tuvieron que improvisar la defensa tras la enésima lesión de Carles Puyol y otra menor de Gerard Piqué, y ni bien comenzó el partido, Martín Montoya tuvo que suplantar a Daniel Alves. Pero se arreglaron bien con un soberbio Javier Mascherano (¿lo verá Alejandro Sabella?), ayudado por Adriano en una posición poco frecuente.
Arriba, la sensación es que si Messi no se encuentra en un buen día, el gol puede tardar mucho en llegar. Porque Vilanova no recurre mucho a David Villa, que necesita minutos tras larga ausencia de las canchas, y porque ni Pedro, ni Cesc están finos en la definición, y los cracks de atrás gustan de tocar, pero no tanto de concluir.
El Real Madrid tampoco parece tan definido como en la temporada pasada. Los problemas de Sergio Ramos con Mourinho son evidentes y entonces entra y sale de la titularidad, y el entrenador portugués aún no se decantó entre Gonzalo Higuaín y Karim Benzema, y mucho menos entre Özil, un Kaká renovado y el recién llegado Luka Modric, aunque el esquema es el de siempre.
El empate, que no cambia las cosas, que mantiene la distancia favorable al Barcelona de ocho puntos, en este sentido, no dice mucho porque queda un largo tramo. Apenas si acomoda las piezas. Pero sí ha dejado la huella de Cristiano Ronaldo y Messi, más claro que nunca en lo que tal vez pudo haber sido el último clásico de Liga de la historia en el Camp Nou.
Con estos dos tantos, Messi quedó a solo uno del máximo anotador de la historia del clásico, que no es otro que su (y nuestro) compatriota Alfredo Di Stéfano. Como para que no digan que el mayor clásico de España (y hoy del mundo) no tiene un tinte argentino, aunque el tema haya sido la independencia (o no) de Cataluña.

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Sergio Levinsky

Periodista y sociólogo argentino. Trabajó en Clarín, El Gráfico, Humor, El Cronista, canales de TV América, en los diarios El País y El Mundo (Madrid) y Cadena SER (España). Actualmente es columnista de Jornada y de Yahoo (Japón), y colabora para medios como FIFA Magazine.


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