Tras el esperpento de los hechos de violencia del fútbol vivido en el pasado fin de semana, la posibilidad de la clase dirigente de salir del ridículo se va acotando, pero siguen pasando los días y nadie parece querer asumir la responsabilidad.
El Estado reclama a los directivos de los clubes que aporten las listas de admisión para frenar a las barras bravas. Muchos de éstos sostienen que es el Estado el que no les da respaldo. La Justicia parece hacer la vista gorda a los violentos, mientras son castigados los plateístas que arrojaron un cartel a los suplentes de Independiente en la Bombonera en el partido de ida de la Copa Sudamericana, con la sensación de que siguen pagando los perejiles, mientras los profesionales de la violencia siguen viento en popa.
Pocas veces, como este sábado pasado, hubo una batalla más anunciada que la de las facciones de la barra brava de Boca Juniors en la ruta Buenos Aires-Santa Fe, camino al estadio de Unión. Faltaba decir en qué minuto, nada más.
Las amenazas de los violentos de Rafa Di Zeo, que anunció su retiro de la “actividad” como si fuera Martín Palermo (a quien le disputaba muchas veces la cantidad de autógrafos firmados en distintas provincias en las que jugaba el equipo), sobre que “a todos los traidores los vamos a matar”, cantada en la propia sede de Tribunales en Buenos Aires luego de ser exonerados de una causa por asociación ilícita durante los últimos meses, no fueron tomadas demasiado en cuenta por la dirigencia, aunque se haya montado una escena para los medios con una supuesta “prevención”.
Lo cierto es que sin Di Zeo pero con el resto de los caciques, se produjo el enfrentamiento con armas de fuego entre la facción de la barra brava ahora oficial (la de Mauro Martín) y la que no recibe ya más entradas de favor, “jubilado” su líder. ¿Más simbólico del fútbol que eso? Ni que fuera una eliminatoria: el ganador se queda con las prebendas. El eliminado, a casa.
Llamó la atención que luego de ser baleado e internado de urgencia en un hospital rosarino, un oficial de Policía negara a los medios la información correspondiente, y un juez autorizara a su familia no sólo a trasladarlo a Buenos Aires, aunque se haya abierto una causa por lo ocurrido en la ruta, sino que fue acompañada por custodia uniformada. ¿A algunos de ustedes, amigos lectores, los acompañaría la custodia policial si tuvieran alguna urgencia y debieran ser trasladados de urgencia a otra ciudad por la ruta?
Para que esto pase, se necesita tener demasiado poder. Lo que sostenía el supuestamente retirado Di Zeo acerca de que tener el poder “es tener el teléfono de los que tienen poder”. Clarito como el agua. Y parece ser así.
Tanto, que el presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, no parece muy preocupado por estos muchachos y sí, en cambio, por perder la condición de local luego del Boca-Independiente y el “Cartel-Gate” y no tener que jugar contra Atlético Rafaela en otro estadio. “Que nos clausuren ese sector”, pide el amigo del jefe de la Ciudad de Buenos Aires y su mentor político, Mauricio Macri, buscando equiparación con lo sucedido en el Monumental de River Plate cuando en un sector de plateas asesinaron al joven Gonzalo Saucedo el pasado 12 de junio.
Esos muchachos del cartel arrojado hacia abajo a los suplentes de Independiente (a los que también se les aplicaría el derecho de admisión en la Bombonera) corren el riesgo hasta de la expulsión como socios de Boca, lo cual no está mal, sino que pone en ridículo la complacencia de los dirigentes con los profesionales de la violencia, los que viven de ser barras bravas, disparan tiros, se dedican a apretar jugadores o socios que quieren participar en las reuniones de comisión directiva, o que quieren sacar tajada de la masa de dinero que entra al club. A esos no se les aplica derecho de admisión.
El motivo que esgrime Angelici (que no es para nada el único que lo hace) es que el Estado no lo respalda para tomar medidas mayores. No se entiende cómo las cámaras de TV sí pudieron identificar a los arrojadores del cartel, pero en ninguna oportunidad pudieron tomar el accionar de las barras bravas en ningún partido en la Bombonera. Casualidades de la vida. Como también, que en el caso de que las dos facciones de la barra brava ingresen a la Bombonera (porque no hay derecho de admisión), cada una vaya a parar a una cabecera, bien separados. ¿Cómo haría la Policía de la zona para determinar quién es quién, si supuestamente no debería conocerlos?
Tampoco el poder político parece estar a la altura. Desde aquella declaración falta de buen asesoramiento de la propia presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, quien ayer rectificó en buena parte, acerca del respeto que siente “por los del paraavalanchas” con el pedido a los clubes para que por fin entreguen las listas de admisión para no dejar pasar a los violentos y poder hacer valer del todo el sistema tecnológico de huellas digitales SABED.
Los violentos saben mejor que nadie que cuentan con la inestimable ayuda de los dirigentes de los clubes, y que no hay voluntad de combatirlos. Todo lo contrario. También saben que en el Estado no hay una política contra la violencia que genera el negocio del fútbol. Imposible que pueda haberla cuando muchos dirigentes del Gobierno están vinculados a distintas barras bravas multiuso. Y actúan en consecuencia. El resultado es conocido: la ONG Salvemos Al Fútbol ( HYPERLINK "http://www.salvemosalfutbol.org" www.salvemosalfutbol.org) reconoce 269 muertes en la historia del fútbol argentino, once de ellas sólo durante este año.
Unos y otros, dirigentes políticos y deportivos, no necesitan demasiada infraestructura para terminar con la violencia organizada. Aunque algunos insistan en que es imposible y que se necesita mucho, o siguen gastando fortunas en camaritas, PC portátiles e instrumentos de última generación, basta con preguntarle a Javier Cantero, el presidente de Independiente, cómo hizo para terminar con la suya en su club.
Seguramente temen la respuesta del valiente dirigente rojo, que consiste en una única y simple palabra: voluntad.
Periodista y sociólogo argentino. Trabajó en Clarín, El Gráfico, Humor, El Cronista, canales de TV América, en los diarios El País y El Mundo (Madrid) y Cadena SER (España). Actualmente es columnista de Jornada y de Yahoo (Japón), y colabora para medios como FIFA Magazine.
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