Rodolfo Braceli · Desde Buenos Aires

La tortuga del viejo Fangio

Diario Jornada | Jueves, 23 de Febrero de 2012 : 00:54

Fangio, nuestro Juan Manuel Fangio hace como ocho meses cumplió 100 años de su edad. En junio cumplirá entonces los 101. Entre junio y junio todo el año será su centenario. Prefiero celebrarlo en el día de su nacimiento y no en el de su muerte.


¿Por qué este capricho celebratorio? Porque sabido es que los argentinos recordamos a nuestros próceres atendiendo a las fechas de sus muertes. Casi todos sabemos el día que murió San Martín. ¿Cuántos sabemos el día de su nacimiento? Lo mismo con Sarmiento, o con Belgrano y con tantos. Nuestros próceres mueren dos veces, cuando mueren, y cuando los congelamos en la perfección fría y distante del bronce o del mármol.

Pregunta: ¿Por qué los feriados se relacionan con los fallecimientos y no con los nacimientos?

Debiéramos tener a bien revisar esta fascinación nuestra por los epitafios.  Es por demás evidente que necesitamos de la muerte para valorar a determinados personajes. No hace tanto nos pasó con Raúl Alfonsín y con Néstor Kirchner.  
Pero memoremos a Fangio, no a propósito de su muerte, sino del centenario de su nacimiento.

Fue un personaje de película. Contribuyó, sin quererlo, a ese vicio nacional que consistió en creer que “los argentinos somos los mejores del mundo”.
Propongo que hagamos un ejercicio. Supongamos que estamos en el año 1957. Saltemos en el tiempo para reflexionar. La crónica de hoy diría más o menos lo siguiente:

Aunque estamos acostumbrados, parece mentira. Pero es cierto. Este 1957, sombrío por la inflación y otros desasosiegos, ha sido alumbrado por el quinto título mundial de Juan Manuel Fangio; los últimos cuatro consecutivos. Va a ser muy difícil que los argentinos dejemos de sentirnos los mejores del mundo.

El Chueco ya está de vuelta en la Argentina. Sus declaraciones avizoran el retiro: “Con mis 46 años podría ser padre de varios muchachos que compiten conmigo. No debo abusar de mi fortuna. Nunca me gustó que me bajen del auto, prefiero bajarme por mis propios medios.”

Este título mundial eslabonó victorias en los Grandes Premios de Argentina, Mónaco, Roan y Nurbürgring. Sabemos que Fangio es sobrio en sus dichos, pero no ocultó que la de Alemania fue la gran carrera de su vida: “Allí arriesgué más de lo debido”.

“Carrera de película” dicen, el duque de Richmond al condecorarlo en Inglaterra, y el presidente de la República Federal Alemana, Teodor Heuss, al declararlo Huésped de Honor. “Carrera de película”, es la frase-tema nacional de este tiempo. Estudiantes, profesionales, obreros, periodistas nos relatamos la hazaña con detalles: 4 de agosto del 57, Nurbürgring, 500 kilómetros en 22 vueltas. La batalla de los neumáticos: Ferrari con gomas Englebert; Maserati, con las Pirelli –más blandas, mayor desgaste. Fangio debe cambiar rodado en la mitad de la carrera. Acumula 29 segundos de ventaja. En los ensayos se trabajó para recambiar en 30 segundos. Vuelta 11: a boxes. Tensión. Sus mecánicos demoran 1 minuto 19 segundos.

Cuando vuelve Fangio a la carrera las Ferrari le llevan más de 50 segundos. Imposible alcanzarlas, restan 11 vueltas. Pero Fangio empieza a descontar 5 segundos por giro. Una y otra vez baja sus propios récords, viaja 8 segundos más rápido que su pole position. Clave: la gran curva de la recta principal la hace pisando la orilla exterior, sin desacelerar los 240 km/h. Las Ferrari empiezan a ser para Fangio un punto rojo creciente. Faltan 3 giros: pasa a Collins. Faltan dos: asedia a Hawthorn. En una curva, por adentro, mete la proa de su Maserati. Se abre el británico. El Chueco se aleja y con 5 segundos de margen hace posible lo imposible. De película. Pero cierto.

El pasado lunes 23 de diciembre (seguimos en 1957) en la Peña Alambre con Palito, de Triunvirato y Juramento, de la Capital Federal, Fangio fue al asado para despedir 1957. Apretado abrazo con su gran rival, Oscar Gálvez. ¡Que hable! ¡Que hable! El Chueco es breve: “En Nurbürgring fui más allá de lo razonable. Me salió bien, puedo contar el cuento… Pero prometo que no lo volveré a hacer. ¡Salud muchachos!”

Lecciones del Chueco

Fangio, tan luego, amaba mucho más la lentitud que el vértigo. Doy fe. Porque lo entrevisté en varias oportunidades. Con él al volante, di varias vueltas por el autódromo en su Mercedes Benz ciudadano. En otra ocasión el reportaje sucedió mientras atravesábamos las calles porteñas. En el fragor de la avenida Libertador, me dijo: “Si quiere ir más rápido elija el carril más lento y vaya despacito y con paciencia por él”.

Detenido en un semáforo me dio una gran definición sobre el ser argentino: “Observe, Rodolfo: cómo se zigzaguea, cómo se frena al milímetro, cómo se hace alta acrobacia. Nos sobra pericia con el volante, pero también nos sobra irresponsabilidad al no cumplir las normas. Los argentinos manejamos muy bien, pero conducimos muy mal.” Qué definición.

Volviendo a lo de la lentitud. Recuerdo el encuentro de diciembre de 1990 en su oficina. Fangio interrumpe mi reportaje para atender el teléfono. Aprovecho para bichar su lugar de trabajo y encuentro que el único adorno que tiene es una pesada tortuga de hierro. Qué paradoja. Después le preguntaré:

–Justamente usted, cinco veces campeón mundial, con una tortuga de mascota.
¿Por qué?

–Hijo, ¿usted vio alguna vez a una tortuga agitada o que se rompiera una pierna?

–Nunca.

–¿Y alguna tortuga que se llevara algo por delante?

–Tampoco.

–Por eso simpatizo con las tortugas. Porque siempre llegan, no sufren accidentes y tienen la buena costumbre de vivir muchos años.

–¿Usted quiere vivir muchos años, Fangio?

–Y... ya que estamos…. Pero eso sí, sin estorbar el tránsito.

–¿Cómo le resulta vivir?

–Es más difícil vivir que correr. Hijo, las carreras duran un par de horas, pero la vida dura toda la vida.

www.rodolfobraceli.com.ar                 --                         rbraceli@arnet.com.ar

Rodolfo Braceli

Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, periodista, autor de casi una treintena de libros. Varios de ellos fueron traducidos al inglés, francés, italiano, coreano y polaco.
Algunos son textos de estudio en universidades argentinas y del extranjero. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y 9 idiomas.

Para el cine escribió y dirigió "Nicolino Intocable Locche". Dicta el seminario "Del periodismo a la literatura".


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