Roberto Suarez · Por Roberto Suárez

Convivencia

Diario Jornada | Jueves, 20 de Setiembre de 2012 : 02:48

“Nuestro objetivo es seguir trabajando en beneficio de la mayoría de los argentinos”, manifestó ayer la presidente en un acto en Casa Rosada, al presentar el proyecto para introducir modificaciones a la Ley de Accidentes de Trabajo acordadas con cámaras empresarias y representantes sindicales

Sería bueno que esa frase sea plasmada en la realidad porque ha sido muy larga y muy trágica la historia de desencuentros que hemos padecido los argentinos.
Divisiones en el campo civil, ineptitud en las dirigencias, irresponsabilidad –a veces– en quienes alcanzaron el honor de conducir las instituciones fundamentales de la República, que nos condujeron hacia caminos que jamás debimos haber aceptado. Esa honda crisis moral en la que entró varias veces el país y que nos alcanzó a todos, viviendo una larga secuencia de desaciertos, proyectos truncos y esperanzas rotas. Por no saber dar respuestas en esos momentos del pasado fuimos embarcados en experiencias de odio y terror que llevaron la agresión y la violencia hasta el paroxismo.
Desde hace más de 9 años estamos construyendo desde los escombros de la última gran crisis nacional, los cimientos de una Argentina moderna. No debe haber más espacio para aquel pasado de desencuentros. Ya transitamos más de 29 años consecutivos de democracia por primera vez en nuestra historia constitucional. Es un hecho histórico, no podemos retroceder.
Este sistema político permite la confrontación de ideas y el ejercicio del disenso en el marco de la libertad. En eso consiste la política enmarcada en los límites éticos de la democracia. Pero no puede confundirse un sistema que abarca la convivencia de posiciones disímiles imprescindibles en toda democracia, con antinomias irreductibles que pueden conducir al enfrentamiento permanente.
Cristina Fernández de Kirchner fue reelegida presidente mayoritariamente y debe serlo hasta el 2015. Nadie puede pensar lo contrario. Sí, tendrá que contemplar algunos cambios ante la masiva manifestación de protesta, producida la semana pasada, ante algunas medidas tomadas en los últimos meses que han caído muy mal, y que se suman a la vieja polémica por la negación del INDEC a reconocer la real inflación y la inquietante inseguridad. Si acepta esa realidad, esto le otorgará espacio y tiempo para desarrollar una estrategia de éxito en lo que le queda de su mandato.
Sería bueno que decidiera reflotar el viejo y nunca concretado anuncio de la convocatoria del Consejo Económico y Social. Fundamentalmente porque, como lo venimos sosteniendo hace tiempo, una sociedad democrática no existe sin diálogo, que hace posibles los disensos pero también, y de manera sobresaliente, los acuerdos y consensos. Por eso es necesario también un aporte constructivo de la oposición, no solo política, sino de todos aquellos que participaron, vía Internet, de la gran movilización, quienes deben tener una actitud responsable haciéndose cargo de su parte y desde el lugar que ocupen en la sociedad para ayudar a la gobernabilidad.
Esa convivencia entre Gobierno y oposición  necesita que las actitudes cooperativas predominen sobre las conflictivas. Hay que evitar los compartimentos estancos. La intolerancia, la violencia, la compartimentación de la sociedad, la concepción del orden como imposición y del conflicto como perturbación antinatural del orden, la falta de disposición para escuchar al otro, para dialogar y llegar a las soluciones, son maneras de ser y pensar que deben ser cambiadas, tanto desde el Gobierno como de la oposición.
En la Argentina la intransigencia, más allá de la necesaria para preservar principios, fue considerada una virtud, donde la expresión “no transar” se multiplicó en lemas de los más variados signos, y donde negociar era considerado una traición o una claudicación indecorosa. Pudo ser válido y encomiable cuando nos enfrentamos con regímenes ilegítimos; no puede serlo cuando existe un régimen democrático. Rescatar la importancia del diálogo debe ser el saldo de la lectura de la semana pasada y así avanzar hacia una república democrática sin altibajos, con inclusión social y fortalecimiento de las instituciones de la república.

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