Ni hacer leña del árbol caído ni hacer espuma del éxito ocasional. Mejor reflexionemos.
Esta es la cuarta columna que le dedico, como hincha y como periodista, a River. Retomo conceptos que escribí hace cuatro y hace un año. En diciembre del 2008 River terminó último, pero por promedio no se fue al descenso. Entonces dije, afanándome conceptos que escribí en mi libro De fútbol somos, que el fútbol, aparte de ser un juego fascinante, puede ser una muy eficaz herramienta de auto conocimiento para averiguar cómo somos y cómo podríamos o debiéramos ser. Porque el fútbol espeja, como nada el mundo, defectos, virtudes, mañas, histerias, sueños. Espeja nuestro triunfalismo y nuestro derrotismo, tan sembrado por los medios de des-comunicación. No nos enojemos con el espejo, no lo rompamos.
En aquel diciembre del 2008 me pidieron en el diario Perfil una columna sobre el desastre de River. Creer en Dios –decía– no es mi fuerte. Pero reconozco que a veces me gustaría creer. ¿Para qué? Para poder decir, ya, que Dios tiene látigo y no se le ve. Y River lo está sabiendo por los resultados. Aunque soy del parecer que a veces los derrumbes deportivos son consecuencia del vandalismo de ciertos dirigentes.
Aclaro que, aparte de mi Luján Sport Club natal, soy hincha de River desde siempre. Sigo en el 2008, y que no haya confusión: con lo que digo no me refiero a los jugadores sino exclusivamente a los dirigentes de la banda roja que lidera el señor José María Aguilar. (Debiera sólo decir: de la banda)
El River 2008, presidido por el señor Aguilar, se ganó esta condecoración al revés que significa estar remachado en el fondo de la tabla. Yo sería flor de cabrón si no confesara que cuando Aguilar ganó la presidencia no lo voté, porque no soy socio. Pero lo hubiera votado. Porque el tipo me parecía capaz, imaginativo, democrático, decente, y hasta con un apreciable castellano para expresarse.
Me equivoqué fiero con el señor Aguilar. Porque el River 2008, en su trastienda, en su quincho, ha vivido episodios delictivos que huelen a mafia. Miedo, asco, y vergüenza.
Pero el fútbol es una especie de Dios, tiene látigo y no se le ve. Y ha hecho justicia. Aunque me duela en el corazón del alma, lo digo: es saludable que el River manejado por esa banda perversa, se revuelque hoy en el mismo culo de la tabla. Así es: el fútbol a veces encarna la justicia que la impunidad de ciertos humanos burla.
Hace un año, en el junio del 2011, River se fue al imposible descenso. Cosechó su perversa siembra. En medio del estupor River bajaba de categoría, pero la mentada Vida continuaba.
Dije, y no retiro lo dicho, que River se parecía a cierta Argentina. ¿A cuál? A la de los ’90. Argentina afirmada en la ideología de la desmemoria. Desmemoria muy sembrada por los elefantes medios de des-comunicación, que sirve para alimentar la impunidad, para echarle la culpa de todo al presente y para crear sensación de fin del mundo. Cuando esa sensación cunde, claro, el miedo se multiplica y se empieza a decir “aquí lo que hace falta es mano dura”.
Dije, y no retiro lo dicho, que el obsceno saqueo de Aguilar y su banda dejó a River a merced del abismo y de la desesperación. Quedó en pelotas River. En pelotas desinfladas.
Dije, y no reitero lo dicho, que el River de la última década se pareció escandalosamente a la Argentina de la década de los 90, cuando el Señor de los Anillacos no sólo vendió por chirolas a las joyas de la abuela, vendió también a la abuela. Adiós YPF, industria, ferrocarriles. Y adiós dignidad. Ni los mástiles quedaron. River, por el estilo. Aquel saqueo, desembocó en el absurdo descenso a la B. Pero, mientras River caía al abismo, la Vida aquí continuaba. Y sucedían cosas. Aun con River en el descenso el satélite SAC-D Aquarius, construido en la Argentina para la NASA, ya en órbita, después de dos semanas siguió activando los instrumentos para profundizar los estudios oceánicos. La hazaña científica de nuestra Conae (“nuestra NASA”) ¿por ser una excepcional buena noticia? fue minimizada por los descomunicadores, tan dedicados ellos a la alcahuetería y al aterramiento.
Mientras River se iba nomás al descenso, el domingo 26 de junio del 2011 después de Cristo, Guido cumplía 33 años de edad. ¿Quién es Guido? Un ser humano argentino que está secuestrado desde hace 33 años. Por aquellos que en la dictadura violaban la vida, y violaban la muerte, y negaban sepultara, y nada les era suficiente. Entonces afanaban criaturas desde la placenta.
Mientras River se iba al descenso la abuela de Guido le escribía una carta ese nieto que no cesa de buscar: “Mi querido nieto Guido, hoy cumples 33 años… qué no daría para que te materialices, que no daría por darte este amor que me ahoga por tantos años de guardártelo, para darte este abrazo. Tu abuela, Estela.”. Esta Estela es la madre abuela Carlotto. Su nieto, uno de los 400 que todavía siguen secuestrados en su identidad.
Posdata
Así es, la Vida también continúa ahora, cuando después de tanto agonizar, River vuelve a la primera división en la que ganó más campeonatos que nadie.
Valió la pena tanto sufrimiento. Porque vale esta alegría. Que la alegría no nos haga perder la memoria. Y recordemos: mientras River celebra, Guido cumple 34 años de secuestro. Anda por ahí, sin saber que se llama Guido.
Celebrar es derecho y deber. Pero miremos a nuestro alrededor. Una de las democracias latinoamericanas, la paraguaya, ha sido violada mediante un careteo constitucional. El derrocamiento de Lugo fue recibido con enorme simpatía por el señor Macri Junior. El líder de la CGT, Hugo Moyano, al hablar de la democracia se salteó la solidaridad con el pueblo paraguayo.
Celebremos lo de River mirando por el espejito: ojo, lo de Paraguay puede repetirse. Durán Barba –perverso titiritero– gobierna la ciudad de Buenos Aires y ahora al Paraguay. Celebremos River pero sin distraernos: lo de Paraguay es un botón de muestra. Vienen por muuucho más. Ojo al piojo.
www.rodolfobraceli.com - rbraceli@arnet.com.ar
Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, periodista, autor de casi una treintena de libros. Varios de ellos fueron traducidos al inglés, francés, italiano, coreano y polaco.
Algunos son textos de estudio en universidades argentinas y del extranjero. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y 9 idiomas.
Para el cine escribió y dirigió "Nicolino Intocable Locche". Dicta el seminario "Del periodismo a la literatura".
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