Sergio Levinsky · @Sergiole en twitter

Alemania-Grecia, la Euro y el euro

Diario Jornada | Viernes, 22 de Junio de 2012 : 11:30

Hace mucho tiempo, tal vez desde el Estados Unidos-Irán en el Mundial de Francia 1998, o el Argentina-Inglaterra de México 1986, que no estábamos en presencia de un partido con tantas connotaciones políticas como el que hoy a las 15,45...

... (20,45 de Polonia) van a jugar Alemania y Grecia por los cuartos de final de la Eurocopa de fútbol
Será a todo o nada entre dos selecciones que responden en la relación entre sí casi con la misma distancia que hay entre ambos países en cuanto a situación política y económica.
Uno, opulento, parece que quisiera acumular poder y pasar el rastrillo sobre los restos de una Europa occidental en retirada (Alemania), que al mismo tiempo, no sólo cuenta con un equipo muy fuerte (para su gran estrella histórica, Franz Beckenbauer, es aún superior a otros conjuntos teutones que ganaron mundiales) sino que cuenta en sus filas con jugadores hijos de inmigrantes, algo impensado medio siglo atrás.
El otro equipo representa a un país en ruinas que trata de proteger las escasas joyas de la cultura que marcó a Occidente y que cuenta ahora con tan sólo 2500 millones de euros en su Banco Central y que parece hacer respirar con cierto alivio al resto del continente tras las elecciones ganadas por muy escaso margen por el conservador Antonis Samaras sobre el rebelde Alexis Tsipiras, del partido Syriza, que proponía lisa y llanamente salir del euro, una solución “a la argentina”, con miras a lo ocurrido en 2001, y que en fútbol se encuentra, técnicamente, a años luz de su adversario.
Sin embargo, nada está dicho en el partido que deben jugar hoy en Gdansk, una ciudad polaca que como nunca aparece como marco adecuado porque se trata del sitio en el que emergió a fines de los años setenta y principios de los ochenta el movimiento sindical “Solidaridad”, a cargo de Lech Walesa, que ayudó a determinar el principio del fin de la Unión Soviética.
Es en esta ciudad, entonces, en la que alemanes opulentos en euros y juego, y griegos de economía raquítica y juego especulativo, físico y contragolpeador, se eliminarán buscando las semifinales de la Eurocopa, tal vez con la canciller Angela Merkel en las tribunas.
“Ni yo le pregunto de política, ni ella me pregunta de fútbol”, suele decir el joven entrenador de la selección alemana, Joakim Low, ex ayudante de Jürgen Klinsmann hasta quedar en el cargo principal a la salida de éste tras el buen Mundial 2006. A partir de entonces, el equipo cambió y apostó por un juego vistoso, ofensivo, y de toque, aprovechando la composición social de los convocados: un delantero con sangre española (Gómez), dos nacidos en Polonia (Podolski y Klose), dos de origen turco (los madridistas Khedira y Özil) y hasta un ghanés (Boateng) son parte importante del plantel.
Por contrario, si algo caracteriza a los griegos es el máximo aprovechamiento de sus esporádicos ataques. Hace dos Eurocopas, en la de Portugal 2004, y dirigidos entonces por un alemán, Otto Rehlagel, vencieron a los locales en el partido inaugural y en la final, siempre defendiendo y sacando partido de algún ataque ocasional, generando la gran sorpresa de los últimos tiempos en el Viejo Continente.
Aunque luego no pudieron mantener el nivel, pudieron clasificarse para Sudáfrica 2010 (muchos recordarán aquel 2-0 con el que la venció la selección argentina, en especial porque Martín Palermo convirtió ese día su único tanto mundialista) y si en esta Eurocopa eran convidados de piedra en un grupo con Rusia, Polonia y República Checa, en el que comenzaron muy mal, terminaron sacando petróleo de una ocasional victoria final ante los rusos para llegar a esta instancia ante los alemanes, que en cambio, no sólo ganaron los tres partidos de la fase de grupos sino que, desde su derrota ante España en la semifinal de Sudáfrica ganaron absolutamente todos los partidos oficiales hasta hoy.
¿Con qué motivará a sus jugadores griegos en la charla previa el ahora entrenador portugués Fernando Santos? ¿Con aquellas gloriosas imágenes de Portugal 2004 o con la Merkel afirmando que no se tolerará un exceso de gastos y que se mantendrán los recortes y que se debe hacer caso a los mandatos alemanes en la Unión Europea? ¿Acaso con aquella diatriba que recorrió el mundo por youtube con el mítico Daniel Cohn Bendit del Mayo del 68 francés, gritando “ladrones” a los diputados de los países centrales en el Parlamento Europeo?
Todo puede ser, y la situación es la más atrapante posible. Ni que alguna fuerza poderosa de la naturaleza, o el Dios del Fútbol, si lo hay, lo hubiesen planeado mejor.
En la semana más dura de Grecia, en la que más que nunca tuvo que apelar a Alemania, y en la que como nunca Alemania estuvo en vilo por unas elecciones presidenciales griegas, teutones y helénicos deben verse las caras en el césped y eliminarse en un torneo de fútbol que para muchos es un Mundial pero sin Argentina, Brasil y Uruguay, la Eurocopa.
Ni la lucha de Cristiano Ronaldo por el Balón de Oro (ya con tres goles y en semifinales con Portugal), ni el gran juego de España, ni el resurgir italiano, ni la crisis profunda de los naranjas holandeses (a casa con cero punto habiendo sido uno de los favoritos), ni la visita de Mariano Rajoy a Polonia en plena crisis económica española, resisten en la comparación.
Hoy juegan Alemania y Grecia, por la Euro y acaso, simbólicamente, también por el euro.

Diario Jornada Mendoza

Sergio Levinsky

Periodista y sociólogo argentino. Trabajó en Clarín, El Gráfico, Humor, El Cronista, canales de TV América, en los diarios El País y El Mundo (Madrid) y Cadena SER (España). Actualmente es columnista de Jornada y de Yahoo (Japón), y colabora para medios como FIFA Magazine.


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