Rodolfo Braceli · Desde Bs. As.

Tres “11 de setiembre”

Diario Jornada | Viernes, 14 de Setiembre de 2012 : 02:29

El 11 de setiembre es un día para la reflexión y para la memoria. Entiendo la memoria como un modo de semillar la esperanza. Las madres abuelas nos enseñaron ese ejercicio arduo, imprescindible.

Estos años el “11 de setiembre” remite rápido a ese episodio, de origen oscuro, que es el derrumbe de las Torres Gemelas. El episodio, bárbaro en sí mismo, paradojalmente sirvió para que la administración de los Estados Unidos acentuara su decisión de comportarse como un Imperio. La atrocidad de las Torres Gemelas le sirvió para justificar sus propias barbaries, entre ellas, las de la tortura, que ellos denominan “interrogatorios exigentes”. O las “guerras preventivas” que en realidad son genocidios preventivos.
Pero el 11 de setiembre guarda también otra fecha no menos atroz. Cuando el gobierno democrático de Salvador Allende fue incendiado con el mismo Palacio de La Moneda. Lo han reconocido públicamente: Pinochet hizo lo que deshizo con la ayuda obscena y explícita del gobierno norteamericano de entonces, cerebrado por Henry Kissinger, una especie de Bin Laden de traje y corbata. Antes de eso, los biencomidos de Chile salieron a cacerolear para crear sensación de “fin del mundo insoportable”.
El 11 de setiembre chileno nos trae a Salvador Allende, alguien que tuvo el coraje de suicidarse. Alguien que murió en su sitio. Alguien que, como pocos en la historia de la humanidad, estuvo a la altura de la fe que millones de seres le tenían.
Salvador Allende murió en estado de democracia. Cuánta coherencia, cuánta dignidad, y qué par de güevos.
Sigamos: también el 11 de setiembre nos trae el día de los maestros y las maestras. A propósito, no estaría de más recordar a Carlos Fuentealba, aquel joven que fue fusilado en la ruta 22, en una represión ordenada por un tal Sobisch, gobernador de Neuquén, aspirante a presidente.
El matador de Fuentealba, el ex cabo Darío Poblete, fue condenado a prisión perpetua. Los que no recibieron juicio ni condena fueron los que ordenaron esa represión. Argumentaron que “fue un accidente, una casualidad”, que Fuentealba “se la buscó”. Nadie apunta a la nuca de un humano que piensa diferente por casualidad. Nadie se toma atribuciones del Dios que comulga hincado y dice venerar, y le quita la vida a un humano semejante, por casualidad.
Nada hay menos casual que la casualidad.
En estos nuestros pagos hay criminales y hay asesinos y hay cómplices explícitos y hay indiferentes que también son cómplices. Siendo más específicos: hay un rubro que podríamos describir como el de los criminales asesinos. Curiosamente, a estos la pólvora y la sangre nunca los salpican. Los protege la impunidad de los despachos.
En aquel abril del año 2007 después de Cristo la protesta de los docentes fue reprimida y se bebió la vida entera de un padre de dos hijos, maestro, en Neuquén. El entonces gobernador Sobisch declaró: “Yo asumo la responsabilidad política”. Sin querer provocó una reacción en cadena de conciencias bastante distraídas.
Sabía muy bien el bueno de Sobisch que las muertes “acarrean un peligroso costo político”. Él sólo quería “imponer orden” dando palos a rajacincha y metiendo miedo escarmentador. Pero, claro, sin llegar al escándalo (contraproducente) de una muerte por fusilación.
Dije por aquellos días y digo ahora: sería injusto dejar solo en esta sangrienta contingencia al gobernador que entonces, desde millones de afiches, aspiraba a la presidencia de la república. El buen Sobisch representaba y representa, no nos engañemos, el pensamiento de demasiados muchos. Un rasgo de los que estuvieron y seguirán estando de acuerdo con él es que se les dio por invocar a la Constitución. Clamaban: “¡Los cortes de ruta son un avasallamiento de la Constitución!”. Al poco tiempo las mismas voces dejaron de invocar la sagrada Carta Magna a propósito del corte de rutas de los ruralistas. Recordemos cómo el país entero fue piqueteado por los sumos señores de la Mesa de Enlace.
Es evidente: hay señores y señoras muy aseñoradas que invocan la Constitución que dos por tres usan de papel higiénico. Para estos habitadores patrios, el mundo termina en el propio umbral. Se escandalizan por los secuestros de famosos, no se escandalizan por el secuestro crucial y sin retorno que desde hace años padecen millones de niños del mundo que nacieron secuestrados por el hambre y el analfabetismo y la analfabetización del neoliberalismo.
Al pobre Sobisch le salió la represión por la culata. Y rápido, fue apartado como leproso. El ejemplo más asqueante lo dio su ex socio Mauricio Macri. Macri, delfín de la “nueva política”, mutó como un Borocotó y sin pudor se rajó de Sobisch. Pero todo sabemos que el método Sobisch es el que quieren Macri y Blumberg y una punta de valientes de oficina.
Seguro que si al pobre Sobisch le preguntan sobre la legislación del aborto, sin pestañear clausuraría el tema: “Estoy contra el aborto, ¡la vida es sagrada!”
Tomémosle la palabra. Con la muerte de ese maestro fusilado por la nuca, Sobisch (Jorge) es el responsable político de un aborto posterior. Porque hay abortos antes de y, aunque suene a paradoja, hay abortos después de. Hay abortos en el vientre de las mujeres madres. Y hay abortos en el vientre de la Vida. Si se entiende por aborto la interrupción de una vida, la vida del maestro Fuentealba fue interrumpida. De cuajo.
Posdata. Hay algo que ni el humano Sobisch, ni sus amigos o ex amigos vergonzantes como Macri Junior, podrán subsanar: este 11 de setiembre Carlos Fuentealba no estuvo para sus hijos y su mujer y sus hermanos y padres y amigos. Le vaciaron la cabeza. Claro, ¿a quién se le ocurre pensar y, encima, diferente? Viva el Orden ¿no? Viva la Mano Dura ¿no? Viva el aborto posterior ¿no? Viva la muerte ¿no?
Fuentealba cometió “imprudencias”. “En algo andaría”, dirán algunos. Sí, andaba trabajando en un plan para alfabetizar albañiles.

Diario Jornada Mendoza

Rodolfo Braceli

Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, periodista, autor de casi una treintena de libros. Varios de ellos fueron traducidos al inglés, francés, italiano, coreano y polaco.
Algunos son textos de estudio en universidades argentinas y del extranjero. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y 9 idiomas.

Para el cine escribió y dirigió "Nicolino Intocable Locche". Dicta el seminario "Del periodismo a la literatura".


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