Rodolfo Braceli · Desde Bs. As

Corazón comido (24-03-76)

Diario Jornada | Jueves, 22 de Marzo de 2012 : 01:38

El 24 de marzo de 1976 sucedió en esta patria y esta patria queda en este, nuestro mundo. Se están cumpliendo 36 años desde esa fecha atravesada de sangre, de horror, de perversidad, de cobardía. Apogeo del pus de la condición humana.

Aquello fue un golpe de Estado, pero un golpe tan cívico como militar.

Aclaración pronta: la cantidad de culpables no puede, no debe licuar las responsabilidades, las culpas. Ciertas responsabilidades, ciertas culpas no por ser tan repartidas, se fraccionan.

El búlgaro Tzvetan Todorov dijo que "Un país que ha tenido campos de concentración tiene el corazón comido por los gusanos".

Pregunta para poner en remojo: los tejidos del corazón comido por los gusanos, ¿pueden reconstituirse?

Pueden, siempre y cuando afrontemos, sin feriados, la memoria. Sin esa memoria activa el corazón comido por los gusanos, seguirá siendo un corazón comido por los gusanos. Un agujero.

Retomo conceptos vertidos en esta columna. Ya la palabra "memoria" produce crispación. Tiene mala prensa. Somos un río revuelto muy sembrado para la confusión: se trabaja para hacernos creer que memoria es sinónimo de retroceso y de venganza. Y que olvido y borrón y cuenta nueva es sinónimo de reconciliación.

Ahí está el ombligo de la confusión tramposa: en hacer creer que la memoria es retroceso, cuando en realidad es todo lo contrario. La memoria alumbra, la luz sana. La memoria termina con los gusanos que comen el corazón de esta sociedad tan trabajada para la impunidad del olvido, para la hipocresía.

36 años de aquel 24 de marzo de 1976 en el que la Argentina empezó a escribir, no sólo su capítulo más horroroso desde 1810, sino además uno de los capítulos más crueles entre los que figuran en la historia universal del horror.

Recordemos: con el prólogo de la Tiple A empezaron aquí los años de la más criminal dictadura militar. Digámoslo de nuevo, no nos hagamos los distraídos: aquel fue un golpe militar, y cívico, porque contó con el apoyo de una enorme porción de la sociedad. A esto se sumó la indiferencia activa de demasiados. La mayoría de los medios des-comunicación oscilaron entre la obsecuencia y la vista gorda. Aquí se violaron, de a miles, las vidas, y se violaron, de a miles, las muertes. Nada los sació: ni la tortura, ni la asesinación, ni la desaparición de personas. Además, como propina, hasta se robaron criaturas arrancadas de cuajo desde la placenta. Todo les resultó poco.

Así es, así fue: El surrealismo aquí fue una canción de cuna. Hasta el absurdo fue desnucado. Y la condición humana desfondada. El país fue entregado con un plan craneado por un civil, Martínez de Hoz, pedazo de hijo de esa Sociedad Rural dueña de la escarapela, que aún hoy insiste en elogiarlo.

Hacer memoria no es retroceder. Mientras no se sepa el destino de miles de cuerpos sin sepultura, y no aparezcan los 400 nietos que todavía siguen con su identidad secuestrada, y la justicia no diga su última palabra, el capítulo sigue sangrando. Y los gusanos siguen comiendo el corazón.

No se trata de odio, se trata de verdad para la justicia. Recordemos: no hace tanto, en el juicio por la ESMA el tristemente famoso Tigre Acosta lo dijo con todas las sílabas: "El gran problema fue haber dejado gente viva". Lo escandaloso es que la frase se traspapeló en una semana.

Hay muchos habitantes de este país nuestro que con evidente crispación proponen "reconciliación". Flor de coartada. ¿Qué reconciliación puede gestarse mientras se regodean en la negación y en el alarde de la impunidad? Los asesinadores y sus cómplices civiles, no nos engañemos, siguen clamando que salvaron a la patria.

Manejar un automóvil sin mirar por el espejo retrovisor, es la mejor manera de estrellarse. Con una sociedad ocurre otro tanto. Por eso, hacer memoria no es necesario, es imprescindible. Memoria para semillar un futuro diferente.

Vamos para tres décadas de democracia. Pero no nos engañemos, a la democracia todavía la tenemos que seguir haciendo. Y abrigando. Y sembrando. Y regando. Porque a ella la tenemos muy expuesta. El terrorismo informativo de nuestros elefantes medios de des-comunicación sigue creando clima de "fin del mundo". Sigue alentando una sociedad que oscila entre la histeria y la paranoia. Sigue alimentando la sensación de que la democracia es sinónimo de política y la política sinónimo de corrupción.

Falta decirnos que la democracia no es ni perversa ni virtuosa. Es como somos. Exacto espejo que nos reproduce. A diario lo podemos ver: tipos amigos del gatillo fácil y de la picana y de la pena de muerte siguen en carrera y esto sucede porque la dirigencia no hace otra cosa que fragmentarse. Se confunde ideología con estribillo, y se confunde debate con chicaneo asqueroso.

¿Qué esperamos para despabilarnos? ¿Qué? La democracia (la política) será mejor cuando nuestra sociedad abandone la indiferencia y haga cacerolazos no sólo por razones vinculadas al bendito bolsillo. Y cuando los medios des-comunicadores dejen de echarle leña al fuego.

¿Hasta qué punto tenemos conciencia de lo que tenemos?

¿Cuándo aprenderemos que la piedra no tiene la culpa de la pedrada?

¿Cuánto falta para comprender que el mejor modo de tener las manos sucias es lavarse las manos?

Lavarse las manos puede ser un acto de higiene, pero, la más de las veces, de peligrosa cobardía. Damas y caballeros: después de todo tenemos una democracia "como la gente". Eso, "la gente" somos todos.

La democracia, aparte de cumplir años crecerá si es que la sembramos. Y para sembrarla hay que estar bien despiertos, porque es un prodigioso insomnio.

Al comenzar había puesto una pregunta en remojo a propósito de las palabras de Todorov: los tejidos del corazón tan hondamente comidos por los gusanos, ¿pueden reconstituirse?

Sí, nuestro corazón tan comido por los gusanos desatados en aquel marzo de 1976, puede reconstituirse. ¿Cómo? Semillando el futuro desde memoria alumbradora. Las madres abuelas, tan preciosamente locas y porfiadas, nos vienen enseñando ese prodigioso optimismo: el optimismo de la memoria.

 

www.rodolfobraceli.com.ar                 --                            rbraceli@arnet.com.ar

Diario Jornada Mendoza

Rodolfo Braceli

Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, periodista, autor de casi una treintena de libros. Varios de ellos fueron traducidos al inglés, francés, italiano, coreano y polaco.
Algunos son textos de estudio en universidades argentinas y del extranjero. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y 9 idiomas.

Para el cine escribió y dirigió "Nicolino Intocable Locche". Dicta el seminario "Del periodismo a la literatura".


Leé sus notas aquí - Visitá su blog
*
*
Jornadaonline.com