Rodolfo Braceli · Desde Bs As

Torturas, hasta en Malvinas

Diario Jornada | Lunes, 2 de Abril de 2012 : 00:58

Este 2 Abril del 2012 después de Cristo trajo el 30 aniversario de la desguerra de Malvinas. Reflexionemos frente a un espejo. No para gozarnos ni para acicalarnos; espejo para mirarnos sin bajarnos la mirada.

Este aniversario trae novedad: el fiscal  Javier de Lucas solicitó a la Corte Suprema resolver sobre si las torturas que padecieron nuestros soldados de parte de sus corajudos oficiales, deben ser consideradas delitos de lesa humanidad, es decir, imprescriptibles. Era hora. Hay unas cien denuncias de ex combatientes. Pregunta: cuando se los estaqueada a la intemperie “por robar alimentos”, cuando se los torturaba, ¿a esos muchachos se les aplicaba el “por algo será”, el “en algo andarían”?


Reanudo conceptos de hace seis años en esta columna. ¿Qué opinarían nuestros militares ciudadanos, Belgrano y San Martín, si viesen lo que pasó durante y después de la des-guerra de Malvinas? Murieron más de seiscientas casi criaturas, en las islas y con el hundimiento del Belgrano. Después de esa carnicería, aquí, en este mapa patrio, se suicidaron más de 400 ex soldados. Más murieron aquí que combatiendo en las islas. Mientras tanto, los militares de mayor rango, rozagantes, todos ilesos.


Innegable: los militares gobernantes nos engañaron. Pero ya es hora de afrontar que también nosotros nos dejamos engañar. Los medios elefantes de des-comunicación, más allá de la censura, contribuyeron con obsceno entusiasmo para desatar el ruidoso exitismo que después mutó en vergonzante derrotismo.


Una cosa es la censura. Otra cosa es la obsecuente y entusiasmada adhesión de los des-comunicadores. Varios de ellos, estelares, famosos, hoy siguen tallando con un descaro asombroso.


Memoria y balance: Gracias a la desgracia de esa desguerra los argentinos estamos en esta especie de democracia que sigue siendo socavada, por ejemplo, con el aterramiento y la sensación de fin del mundo que se siembra desde lo mediático.


Recordemos: La mayoría de nuestros militares, luego de violar la Constitución se dedicaron a violar las vidas y a violar las muertes, de a miles. Como yapa robaban criaturas desde la placenta. En simultáneo, el vaciamiento se producía bajo la tutela de un civil, un tal Martínez de Hoz que con los años encarnaría en Domingo Cavallo y en otros exterminadores que tuvieron su apogeo con el Señor de los Anillacos. Aquellos “valerosos” militares de escritorio se apropiaron de un reclamo legítimo para hacer una guerra tan criminal como grotesca. “Huyeron hacia adelante”, dijo don Borges. Galtieri salió al balcón y alzó la euforia de una multitud que tres días antes había sido apaleada. Galtieri, con la sinceridad que favorece el whisky, se lo confesó a Oriana Fallaci: “Tomamos las islas, pero nunca pensamos que la Gran Bretaña iba a mandarnos la flota”. Pedazo de corajudo el varón. De los hielos del sur no conocía nada. De los hielos del whisky sí.


Reconozcámoslo: con el aliento de los medios descomunicación esta desguerra fue vivida, por gran parte de nuestra sociedad, con la banalidad de un campeonato mundial. Mientras tanto, adolescentes mal comidos y abrigados, se retorcían de frío y de pánico. Fueron arrojados a la muerte y a la locura. Hasta que la verdad nos cayó en la mollera, y la euforia patria mutó en depresión. Nuestros muchachos volvieron entre sombras, ninguneados, despreciados. Nuestro exitismo los marginó. Trasladamos a los ex soldados el desprecio que merecían esos generales de sofá que entusiasmaron a la inmensa mayoría con la complicidad de calificados periodistas. ¿Y después? Ahí están las fotos veraniegas del general Menéndez, el fugaz gobernador de Malvinas que, tras capitular, regresó sin una curita en la frente, perfectamente ileso. A meses del desastre Menéndez recorría en bermudas, del brazo de su esposa,  la rambla de Mar del Plata. Elaboraba el duelo. Qué poca vergüenza.


Y seguimos. A los centenares muertos que quedaron allá lejos, se le sumaron otros cientos, muy ocultados: de a uno, decenas de ex combatientes se suicidaban. No soportaban la pesadilla de una sociedad exitista que aquí los fusilaba con la indiferencia. La cifra de suicidas suicidados está más cerca de los 400 que de los 300. Las noticias de estos casos fueron mezquinas: diez, veinte líneas, y a otra cosa. Venden más los suicidios del jet set. Recuerdo una crónica preocupada, la que escribieron Juan Ayala y Daniel Riera para la revista Rolling Stone (abril del 2000):


“Rosario, 22 de noviembre de 1999. Eduardo Adrián Paz subió la escalinata que conduce a la torre central del Monumento a la Bandera. Seis tandas de siete escalones y un descanso en cada una lo llevaron hasta el ascensor. Esperó a quedarse solo. Buscó el mirador que da al río Paraná, forzó un barrote y se tiró desde 70 metros. Se estrelló sobre la proa del monumento, cayó sobre esta frase de Belgrano: ‘Cuan execrable es el ultrajar la dignidad de los pueblos violando su Constitución’. El cuerpo quedó partido a la mitad. Paz, 38 años, tenìa seis hijos, aguardaba en noviembre del 99 que el Estado se dignara pagarle la pensión que le correspondía.”


¿Crónica insoportable? Insoportable la realidad. ¿Para qué revolver el pasado? Para que no se nos vuelva a repetir.


Posdata. Qué curioso, los señores y señoras tan aseñoradas, que tanto se crispan ante la posibilidad de debatir la despenalización del aborto, jamás hablan de esos otros “abortos posteriores”, de esas vidas jóvenes “interrumpidas”. Otra vez: ¿Qué dirían Belgrano y San Martín?


Memoremos: revisemos diarios y revistas y noticieros de hace 30 años. Hubo censura y hubo entusiasmo obsecuente y baboso. El Golpe del 24 de marzo de 1976 fue militar y cívico. La desguerra de Malvinas también fue militar y cívica. Pero ojo al piojo: si planteamos la responsabilidad de los civiles no es para licuar la los militares por siempre ilesos.


El promedio de los militares de 1982 no se percataron, los muy valientes, de que para pasar a la historia debían superar un control de alcoholemia. Y a los civiles no se nos dio por pensar que una desguerra hecha con los cuerpos de jóvenes ateridos es algo muy diferente a un Mundial de fútbol.
¿Y ahora? Ahora hay que seguir la lucha en estado de diplomacia. Sin pisar el palito. Con otras armas: imaginación y paciencia activa. Sabiendo que la imaginación no es cobardía y que la paciencia no es resignación, es lo contrario.


   

Rodolfo Braceli

Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, periodista, autor de casi una treintena de libros. Varios de ellos fueron traducidos al inglés, francés, italiano, coreano y polaco.
Algunos son textos de estudio en universidades argentinas y del extranjero. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y 9 idiomas.

Para el cine escribió y dirigió "Nicolino Intocable Locche". Dicta el seminario "Del periodismo a la literatura".


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