Sergio Levinsky · desde España, especial para Jornada

No es el mejor ambiente para el Real Madrid

Diario Jornada | Martes, 24 de Enero de 2012 : 23:50

Quienes lean este título pueden estar pensando, tal vez, en la referencia a la revancha de los cuartos de final de esta noche (22 horas de España, 18 horas de la Argentina) en el Camp Nou ante el Barcelona, contra el que perdió 1-2 en el estadio Santiago Bernabeu en la ida, y que le obliga a marcar al menos dos tantos como visitante.

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Pero no es así. Más allá de todas las inmensas dificultades que en el último tiempo representa el Barcelona para los blancos (un solo triunfo en nueve partidos), el mal ambiente que vive el Real Madrid tiene que ver con sus asuntos internos, mucho más que los relacionados con las escasísimas chances de avanzar en la competencia que ganó en la temporada pasada y justamente a su rival de hoy.

Es bastante particular el problema que atraviesa Real Madrid, porque no solo contrató a un entrenador de los quilates y el palmarés del portugués José Mourinho, ganador ya de dos Champions League con el Porto y el Inter, y de gran campaña en el Chelsea, sino que también contrató a los mejores jugadores de plaza como para cortar en diagonal la distancia que le fue sacando el Barcelona con una política de apostar hace ya muchos años a las divisiones inferiores.

Y es la primera vez que Mourinho, más allá de lo que manifieste, de sus peleas o sus exabruptos hacia la prensa madrileña, siente que no puede terminar de resolver el problema. Y todo por la sombra del Barcelona, porque puede decirse que si fuera por todos los demás equipos de la Liga e incluso de la Champions (en la que pasó a octavos ganando los seis partidos de la fase de grupos), o por su capacidad goleadora, que va camino al récord total en Liga, a punto de arrasar con el de “La Quinta del Buitre” de 1993 (107 tantos), y hasta por la solidez de su juego, es netamente superior a todos.

Sin embargo, es claro que el Barcelona representa a Mourinho una dificultad que por ahora es insalvable, sumado a que el maravilloso 5-0 que le propinaran los catalanes hace un año en el Camp Nou, le carcome la moral.

“Siempre hay una primera vez”, se sinceró Mourinho en una reciente conferencia de prensa, ante la pregunta sobre los silbidos con que lo recibió la mayoría de los hinchas en el Bernabeu el pasado domingo ante el Athletic de Bilbao, aun cuando sigue siendo el líder de la Liga al terminar la primera rueda, a cinco puntos del Barcelona, y solo los Ultrasur, los barrabravas a sueldo de la dirigencia, cantaron en su favor.

El madridismo está dividido entre los que ya no soportan las maneras y algunas posturas de Mourinho y los que (siendo minoría absoluta) siguen creyendo a pie juntillas en el portugués, aunque la gran masa comienza a pensar, no que no sea capaz ni que no se vayan a ganar títulos hasta en esta misma temporada, sino que tal vez, no sea del estilo del Real Madrid.

La gota que rebasó el vaso fue el planteo del partido de ida ante el Barcelona, más allá de la derrota, a lo que últimamente está acostumbrado el madridismo, pero la propia alineación mostró la absoluta falta de convicciones en el juego del actual entrenador.

Los propios jugadores creen que los planteos ante el Barcelona son demasiado especulativos, y desde mayo pasado, cuando el vestuario percibió que en el discurso se desprendía que tras la derrota como local en Champions, se tiraba por la borda la revancha en el Camp Nou, con la prioridad por no perder antes que revertir el resultado, las cosas no son iguales y los jugadores de mayor peso ya le discuten como a aquellos entrenadores sin espaldas tan anchas como las suyas.

Por estas horas circulan toda clase de rumores, y si el diario deportivo Marca impactaba en la mañana del domingo con una tapa en la que mostraba la división entre el núcleo de los españoles y el entrenador, a partir de una discusión post-partido del Bernabeu ante el Barcelona, el diario As, su competencia, dio a entender el lunes que el próximo 30 de junio, cuando acabe la temporada, Mourinho ya tiene decidido marcharse, pase lo que pase.

En este contexto se inscribe todo lo ocurrido con Pepe y su lamentable pisotón en la mano a Lionel Messi, que lo coloca como antihéroe y cargando en su espalda buena parte de un problema mucho más amplio, y que pasa primero que todo por las maneras de comportarse y por las actitudes en el propio campo de juego.

No puede haber pisotón de Pepe a la mano de Messi si antes no hubo dedo en el ojo del propio Mourinho a Tito Vilanova, el ayudante de Josep Guardiola en el Barcelona, o lloriqueos argumentando arbitrajes parciales a favor de los rivales, o diferencias de horas de ventaja en el descanso entre partidos.

Mourinho y sus planteos va generando estos climas de los que luego resulta muy difícil salir y ahora, una vez más, debe jugarse el pase a semifinales de la Copa del Rey en un estadio demasiado complicado, con el público en contra, la diferencia de gol en contra, y un clima demasiado inestable como para una remontada. El Real Madrid debería despojarse de demasiados complejos para pasar de rueda, y no parece ser esta la ocasión.

Mucho más, cuando se le pregunta a Mourinho (como ayer) si se siente cómodo en el Real Madrid y la respuesta es apenas un sonido “Mmm”, o cuando se le consulta si abandonará el club el 30 de junio y responde “no sé”.

Por las dudas, precavido, Guardiola hizo concentrar a su equipo para que pese a todo lo que le está pasando al Real Madrid, no se la crea, que no piense que lo de esta noche apenas será un trámite para pasar de rueda. Es demasiado peligroso y el entrenador del Barcelona sabe mejor que nadie que el Real Madrid sigue siendo el Real Madrid, le pase lo que le pase y pese a su búsqueda de un planteo a la medida, a los topos, las filtraciones y los pisotones.

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