Rodolfo Braceli · Desde Bs. As.

Spinetta y los obscenos caretas

Diario Jornada | Jueves, 16 de Febrero de 2012 : 01:40

Cada muerte de ídolo, o de personaje famoso es buena ocasión para afrontar y analizar eso, tan difuso, que denominamos “los límites del periodismo”. Ahora lo intentaré.


La muerte de Luis Flaco Spinetta agudiza ese tema al que siempre le amagamos, pero apenas si lo rozamos, tanto como para tranquilizar nuestras conciencias.
Por empezar, al decir “los límites del periodismo” me parece que debiéramos ser más concretos, y explicitar: “los límites del periodismo que practican los elefantes medios de des-comunicación”. Porque ese gran periodismo carece de límites morales; lógico, porque la tan mentada moral que los vertebra es, a saber:

camaleónica,
oportunista,

indecente hasta la impiedad.

inmoral hasta la obscenidad. 

Lo ocurrido con el luminoso Flaco Spinetta radiografía, espeja hondo, desenmascara esa clase de alto periodismo que hace tiempo no se conforma con ser el Cuarto Poder y quiere ser el sumo Poder de los Poderes.

No le demos vueltas, no le pongamos vaselina al asunto: nuestros elefantes medios de des-comunicación en general no tienen límites a la hora de meterse con la vida privada (amores, desamores, enfermedades, muertes) de los famosos. Con distintos estilos, con menor o mayor elegancia (léase, disimulo), se meten, invaden, profanan.
Para decirlo en el intenso idioma de Cervantes y de Quevedo: más que practicar perpetran un periodismo, a saber:


abusivo,

cruel,

alevoso,

repugnante hasta el escándalo,

desmemoriado hasta la impunidad.

Lo peor, lo más grave de todo, es que esos mismos medios, desde sus púlpitos de cartón pintado, vuelta a vuelta pontifican sobre la “ética periodística”; se autoconstituyen en academias normativas, dan sermones aleccionadores de humana humanidad, dan clases de “libertad de expresión”. Mientras tanto entretienen a lectores, espectadores y oyentes con una suerte de alcahuetería que muchas veces disfrazan de “investigación” y otras muchas de “obligación informativa y formativa”.

Mientras entretienen y suman tiraje y rating, por otro costado desarrollan un arte perverso que consiste en sembrar miedo, en aterrorizar para crear sensación de fin del mundo, en alimentar esa jodida frase reaccionaria que dice: “Nunca se vivió algo así.” Con esto, más que destituyentes, son pertinaces cariadores de la democracia.
Recordemos lo que hicieron con Spinetta, pero no sólo en sus últimas semanas de vida, cuando ya se sabía que padecía un cáncer de pulmón. Recordemos lo que hicieron desde hace décadas (Spinetta andrógeno / Spinetta drogón / Spinetta mal ejemplo / Spinetta consumidor consumido…)

A todo esto, Spinetta, ¿qué hacía? ¿Se escondía? Más que esconderse se entregaba de cuajo a pulsar relámpagos de poesía con sus letras y su música. Esos relámpagos, contagiosos, mejoraron la sensibilidad de varias generaciones argentinas.

La muerte del famoso, como siempre nos pasa –y de esto no me excluyo– nos hizo caer en la tentación, tan argentina, de acuñar epitafios memorables. Acribillamos nuestro aire con lugares comunes. Los profanadores de Spinetta en vida, lo profanaron con elogios a rajacincha apenas murió. Pero Spinetta, con su discretísima familia mediante, dejó todo organizado para que su muerte no fuera un show ni un festival de mocos.
Los elefantes medios des-comunicadores no se dieron por aludidos. Una vez más han demostrado que no tienen memoria de sí mismos, de la obscenidad de sus invasiones a la vida privada. ¿Será por eso que no tienen vergüenza?
Esta vez el dolor, el amor en congoja, casi fue eclipsado por la vergüenza que provocó tanta desvergüenza mediática anterior y posterior.

Hay que reiterarlo: algunos medios que presumen de “ejemplares” no sólo concretan seguimientos obscenos en nombre del derecho y el deber de “informar”. No sólo eso, atraviesan el límite de los límites; para eso no reparan ni siquiera ante un ser humano que padece una enfermedad terminal. Nos los detiene ni el saber que ese ser tiene los días contados.

Con esta manera de hacer periodismo pervierten y dilapidan esa tan cacareada “libertad de expresión” que dicen defender. Con la persecución repugnante, con la simulación no hacen otra cosa que ofender la inteligencia del lector, oyente, espectador. Insultan con descaro al público. Es como si le dijeran: “Desde mi altísimo diario, desde mi gran revista o canal, te doy de comer mierda porque mierda querés. Porque tu cerebro y tu sensibilidad no dan para más que eso, comemierda”.

Vale la pena empezar a reflexionar sobre un argumento que anda surfeando por estos días. Se intenta justificar el asedio periodístico con la eficaz excusa del, ante todo, “tenemos obligación de informar”. Se quiere justificar la porquería periodística, con el argumento artero de que todo gran personaje público, por el solo hecho de serlo, tiene que resignarse y pagar el precio de su natural exposición. Es decir, que se presenta la persecución y el asedio como un “deber periodístico”. Ese deber periodístico pronto muta en “obediencia debida”. Y ya sabemos para qué terminan sirviendo las indebidas obediencias debidas.

Es cierto y evidente que hay mujeres y hombres públicos que se regodean mostrando sus mansiones, sus conquistas amorosas, sus posesiones, sus bidet. Pero también hay personajes austeros que no buscan la vidriera. Luis Alberto Spinetta nunca buscó prensa por ese lado. Si él jamás entró en el juego de la exposición frívola, ¿por qué diablos hubo “derecho” a invadirlo hasta en las puertas de su agonía?

Posdata. Las excusas y justificaciones de los des-comunicadores están sostenidas por una razón religiosa: los obscenos invasores del alto periodismo, altos granaderos defensores de la “libertad de expresión”, reconozcámoslo, son profundamente religiosos. Veneran, hasta la desnucación de los límites, a Dios.

¿Qué Dios? El Dios del bolsillo.

((Sin incurrir en blasfemia alguna, en homenaje al Flaco Spinetta, debiéramos permitirnos arrancarle la mayúscula y vomitar sobre ese dios.)) 

www.rodolfobraceli.com.ar          --                         rbraceli@arnet.com.ar

Rodolfo Braceli

Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, periodista, autor de casi una treintena de libros. Varios de ellos fueron traducidos al inglés, francés, italiano, coreano y polaco.
Algunos son textos de estudio en universidades argentinas y del extranjero. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y 9 idiomas.

Para el cine escribió y dirigió "Nicolino Intocable Locche". Dicta el seminario "Del periodismo a la literatura".


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