Sé de una madre que lo fue a los diez segundos de nacer. De pronto se me cruza una historia real, que sucedió en el agosto de 1998. La registró en una crónica Gustavo Alurnagaray, en un diario de La Pampa; yo la recuperé en mi libro Madre Argentina hay una sola. Voy por ella.
Voy por Marcela Rubin Kistner, alguien que a los cinco, a los diez segundos de nacer, fue madre. Madre de sí misma.
Aurelia Kistner y Mario Rubin habían tenido tres hijos hasta agosto de 1998. Todos nacieron en ciudades distantes y distintas, porque Rubin era por entonces un peón golondrina. Después se afincaron en Alpachiri, tratando de hacer pie, en el sudoeste de La Pampa, porque por allí se les daba el trabajo.
Ahora vayamos a la parte central de nuestra historia: Aurelia, 36 años, queda embarazada de una cuarta criatura. Todo va normal, pero sufre rotura de bolsa antes del octavo mes. Le hacen una ecografía y le confirman la fecha del parto para mediados de septiembre. Falta un mes para eso. El sábado l5 de agosto Aurelia confunde la inminencia del parto con un momentáneo malestar estomacal. Va a la letrina, su baño rural. Y allí, involuntariamente, expulsa a su criatura, que cae directamente al fondo, al pozo, al depósito de más de 2.20 metros de profundidad.
El cordón umbilical se corta por el propio peso de la beba.
Es de noche, el marido no está cerca, Aurelia nada puede hacer debido al peso de la loza y a la profundidad del pozo.
Grita desesperada, pide auxilio: por fin una vecina la escucha y llama a la policía.
La beba está en el fondo del pozo, mientras tanto. Recordemos, hace mucho frío, es invierno.
El silencio duele.
Los segundos de cada minuto son como uñas en el corazón del alma.
El silencio, allá adentro del pozo, continúa.
Hasta que por fin llega la policía, y los bomberos.
Empiezan a romper la loza de hormigón –las letrinas tienen en la parte superior una loza de hormigón con un agujero en su parte central–. Rompen los bomberos con extremo cuidado, para que el material no caiga sobre la niña.
Sigue en silencio la criatura. Noche muy fría y cerrada.
Pasan los minutos: media hora, tres cuartos de hora. La angustia crece. Aurelia y su marido lloran desconsoladamente, pero en silencio.
Cuando el diámetro del boquete es de unos cuarenta centímetros, el oficial Marcelo Arana baja al pozo, alumbrado por linternas. La masa fecal le llega hasta las rodillas.
Ve a la nena que está boca arriba, nota que mueve los brazos: increíblemente está todavía viva.
La alza, y ella suelta su llanto inaugural.
Han pasado más de cuarenta y cinco minutos desde que nació y cayó, y ha estado semisumergida allí a una temperatura de cinco grados.
Ya en un hospital cercano le prodigan los primeros auxilios, la sacan de la hipotermia, le restablecen la temperatura corporal. Y a las dos horas, Marcela de los Milagros, que así se llamará en honor a su salvador y al milagro terrenal, está prendida al pezón de su madre.
Todo estaba para que Marcela de los Milagros muriera con la caída o ahogada, en minutos. Nadie se explica cómo sobrevivió al golpe, cómo pudo permanecer todo el tiempo boca arriba, cómo soportó con vida esa situación, ese frío, durante tres cuartos de hora.
Nadie se explica nada. Y cuando todo es tan inexplicable empezamos a decir que es un milagro.
Más apropiado sería decir que Marcela de los Milagros se salvó porque tenía muchas ganas de vivir. Porque pensó con su instinto. Porque de algún modo, en esa soledad desmesurada, se dio cuenta que debía ser, a los pocos segundos de nacer, madre de sí misma.
Posdata
Nunca es demasiado tarde para ser madre.
Y nunca es demasiado temprano.
Me digo: Marcela Rubin Kistner ya andará por los 24 años de su edad. Es posible que sea madre de varios hijos. Claro, tiene experiencia: ella empezó por ser madre de sí misma, a los segundos de caer en aquel pozo. ¿Qué será de la vida de esta mujer tan prodigiosamente porfiada?
www.rodolfobraceli.com.ar -- rbraceli@arnet.com.ar
Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, periodista, autor de casi una treintena de libros. Varios de ellos fueron traducidos al inglés, francés, italiano, coreano y polaco.
Algunos son textos de estudio en universidades argentinas y del extranjero. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y 9 idiomas.
Para el cine escribió y dirigió "Nicolino Intocable Locche". Dicta el seminario "Del periodismo a la literatura".
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