Rodolfo Braceli · Desde Buenos Aires

Paraguay, perdón perdón

Diario Jornada | Jueves, 19 de Julio de 2012 : 00:27

Paraguay nos duele desde nuestras pelotas y ovarios hasta las pestañas de nuestro corazón. ¿Nos duele? Debiera dolernos.

Hace semanas el estado de democracia que, como nunca, sucede en esta América del sur, fue interrumpido sin asco en el Paraguay. La destitución de Lugo se consumó con la careteada de la legalidad legislativa. Pero fue un Golpe de Estado, aunque sin estruendos, sin botas. Al presidente legítimo se le hizo “juicio político” y tuvo, para defenderse, los minutos de un par de horas. Alevoso.

 

Resulta sugestivo y preocupante el esfuerzo argumental de varios columnistas estelares argentinos para demostrar que la salvajada legalista del Paraguay no fue lo que sí fue: un Golpe de Estado. Se les nota, se relamen con la tentación otros Golpes cercanos. Estamos rodeados por afuera y por adentro. Ojo al piojo. Porque los medios de descomunicación defienden sus intereses, y no le hacen asco a nada a la hora de la destitución.

 

A propósito del sufrido Paraguay, recomiendo una nota de Marcos Zimmermann, en el Radar de Página 12 del 8 de julio pasado. Es excepcional por el recuento que hace del drama paraguayo, a partir de una foto de un tal Esteban García. Esta foto, desgarradora, es la única que sobrevivió a la dulcemente autodenominada Guerra de la Triple Alianza. Nos muestra (si es que no miramos para otro lado) centenares de cadáveres amontonados como en un basural. Evoca otros genocidios. Voy por párrafos de Zimmermann.

 

“La tarde del 28 de febrero de 1870, Esteban García marchaba junto a los últimos 409 soldados paraguayos que quedaban vivos de entre los 100 mil que el mariscal Francisco Solano López había alzado en armas durante aquellos cinco largos años de guerra. El joven fotógrafo empujaba una carreta desvencijada donde llevaba el pesado equipo con el que estaba fotografiando a ese ejército acorralado por las tropas de la Triple Alianza. (…) Caminaba en medio de hombres esqueléticos semidesnudos, de mujeres que tiraban de los carros reemplazando a los bueyes con los que habían alimentado a los soldados y de niños descalzos que se habían comido sus propios zapatos de cuero luego de haber sido ablandados. Durante aquella retirada, Solano López fundaba una nueva capital del país en cada uno de los pueblos por los que pasaba, donde resistía por un tiempo. (…) La cuarta y última había sido San Isidro de Curuguaty. Pero, ahora, el territorio paraguayo se le acababa.

 

“Esteban García había elegido aquel destino trágico cuatro años antes, sin saberlo (…) Convertido en asistente de Javier López, había sido enviado a realizar aquel primer reportaje bélico de nuestra tierra. Las fotografías de López eran, en general, imágenes triunfalistas. Pero había una desgarradora. La imagen en cuestión, hecha el 24 de mayo de 1866, día en el que Paraguay perdió la batalla de Tuyutí, lleva por título “Montón de cadáveres paraguayos” y muestra una pila de hombres muertos, listos para ser incinerados. Pero esta fotografía no fue tomada por Javier López sino por Esteban García…”

 

Una cita de un libro de Richard F. Burton –sigue Zimmermann– “advierte que el 1º de marzo de 1870, el mismo día en que terminó la guerra, Esteban García –que se había pasado al bando paraguayo al ver la injusticia de aquel conflicto– fue obligado por los aliados a destruir, una por una, la pila de placas de vidrio que había tomado durante la larga agonía de la derrota. Luego había sido fusilado. El registro del valor con el que el Paraguay enfrentó su exterminio, y que García fotografió, fue hecho añicos junto con esos negativos. Se salvó sólo esta imagen: ‘Montón de cadáveres paraguayos.’

 

“Hay miles de testimonios sobre el coraje paraguayo durante la guerra de la Triple Alianza. Pero lo cierto es que la valentía de ese pueblo pasó a la historia gracias a tres frases reales. La primera, perteneciente al propio Mariscal López, que, luego de negarse a un ofrecimiento de rendición o de exilio que le hiciera el enemigo, peleó hasta morir junto a sus últimos hombres mientras gritaba ‘¡Muero con mi patria!’ (no, “por” mi patria) en el arroyo Aquidabán Nigüí. La segunda frase: ‘¡Un coronel paraguayo nunca se rinde!’, fue dicha apenas horas después por su hijo Panchito, que a pesar de sus quince años de edad demostró el mismo temple que su padre, al ser muerto defendiendo a punta de sable a madame Elysa Lynch, su madre, y a sus hermanos más pequeños. La tercera, lanzada por ella misma: ‘Es esta la civilización que ustedes han prometido?´”

 

Los medios de descomunicación, no hablan de esto. Estamos apurados, a merced de la negligente indiferencia. La indiferencia es hermanita de la complicidad en la asesinación. Por eso, escuchemos otra vez: “mujeres que tiraban de los carros reemplazando a los bueyes”… “niños descalzos que se habían comido sus propios zapatos de cuero”… “Solano López fundaba una nueva capital del país en cada uno de los pueblos por los que pasaba, donde resistía por un tiempo…” 

 

Zimmermann lo dice: la pregunta de madame Lynch tiene una tremenda vigencia. Recordemos que aquel Paraguay “acudía en ayuda del presidente constitucional uruguayo Bernardo Berro”. Ahí la Argentina le declaró una guerra que fue de tres países contra uno pequeñito. Paraguay combatió “solo contra los ejércitos de Pedro II, Bartolomé Mitre y Venancio Flores pintando bigotes falsos en la cara sus niños imberbes para hacerlos pasar como aguerridos soldados mientras cargaba sus cañones con vidrio de botella…”

 

Cuánto heroísmo por un lado y cuánta cobardía y barbarie de esa Triple Alianza que tuvo el coraje de una patota. La barbarie de la civilización. Genocidio consumado con descaro. Aquella foto de Esteban García es solo una entre cientos borradas del mapa.

Dicho en castellano: la guerra de la Triple Alianza fue la obscenidad de esos bárbaros que al día de la fecha se siguen haciendo gárgaras con los valores de la civilizada civilización y la “defensa de las instituciones”. Gentes, hoy, de crispación bieneducada.

Damas y caballeros: Paraguay nos duele desde nuestras pelotas y ovarios hasta las pestañas de nuestro corazón. ¿Nos duele? Debiera dolernos. Nunca es tarde, como nación, para inclinarse y decir: “Paraguay, perdón, perdón”.

www.rodolfobraceli.com          -           rbraceli@arnet.com.ar 

Rodolfo Braceli

Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, periodista, autor de casi una treintena de libros. Varios de ellos fueron traducidos al inglés, francés, italiano, coreano y polaco.
Algunos son textos de estudio en universidades argentinas y del extranjero. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y 9 idiomas.

Para el cine escribió y dirigió "Nicolino Intocable Locche". Dicta el seminario "Del periodismo a la literatura".


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