Rodolfo Braceli · Desde Buenos Aires

Votar a los 16. Y a los 12

Diario Jornada | Jueves, 25 de Octubre de 2012 : 00:40

No sólo estoy de acuerdo con que los jóvenes voten a partir de los 16 años. También creo que podrían hacerlo, como ejercicio cívico (sin que valga la cifra para el escrutinio real, a partir de los 12.)

 Esto de los 12 sería un prodigioso entrenamiento para la gestación de ciudadanos lúcidos, ciudadanos que podrían ser algo más que sujetos paranoicos y digestivos.
La aprobación en el Senado por amplísima mayoría, 52 a 3, para votar a partir de los 16, no deja de sorprender. Por rotunda. Lo que no sorprende son los 3 votos en contra, claro, de legisladores conservadores de Salta y Catamarca. Hasta podríamos decir que estos votos adversos son saludables, condecoran al nuevo proyecto de la ampliación de derechos. No hay que ser muy agudo para imaginar que estos votos en contra pertenecen a sujetos que alzan rápido la mano para impedir el aborto hasta en casos de violación.
Pero vayamos por partes. ¿Por qué los jóvenes de 16 y 17 años tienen que poder votar? Lo primero que surgió es que la ampliación “le conviene al gobierno”. Ese argumento chiquito ofende la capacidad de albedrío de los jóvenes. Es cierto que carecen de experiencia, pero la reemplazan con una frescura e intensidad que supera las decisiones de los adultos adulterados, tantas veces ganadas por la conveniencia y por el bolsillo y por la paranoia histérica.
Los jóvenes pueden ser güevones, pero no son pelotudos.
Se los tilda de impulsivos. ¿Y que más queremos? ¿Y qué menos?
Se suele decir que no están maduros para decidir en el luminoso cuarto oscuro.
La pregunta que se cae por madura: ¿cuántos padres y abuelos de esos jóvenes están más capacitados para decidir un voto que influirá por cuatro años?
En otro terreno: se suele decir, con escandalizada preocupación, que ahora los jóvenes no leen.
La pregunta otra vez cae por madura: ¿y los padres de esos jóvenes acaso leen?
Se podrá opinar que con este tipo de razonamiento vamos a desembocar en la conveniencia del voto calificado. Ojo al piojo. El voto calificado, en su médula, es discriminatorio, sólo sirve para consolidar la esclavitud, para ahondar el abismo entre los biencomidos y los desgajados que, al pan de cada día, lo comen hoy no y mañana quién sabe.
Volvamos a la nueva posibilidad, inquietante para algunos, de que también puedan votar los pibes de 16 y 17. La primera reacción fue visiblemente reaccionaria. Los que están contra el aborto no punible, los que evocan una Mano Fuerte que piense y sueñe por todos, los que íntimamente aborrecen los prodigiosos avatares de la democracia, los que convirtieron al ex ingeniero Blumberg en una especie de mesías, los que hasta la justifican la tortura con fervor, los que miran con simpatía la pena de muerte, esos, justamente esos, lo primero que dijeron es que, si los jóvenes podían votar a partir de los 16, también se los puede juzgar como adultos. Ese razonamiento de antemano se entusiasmó con la presunción delictiva de los jóvenes. Se apostó a los jóvenes como estando en la víspera de la delincuencia. Se apostó a la represión y no a la construcción.
Una especie de racismo generacional sobrevoló muchas discusiones a partir de la ampliación de derechos de los jóvenes.
Pero, con zancadillas y chicaneos, mal que bien, nuestra sociedad (tan trabajada para la desmemoria y para la paranoia por los monopolios descomunicadores) va haciéndose el camino. Camino se hace al andar, al caer y levantarse, camino se hace al discutir en castellano, camino se hace al votar. Nuestros muchachos y muchachas de 16 y 17 años, con el estímulo de las urnas, se van sentir protagonistas. Algunos dicen, con pavura: “¡Se van a politizar!” Y sí. Y qué. Que se politicen. ¿O preferimos que sean unos pedazos de buenudos que se la pasan comiendo pochoclo, desinteresados de su destino? ¿O queremos la repugnante paz de los cementerios? Finalmente los jóvenes tienen tanto derecho a equivocarse como los mayores. A caerse y a levantarse. A aprender a caminar caminando.
¿O preferimos esos jóvenes obedientes, sumisos, pelotudos, insípidos e inodoros?
Si queremos otra dirigencia, una “nueva política” verdaderamente nueva, los jóvenes tienen que participar cuánto antes. No hay que terminar con la política, hay que empezar.
A propósito de “nueva política”, voy a un ejemplo concreto. Mauricio Macri, hijo de Franco Macri, portador de apellido, está decidido a ser a candidatearse para presidente de la república. Puede hacerlo porque es argentino, mayor de edad y parece que sabe leer y escribir. A Macri, imágenes televisivas reales hace algún tiempo lo mostraron respondiendo a los periodistas mientras su alter publicitario le soplaba, palabra por palabra, desde su nuca, al oído. Este delfín de la autodenominada “nueva política” puede votar y gobernar y vetar leyes (votadas por mayoría en su legislatura), vetarlas sin asco, vetarlas por decenas. Puede, el delfín de la “nueva política” tomarse vacaciones cinco o diez veces al año, en parajes caros y exclusivos y lejanos.
Lo que no sé si Macri Junior podría, es sostener un debate, cara a cara, con un pibe entrerriano, llamado Matías Podestá. El mismo que, ante la cámara de Senadores, expuso argumentos en favor del derecho a votar a partir de los 16.
Puesto Macri frente a un atril y el pibe Posdestá (17) en otro atril, a intercambiar argumentos, a debatir por ejemplo sobre los estragos mundiales del neoliberalismo, ¿cómo se las arreglaría?, ¿cuántos round reflexivos duraría?  Me arriesgo a decir que Macri, aun respaldado por esa banda de asesores de imagen que lidera Durán Barba, en un debate con el pibe Matías Podestá enseguida desembocaría en una suerte de epilepsia verbal. No lo salvaría ni el apellido. Caería redondo. Sus abundantes carencias mentales no podrían ser disimuladas ni por Duran Barba, ni por veinte asesores de esa alta calaña. El joven Macri, ante el pibe Podestá, atravesado por la impotencia caería doblado por la vergüenza. Si es que tiene.
((( Posdata: sí, los jóvenes de 16 y 17 años tienen que votar. Y activarse tempranito en la política. Para que la política deje de ser una mala palabra. Para que gobernar sea algo más que delegar todo en una agencia de publicidad. Para que la democracia pueda ser sembrada por ciudadanos lúcidos y decentes y no por monicacos portadores de billetera heredara y de apellido.)))

Rodolfo Braceli

Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, periodista, autor de casi una treintena de libros. Varios de ellos fueron traducidos al inglés, francés, italiano, coreano y polaco.
Algunos son textos de estudio en universidades argentinas y del extranjero. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y 9 idiomas.

Para el cine escribió y dirigió "Nicolino Intocable Locche". Dicta el seminario "Del periodismo a la literatura".


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