Sergio Levinsky · @Sergiole en Twitter

Ayer las cámaras, hoy los maletines

Diario Jornada | Martes, 31 de Julio de 2012 : 00:18

Cada tanto ocurre: los distintos gobiernos nacionales aparecen un día con una idea innovadora que supuestamente ayudará a terminar con la violencia del fútbol. Ahora sí, todo indica que por fin la Argentina pasará a parecerse a los países del Primer Mundo y no deberá soportar este flagelo, repiten funcionarios y buena parte de la prensa.

Si en los ochenta fueron aquellas cámaras que se instalaron en estadios con capacidad mayor de veinte mil espectadores (aunque un pícaro club bonaerense la disminuyó a 19.800 para no tener que cumplir con el requisito), con el objetivo de llegar a identificar a todos los asistentes, en los noventa fueron las listas de admisión, y ahora se presenta un maletín que toma las impresiones digitales que permiten identificar a quienes tienen antecedentes policiales.

Demás está decir que aquellas cámaras de TV no resolvieron nada y los muertos por violencia se multiplicaron al punto de que la ONG Salvemos Al Fútbol (SAF) registra 269 fallecidos hasta hoy, de los cuales nada menos que once corresponden al primer semestre de 2012. Es que cuando hubo que identificar a algún agresor, casualmente esas lentes estaban sin funcionamiento, o tapadas.

Los listados para el derecho de admisión apenas si fueron suministrados, y a veces, por algunos organismos de Seguridad estatales, provinciales o municipales, y hasta se dio el caso de que Mónica Nizzardo, la presidente de SAF, tuvo que apersonarse a la puerta de acceso de los estadios para hacerle ver a la Policía y a las autoridades, que no se aplicaba y que en muchos casos,  estaban escritos precariamente, con una birome y en una hoja cualquiera de papel.

¿Es posible que ahora estos maletines, presentados con toda la pompa, vayan a cumplir el supuesto deseo de terminar con la violencia en los estadios, cuando los antecedentes que tienen que aparecer dependen de un nuevo listado de barras bravas que deben entregar los dirigentes de los clubes?

No parece serio, y no lo es. Tanto, que el presidente de Independiente, Javier Cantero, no necesitó de ninguno de estos artilugios para desterrar a la barra brava del club en menos de un año en el cargo. Sin embargo, sus colegas de Boca Juniors, Daniel Angelici, y de River Plate, Daniel Passarella, aplaudían cada intervención presidencial.

El que aplaudía el nuevo mecanismo para terminar con la violencia en los estadios, ¿es el mismo que sabe que en el primer partido oficial en la Bombonera deberá evitar el enfrentamiento entre dos facciones de “La 12”, con el regreso de Rafa Di Zeo, que tras ser declarado inocente en un juicio por un enfrentamiento, se fue cantando con su banda, en pleno Palacio de Tribunales, “a todos los traidores los vamos a matar”?

El que aplaudía el anuncio del maletín, ¿es el mismo que consintió y fue a juicio porque en el estadio Monumental –escenario días pasados del asesinato de Gonzalo Saucedo-, en el entretiempo de la Promoción ante Belgrano,  su barra brava atravesó el túnel e ingresó en el vestuario del árbitro Sergio Pezzotta, al que apretó para que cobrara un penal a los locales en el segundo tiempo?

Una vez más, el Estado deja la importante decisión de terminar con la violencia en los estadios en manos de la AFA y sus dirigentes, algo así como dejar a las gallinas a cargo del zorro, a sabiendas de lo que eso significa. Y lo que es peor, en este caso, es que luego desde el más alto cargo político se confunda al hincha común con los que realmente van a los estadios a “hacer bardo” y forman parte funcional de la industria del negocio del fútbol.

A los dirigentes del fútbol ya se los conoce de sobra. Basta con que el poder político, especialmente el actual, conozca cómo gastaron la enorme masa de dinero que recibieron desde la implementación del programa Fútbol Para Todos, que no sólo no les permitió sanear sus finanzas sino que, debiendo en la mayor parte de los casos dinero a Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) e inhibidos por eso de contratar nuevos jugadores, lo siguieron haciendo como si nada les importara.

Pero no sólo eso, sino que parte de ese dinero recibido en estos años, sustancialmente mayor a tiempos anteriores a 2009, fue parte de un botín pretendido por facciones de las barras bravas que ya no necesitan ir a buscar a sus rivales, ni mucho menos interesan otros “trapos”. La lucha se hizo interna porque las ganancias estaban en casa, demasiado cerca, pero nadie dio demasiada explicación al Estado. Ni siquiera a la AFIP cuando ésta lo requirió, tímidamente.

Porque por alguna razón simbólica, o política, que merecen un mayor estudio, el Estado prefiere meterse con Repsol, con las AJFP, con la estatización de Aerolíneas Argentinas, con la CGT, pero no con el fútbol.

La AFA sigue siendo intocable, en un nivel casi de embajada. Lo que sucede en la sede de Viamonte 1366 queda en ese edificio, no se osa tocar.

Por eso, una vez más, como tantas veces, los dirigentes aplaudieron, sonrientes, esta “innovación” tecnológica para que todo siga como entonces y en los próximos días escribamos sobre las nuevas víctimas del negocio de la violencia del fútbol.

Ahora le tocó al maletín. ¿Qué nos traerán mañana?

Diario Jornada Mendoza

Sergio Levinsky

Periodista y sociólogo argentino. Trabajó en Clarín, El Gráfico, Humor, El Cronista, canales de TV América, en los diarios El País y El Mundo (Madrid) y Cadena SER (España). Actualmente es columnista de Jornada y de Yahoo (Japón), y colabora para medios como FIFA Magazine.


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