Por más que el director técnico Vicente Del Bosque desde su honorable serenidad advierta que el tercer título consecutivo (dos Eurocopas y un Mundial) no podrá alterar la situación de crisis que viven los españoles
Por estos días hay una sensación de que el fútbol es, hoy, de lo poco que vale la pena rescatar cuando el presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, acaba de anunciar un recorte de 65.000 millones de euros en dos años y, aún peor, que “es lo que hay” y que, por primera vez en los últimos tiempos, el país ya no depende de sí mismo sino del monitoreo de la Unión Europea, a partir de un préstamo de 130.000 millones.
El fútbol, en cambio, parece corresponderse con un país de Primer Mundo, que como consecuencia directa del progreso a partir de su entrada en la UE en los años ochenta, y de los acuerdos en la incipiente democracia postfranquista, hizo de los españoles jóvenes, además de más altos y apuestos, gente abierta al mundo, y sin pruritos para imponerse en cualquier lugar por sus propias capacidades, desde científicos hasta artistas o deportistas.
Lejos estamos de aquel reportaje de hace una década, cuando un tímido Iker Casillas nos manifestaba su sana envidia a nuestra argentinidad futbolera por el lugar que ocupaba nuestra selección nacional en los medios, la prioridad que se le daba y el feeling con su gente.
Todo eso cambió mucho a partir de que Luis Aragonés se hiciera cargo de la selección española a mediados de la década e impusiera el criterio de “La Roja” y no más de aquella “Furia” que significaba correr y transpirar, con mucho más esfuerzo que ideas. Esto coincidió con la llegada del holandés Frank Rikjaard al banco de suplentes del Barcelona, el retorno al modelo de Johan Cruyff de posesión de pelota y de pasarla al jugador sin marcaje.
Como bien dijo un periodista italiano en el “Corriere della Sera” al día siguiente de la durísima derrota de su selección en la final de la Eurocopa de Polonia y Ucrania por 4-0, el Calcio debe irse del torneo viendo el vaso más lleno que vacío, porque esa caída final, con un jugador menos durante medio tiempo (Thiago Motta se fue lesionado cuando Césare Prandelli ya había hecho los tres cambios) y dos en una pierna (Chiellini primero, Balzaretti luego), no cambia todo lo bueno hecho anteriormente, con un juego que termina la era del Catenaccio apostando por un fútbol mejor, que llegó a la definición dejando atrás la fase de grupos, y luego, a Inglaterra y a Alemania. No es poco y hay futuro.
Pero ese mismo colega italiano, agregaba que perder contra España, aunque sea por cuatro goles, no es para quedarse tan mal. Porque “La Roja” es hoy el mejor equipo del mundo y no es sólo una generación irrepetible, como se apresuró a decir el presidente de la Federación, Angel María Villar (una especie de Julio Grondona ibérico).
España viene preparándose desde hace mucho para este momento. No hay improvisación. Xavi y Casillas, por ejemplo, fueron campeones mundiales sub-20 en Nigeria 1999 y atrás de estos cracks de hoy vienen los Thiago Alcántara, Iker Muniaín, Ander Herrera, Azpilicueta, Montoya o De Gea de la sub-21 campeona de Europa de 2011, o los Aurtenetxe, Morata, Paco Alcácer y Gerard Delofeu –éste último, consideradocomo el Messi que viene en el Barcelona-, de la sub-17 también campeona continental.
Con epicentro en La Masía del Barcelona o Lezama de Bilbao, tal como la España que produce, que mayormente se encuentra en Cataluña y País Vasco, las dos regiones con mayor índice separatista al mismo tiempo, los juveniles se reproducen con un criterio estético al que no se renuncia por nada del mundo y que hoy ya se puede contemplar en el equipo principal: Hay talento, pero además, atrás, hay una idea que se respeta a rajatabla.
Hoy, España tiene poco para exportar. Acaso la Liga Española y especialmente el notable juego de su selección o el interminable duelo (futbolístico y mediático) del Barcelona y el Real Madrid, de descanso por estos días a la espera de la nueva temporada que comienza en agosto, sea la imagen más agradable que pueda exhibir un país que pasó del “aquí eso jamás sucedería” al “¿a dónde iremos a parar con todo esto?” en muy poco tiempo.
En este sentido, la Eurocopa sirvió para bajar los decibeles de la angustia, pero también pudo haber aportado confusión, como cuando Rajoy dejó todo, deuda y dramas sociales, para sentarse en el Palco de Honor en la final y sumarse a los festejos del fútbol, así como antes de la final, en plena euforia por haber eliminado a Alemania, un diario italiano tuvo el desagradable tino de titular “Ciao Cullona”, con clara destinataria.
Por eso, España da cátedra en fútbol desde los jugadores a su notable entrenador actual, Del Bosque, educado, medido, silencioso, que dice lo justo, marqués por sus logros y su comportamiento, echado por el presidente Florentino Pérez, del Real Madrid, aún siendo campeón de Liga en 2003 por ser panzón y algo pelado, que no parecía medir bien para una campaña marketinera llena de estrellas que terminaron perdiéndolo todo en el futuro.
Una selección en la que los jugadores no tienen problemas en hablar con la prensa, y que se acuerdan de los cuatro futbolistas fallecidos en los últimos tiempos, y en la que su arquero, uno de los dos mejores del mundo, Casillas, pedía por favor al árbitro que terminara por fin el partido final para que sus colegas italianos no padecieran más la sideral distancia futbolera con su vencedor.
En esa selección, que atrae tanto con su fútbol, que gana títulos, que marca récords, que tiene a diez de sus once titulares en el equipo ideal del torneo, al mejor jugador (Iniesta) y al goleador (Torres), su entrenador Del Bosque parece tener las cosas mucho más claras que el presidente y coloca las cosas en su justa medida, con declaraciones sobrias, lejos de sacar provecho político ni mediático (ya algunos, que nunca faltan, llegan a comparar este equipo al de Brasil de Pelé en México 1970).
El fútbol de España, hoy, se ha transformado en un oasis en medio de la crisis. Tal vez señale un camino.
Periodista y sociólogo argentino. Trabajó en Clarín, El Gráfico, Humor, El Cronista, canales de TV América, en los diarios El País y El Mundo (Madrid) y Cadena SER (España). Actualmente es columnista de Jornada y de Yahoo (Japón), y colabora para medios como FIFA Magazine.
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