Rodolfo Braceli · Desde Buenos Aires

103, 104, 105 ¡106, carajo!

Diario Jornada | Jueves, 9 de Agosto de 2012 : 00:58

Celebremos, pero antes afrontemos una pregunta: ¿qué noticia es más importante: la liberación de un empresario secuestrado por unas horas o la liberación de alguien que fue robado al mes de nacer, secuestrado durante 34 años?

Esta semana, una vez más, los elefantes Medios de Descomunicación, los que impusieron por décadas la más larga de las dictaduras, la del monopolio descarado del Papel Prensa, esta semana respondieron a esa pregunta con la obscenidad acostumbrada. Para los descomunicadores líderes mucho, pero mucho más importante como noticia fue el secuestro por unas horas del empresario (liberado tras el pago de 40 mil pesos), que la aparición del Nieto 106 (un secuestro de identidad de 34 años) conseguida por las porfiadas luminosas Abuelas de Plaza de Mayo.

Un ejemplo: compárese el espacio que el sumo diario Clarín le dio a las dos noticias el miércoles 8 de agosto del 2012 después de Cristo. La noticia del empresario secuestrado por un rato tuvo espectacular título de dos líneas a página entera, 5 columnas, y la noticia del hallazgo del Nieto 6 tuvo un título a 4 columnas, de una línea, en tipografía menor. Para colmo de obscenidad esta noticia se incluyó en el medio de una página, sin foto, con un textito de morondanga.

Este escandaloso ninguneo se observó en otros prestigiosos diarios patrios. Y no es casual: a ellos las buenas noticias les dan en el centro del hígado. Así usan la sagrada “libertad de expresión” que tanto cacarean.

Cada vez que aparece un nieto, esta columna lo celebra. Hace un año nos sucedió del Nieto 105. Recupero conceptos: cuando la canallada se reitera tiene más sentido la celebración. Antes que nada, ¡viva la democracia! Vivámosla. Hace frío en este pedacito de mapa. Pero, de repente, es como si aquí fuera primavera. ¿Por qué? Porque, otra vez, una flor de noticia es una noticia flor.

La noticia es que Abuelas de Plaza de Mayo, Carolotto mediante, anunciaron la recuperación de Pablo Javier. Los padres de Pablo se llamaban Ricardo Gaona Paiva y María Rosa Miranda. Pablo –ahora se entera– nació el 13 de abril de 1978. Su padre, Ricardo, fue un paraguayo militante de la JP y del ERP. Ricardo y su mujer cuando fueron desaparecidos eran encargados de un edificio de Villa Martelli. Pablo Javier por entonces tenía un mes de edad, un mes. Un coronel retirado lo entregó en adopción al matrimonio de un primo suyo. El coronel, derecho y humano, se convirtió en su padrino. A Pablo Javier los “padres” secuestradores le mintieron que lo habían traído de Misiones. A partir del 2001 empezó a sospechar. El 29 de junio pasado fue a las Abuelas y decidió al análisis de ADN. El 1° de agosto tuvo “la verdad de la sangre”. Así terminó ese secuestro de más de tres décadas. Pablo Javier sabe quienes fueron sus padres pero no sabe de sus tumbas para llevarles una flor. Conoció a sus hermanos, a sus abuelos. Pablo Javier por fin sabe que él se llama Pablo Javier.

Esta enorme noticia, tan repugnantemente traspapelada por los grandes diarios, merece ser paladeada desde el corazón. Pablo Javier acaba de nacer a los 34 años de edad. Está visto que la muerte por asesinación no siempre se sale con la suya.
Hay que machacar: si los medios que se autodenominan “de comunicación” tuviesen un mínimo de apego a la democracia y a la justicia y a la Vida misma, esta noticia no hubiera sido minimizada.

Nos entretenemos con Tinelli horrorizados por la televisión basura. ¿Y por qué no hablamos del periodismo basura que enarbola el reclamo de la “libertad de expresión”?
A la vista está: ellos, no saciados con ser el Cuarto Poder, intentan ser el Primer Poder. Las apariciones de los Nietos no son milagros que caen del cielo, son milagros sembrados por la Madres Abuelas. Esos milagros sembrados a ellos, mega comunicadores, les producen vinagrera, agudas úlceras, cólicos de alma y de corazón y de cerebro. Dicho en criollo y en el idioma de Quevedo: les caen como la mierda.
Pero cuidado: que ni la nausea, ni el vómito nos distraiga de la necesidad de celebrar. Quedan aún por recuperar unos 400 nietos afanados.

No voy a disimularlo: me siento anillado, abotonado con la Vida, cada vez que tengo ocasión de compartir la “parición” de otro nieto. Pero alrededor uno escucha a los prolijos que gritan: “Para qué retroceder y revolver el pasado haciendo memoria?”
Respuesta: la memoria no es retroceso, es sinónimo de justicia, semilla el futuro. Damas y caballeros, la memoria es la forma más ardua del optimismo.

Hay números que saben a canción. Aunque estamos en pleno invierno, el número 106 es una canción atravesada de primavera. El crudo invierno tiene paciencia en su vientre. Y la paciencia (lo contrario de la resignación) ha parido otro ser que ahora ¡por fin! sabe cómo se llama.

Este parto tiene preciosas parteras. La miserabilidad, la hijoputez siempre reinante, usando las armas más asquerosas trata de derrumbar la tarea de estas parteras que afrontaron peligros e indiferencias.

Muchos, demasiados, siguen clamando por “reconciliación”. Pero es sólo coartada: buscan la impunidad del olvido. Pendientes hay 400 humanos vivos secuestrado. Y ellas, estas mujeres que ya rumbean hacia los 90 años de sus edades, no le aflojan. Mientras ellas buscan y rebuscan sin feriados uno alza la pregunta: ¿Hubo, hay, alguna ideología o religión bien parida que justifique el robo de criaturas arrancadas desde el mismísimo vientre?

Posdata

Ante el parto del Nieto 106, com-parto mi rezo de intemperie:

Ellas nacieron para semillar semillas. Y resucitar lo desaparecido.

Salieron, ellas, a darle vuelta los bolsillos a la muerte.

Las madres que las parió, ellas, tan capaces de todo: capaces de sembrar el mismísimo abismo.

Permiso, memoria. Permiso, conciencia. ¿Qué sería de nosotros si Ellas, las Madres Abuelas, no hubieran existido? ¿Estaríamos de pie? ¿Estaríamos en cuatro patas? ¿Estaríamos?

www.rodolfobraceli.com.ar           -           rbraceli@arnet.com.ar

Diario Jornada Mendoza

Rodolfo Braceli

Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, periodista, autor de casi una treintena de libros. Varios de ellos fueron traducidos al inglés, francés, italiano, coreano y polaco.
Algunos son textos de estudio en universidades argentinas y del extranjero. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y 9 idiomas.

Para el cine escribió y dirigió "Nicolino Intocable Locche". Dicta el seminario "Del periodismo a la literatura".


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