“Hace más de dos mil años, Demóstenes, orador griego famoso, defendió con ardor en las plazas públicas una sociedad en la que el 85 por ciento de las personas eran esclavas o ciudadanos que carecían de igualdad y derechos como algo natural.
Los filósofos compartían ese punto de vista. De allí surgió la palabra democracia. No se les podía exigir más en su tiempo. Hoy, que se dispone de un enorme caudal de conocimientos, las fuerzas productivas se han multiplicado incontables veces y los mensajes a través de los medios masivos se elaboran para millones de personas; la inmensa mayoría, cansada de la política tradicional, no quiere oír hablar de ella. Los hombres públicos carecen de confianza cuando más la necesitan los pueblos ante los riesgos que los amenazan”.
Esta es una reflexión de Fidel Castro. Con su experiencia de ser uno de los estadistas más importante del mundo en dos siglos, acerca pensamientos como este que citamos sobre la política y la democracia en la actualidad y que tiene mucho que ver con lo que pasa en nuestro país. La dirigencia de la Argentina, política, gremial y empresarial actúa cada una por su lado. Desde hace un tiempo venimos escribiendo que hacen falta nuevos consensos y un acuerdo general como se vislumbraba con el Pacto Social anunciado en las campañas electorales últimas y nunca llevado adelante, y no el acuerdo entre sectores como se lleva a la práctica.
La puja distributiva que ha llevado al país a este alto costo inflacionario, para algunos con un índice del 25% anual, para otros aún mucho más alto, ha sembrado dudas sobre el presente y futuro económico del país. El anuncio de ayer de que el próximo martes 28 de agosto se iniciarán las discusiones en el seno del Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil para determinar el nuevo piso remunerativo para los trabajadores en blanco, que seguramente aumentará de los $2.300 mensuales actuales, agitará nuevamente la espiral inflacionaria, por lo que se necesita un acuerdo más amplio que frene las expectativas inflacionarias.
Los pactos sociales han dado resultado en algunos países pues han permitido conciliar intereses diferentes, en particular en países donde los retos económicos y sociales son de gran importancia. Pueden constituir una oportunidad interesante para impulsar una mayor participación de las organizaciones de trabajadores y de empleadores en el quehacer público. Otros países conocieron en el pasado terribles luchas internas, pero supieron disolver sus antagonismos en unidades nacionales integradas, cuyos componentes se reconocen como parte del conjunto en un universo de principios, normas, fines y valores comunes. Esta integración, aunque intentada varias veces, nunca alcanzó a prosperar en la Argentina, que mantuvo como una constante a lo largo de todo su itinerario histórico la división maniquea de su propia sociedad en universos político-culturales inconexos e inconciliables. La construcción de una sociedad requiere escapar de las pujas salvajes y de la lucha de todos contra todos a través de un pacto social entre los actores.
El compromiso común para la construcción de una sociedad común es la sustancia misma del pacto social y la acción conjunta para hacerla realidad y consolidarla será la condición de su vigencia y éxito. La transición en libertad hacia una sociedad más justa implica de por sí una concepción del país que se quiere con una sociedad integrada y con una interdependencia y una comunicación más estrechas entre los hombres que garanticen un común universo de valores compartidos y un orden respetado por todos. Lograr la consolidación de esta sociedad integrada supone contener en un marco de convivencia los antagonismos que en el pasado nos dividieron y que siempre florecen.
En una sociedad con creciente complejidad, donde chocan múltiples intereses y en la que han caducado los mecanismos corporativos de relación social, es preciso imaginar y construir un sistema de equidad social en la organización democrática de la sociedad y de igualdad en la búsqueda de la realización personal.
Es aquí donde hay que acudir a la idea del pacto democrático, esto es, de un acuerdo que, al tiempo que salvaguarde la autonomía de los sujetos sociales, defina un marco compartido en el interior del cual los conflictos puedan procesarse y resolverse y las diferencias coexistan en un plano de tolerancia mutua. La concepción del pacto democrático aparece hoy como la mejor alternativa para permitir la coexistencia entre una pluralidad de actores con intereses diferentes y un orden que regule los enfrentamientos y haga posible comportamientos cooperativos, haciendo los cambios que la sociedad reclama, dialogando, concertando, acercándose a la gente, logrando la confianza del pueblo.
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