Semana perra, durísima, esta, la cuarta del mes de abril del 2012. ¿Para quién? Para los des-comunicadores estelares.
Perra, durísima, indigerible además, esta semana, porque varios de los periodistas estelares, empujados por el viento de la desesperación que quiere reemplazar a la oposición política, desplazándola, se quedaron pedaleando sin cadena a la hora de criticar la expropiación del 51 por ciento de YPF.
Es natural que estén tristes y crispados: por años estuvieron conformes y hasta contentos de que Yacimientos Petrolíferos Fiscales fuera, en la obscena realidad, Yacimientos Petrolíferos Fifados.
¿Por qué se quedaron pedaleando sin cadena los des-comunicadores argentinos? Porque el derechudo gobierno español de pronto bajó el tono de su reclamo, salió del “prepo” (que tan bien calificó el Pepe Mujica), y cambió insultos y amenazas por un evidente deseo de sentarse a negociar.
A esta frustración se sumó la votación del Senado, histórica, casi unánime. Y por suerte no infectada con el voto del Señor de los Anillacos. Esta gran juntada de distintas fuerzas políticas resultó para los descomunicadores de los grandes medios, una paliza antológica. Los elefantes medios de des-comunicación, con encono y euforia, acababan de proclamar que, a partir de la expropiación de YPF, la Argentina iba a ser un “país paria”, “afuera y de espaldas al mundo”. Quisieron, para variar, sembrar más paranoia. Pero esta vez la paranoia les salió por la culata. Esos títulos de primera página anunciando que España sumaba a toda Europa y a los EE.UU. en su ofensiva para escarmentar a la insegura Argentina, en cuestión de días quedaron desnudados: esos titulares fueron mucho más expresión de deseo que información. Y se quedaron así, pedaleando sin cadena.
Pero hubo algo más que les amargó la semana: el lunes 23 de abril se celebró el día del libro y del idioma. Y esa fecha siempre resulta indigesta a más de un periodista estelar. Y a más de una. ¿Por qué? Porque entre estos exitosos y muy premiados profesionales la pobreza, la precariedad del vocabulario, la sintaxis estreñida hace juego con la obsecuencia, con la sumisión de su aparato reflexivo. Apenas si se expresan mejor que el rey de la selva, el rey de los gerundios, el noble Tarzán. Por lo tanto, el día del idioma y del libro es, para ellos, un día para la náusea, en la medida que los enfrenta al espejo de sus abundantes carencias.
A propósito del día del libro me pidieron un texto en La Nación. Lo retomo y lo amplío y lo comparto. Aquí va.
° Los libros no muerden, pero debieran morder.
° ¿Morder a quién? Sobre todo a tanta periodista y a tanto periodista que apenas si balbucean el idioma de don Cervantes y de don Borges. Dan lástima.
° Conocí a un chico que mordía libros; se comía las hojas. Un día le hincó dientes a un libro de autoayuda y se intoxicó mal y casi se muere, pobrecito
° ¿Se enteraron del perro que mordió a un libro que no mordía? El libro corrió, trepó a una biblioteca y gritó: “¡Esto es un ataque a la libertad de expresión!”
° Supe de un libro escrito, por decir así, por una muy famosa periodista que para calificar un robo de cuadros usa la palabra “terrible”. Y si se trata de una tragedia ferroviaria usa la palabra “terrible”. Y si se trata de una nena ciega violada que queda embarazada usa la palabra terrible. Y si aumenta demasiado el precio del tomate también la sella con la palabra “terrible”. Su vocabulario apenas supera al de Tarzán. Pero sin embargo escribe libros. El caso es que uno de esos libros le salió sonámbulo. Por las noches el libro se escapa de las librerías y sonámbulo camina cuadras hasta llegar a la casa de su famosa autora. Ya en el umbral en voz alta le grita: “Me podrías haber escrito un poquito mejor ¡hijadetupadreydetumadre!”
° Hay libros que nadie abre, jamás. La tristeza de estos libros sólo puede ser comparada con la tristeza que me mira desde la mirada de mi perro, los domingos a la tarde.
° Un libro cayó al piso; por allí iba pasando una hormiga. La hormiga en su pulso final pensó “es el fin del mundo”. (La barbarie de la civilización.)
° ¿Se enteraron de esa casa que se incendió entera? Nada se salvó; salvo un libro. El libro fue encontrado, intacto, entre las cenizas. Mucho se habló sobre esa suerte de milagro. “Qué milagro ni ocho cuartos. Ese libro se salvó porque estaba bien escrito”.
° Los dioses andaban de insomnio siestero. Para matar el tiempo se hacían preguntas irreparables: “¿Qué es un libro?” “Un libro es un viaje”, dijo un dios rubio. “Es el silencio cuando se pone a hablar”, dijo un dios morocho. “Es una casa sin puertas con las puertas abiertas”, dijo un dios petiso. En eso estaban los dioses esa siesta cuando de pronto…
° Conocí a un escritor que escribía libros porque se le ocurrían los títulos. Conocí a otro que miraba desde arriba del caballo. No sabía que era de calesita y que la calesita ni giraba. Conocí a dos que no tenían nada que decir, pero los desgraciados lo decían igual. No me puedo quejar, también conocí a un escritor increíble: escribía el castellano en castellano.
° Abelardo, porque Abelardo se llamaba, se pasó la vida escribiendo y leyendo sin cesar. Sus libros ganaron fama y elogios, tan merecidos. Pero demasiada quietud, demasiada silla; el cuerpo de su organismo empezó a crujir, con los años. El médico le aconsejó alguna actividad física. Abelardo le hizo caso: quería estar bien para escribir bien. La actividad que decidió fue esta: entraba a la librería, elegía un libro muy deseado y salía corriendo, con el corazón en la boca y el libro apretado… Hasta que un día un librero, más joven que él, lo alcanzó, lo abrazó y “gracias, Abelardo, gracias”.
° Él era uno de los tantos que atravesó mares y llegó a la América, menos que adolescente. Él nunca pudo ir a la escuela; su feroz padre no lo dejaba. “¡Coño, que hay que trabajar!” Trabajar sin feriados. Él a los veinte años de su edad se pagó clases con un maestro particular y así aprendió a leer, a escondidas del viejo. Y él después se casó, con la Juana, y con ella tuvo tres hijos y yo le salí escritor.
Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, periodista, autor de casi una treintena de libros. Varios de ellos fueron traducidos al inglés, francés, italiano, coreano y polaco.
Algunos son textos de estudio en universidades argentinas y del extranjero. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y 9 idiomas.
Para el cine escribió y dirigió "Nicolino Intocable Locche". Dicta el seminario "Del periodismo a la literatura".
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