El 30 de abril de 1977 era sábado. Ellas sintieron miedo. Miedo en sus espaldas y en sus corazones, miedo en las pestañas de sus miradas.
Pero tuvieron el coraje de vadear el miedo.
Aquel sábado ya hacía un año y un mes de que aquí, en esta patria idolatrada, sucedía el infierno adentro del limbo de la indiferencia. Los militares y civiles (muchísimos), autodeclarados “salvadores de la patria” entregaban la economía, malvendían a las joyas de la abuela y a la abuela también. Pero eso no era lo peor: ladrones y cobardes, hasta le robaban atribuciones al Dios que se comulgaban y decían venerar: decidían sobre la vida de las personas. Como anda diciendo el ex general Videla, preferían la “desaparición de personas” al acto de fusilarlas, les traía menos inconvenientes. El caso es que, estos militares ladrones y cobardes, codo a codo con civiles no menos ladrones y cobardes, torturaban, desuñaban, metían electricidad en los testículos y en las vaginas, violaban mujeres indefensas, arrojaban cuerpos vivos desde los aviones al río. Pero todo eso les resultaba poco. Después de violar las vidas violaban las muertes. Desaparecían a los muertos, negaban sepulturas. Tampoco les resultaba suficiente. Y robaban criaturas arrancadas desde la placenta (105 fueron recuperadas, quedan 400 secuestradas en su identidad). Ni eso les sació el cobarde hambre asesinador. Siguen reclamando olvido con la coartada de la “reconciliación”. Insisten en confundir impunidad con heroísmo.
Hace 35 años las Madres eran el único pulso que asomaba en aquel infierno del limbo. Los grandes medios de des-comunicación, los dueños del papel de la prensa y de la libertadura de expresión, eran cómplices entusiasmados.
Aquellas madres no sólo eran humilladas, eran delatadas por criminales de probada cobardía, como el marino Alfredo Astiz. El ángel rubio infiltrado, con un beso en la mejilla marcaba a Azucena Villaflor de De Vincenti, Esther Ballestrino y María Ponce. Después esas madres fueron desaparecidas.
Pero el caso es que Azucena y trece madres más, aquel sábado 30 de abril de hace 35 años decidieron girar alrededor de la pirámide. No es casual que la memoria sea aborrecida por tantos. Con alevosía se quiere confundir memoria con retroceso y con odio estéril. La memoria es luz imprescindible para semillar un futuro diferente.
El lunes pasado la memoria conmemoró los 35 años de las Madres de Plaza de Mayo. Aquel 30 de abril de 1977 catorce madres desesperadas empezaron a juntarse. Querían saber donde estaban sus hijos desaparecidos. Cada jueves se jugaban la vida. Por la Vida.
¿Cómo empezó aquello? Respondo con párrafos del capítulo que le di en “Madre argentina hay una sola” a Carmen Aguiar de Lapacó, madre de Alejandra Lapacó, secuestrada el 17 de marzo de 1977. Carmen Lapacó conoce como pocos la pesadilla: ella misma fue detenida junto con su hija en el campo clandestino Club Atlético. Vio, escuchó la tortura de su hija. Doña Carmen vive sólo acompañada de una foto ampliada de su Alejandra.
–Usted, abuela, fue una de las primeras Madres.
–Gracias por decirme abuela. No tengo nietos que me lo digan... Algunas madres salieron, otras no. Es curioso, las madres que se quedaron en casa, son las que han muerto primero o están más avejentadas. Yo a la plaza iré con dos bastoncitos, no dejaré de ir. Me sacaron a Alejandra, mi única hija. ¿Puedo contar un poquito? Desesperada, yo buscaba sola, hasta que un día me enteré que había mujeres que se reunían en la Plaza de Mayo, los jueves. Éramos poquitas, el nombre nos lo pusieron en la Casa de Gobierno: “Las Viejas Locas”... Sí, estábamos locas de dolor. Cuando el grupo fue más grande nos sentábamos en el piso, no alcanzaban los bancos. Y cayó la policía para decirnos hay Estado de Sitio, sólo podíamos estar de a dos y en movimiento. Y ahí empezamos a dar la vuelta al monumento a Belgrano. Igual la policía nos corría. Pero salíamos por una esquina y entrábamos por la otra. La idea de ir a la plaza fue de Azucena Villaflor. El 8 de diciembre del 77 pudimos sacar una solicitada... El 10 de diciembre sale Azucena para comprar el diario. Y la meten en un auto. Y Azucena grita… y no la vemos más. Con la valentía de las madres desaparecidas afrontamos el Mundial del 78... Claro, éramos mala imagen. Seguíamos dando la vuelta a la pirámide, no nos podían sacar. Y cuando llevaban presa a una madre nos íbamos todas a la comisaría a entregarnos…
–¿Cómo nació el pañuelo blanco?
–Un día fuimos a Luján. Para reconocernos, una madre propuso llevar un pañal simbólico. Y la que no tenía pañal se ponía un pañuelo, como yo. Y seguimos nuestra lucha… palos, gases, lluvias o insolaciones… nada podía detenernos…
–El secuestro de tres Madres, ¿cómo lo afrontaron?
–Momento decisivo ése… Al jueves siguiente había que ir a la plaza. Algunas madres decían: “No vamos más...” Otras dijimos: “Si no vamos más van a pensar que Azucena es la que nos dirige, y la van a desaparecer.” Fuimos veinte, agarraditas de las manos; temblábamos, nos chocaban las rodillas. Nos echaron a la fuerza. ¿Miedo? Cuando una madre tiene miedo por un hijo se olvida del miedo por ella.
Posdata. La más piba de las Viejas Locas tiene 76 años; la menos piba, Juanita Pargament tiene 96. Este lunes memoraron con música. Linternas, ella nacieron para semillar semillas. Y resucitar lo desaparecido. Salieron y salen, ellas, a darle vuelta los bolsillos a la muerte. No necesitan brújula, ¡para eso sus corazones! No necesitan armas para tener coraje ¡para eso sus corazones!
Camino se hace al andar, conciencia se hace al girar. Si es rueda la Vida, rueda por ellas. Las madres que las parió, ellas, tan capaces de todo: capaces de sembrar en el mismísimo abismo.
¿Qué sería de nosotros si Ellas, las Madres hoy Abuelas, no hubieran existido? ¿Estaríamos de pie? ¿Estaríamos en cuatro patas? ¿Estaríamos?
Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, periodista, autor de casi una treintena de libros. Varios de ellos fueron traducidos al inglés, francés, italiano, coreano y polaco.
Algunos son textos de estudio en universidades argentinas y del extranjero. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y 9 idiomas.
Para el cine escribió y dirigió "Nicolino Intocable Locche". Dicta el seminario "Del periodismo a la literatura".
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