Víctima de un infarto falleció en la tarde de ayer en su querida Cuba el tricampeón olímpico y mundial de boxeo Teófilo Stevenson, considerado el más grande boxeador amateur de la historia.
“Teófilo Stevenson merece el reconocimiento del pueblo cubano por su éxito deportivo derivado de su disciplina, de su consagración al deporte, de su valor, de su moral. Creemos que él dejó un ejemplo todavía más valioso que eso y es el instante en que le hablaron de la posibilidad de ganarse un millón de dólares. Ese joven, hijo de humilde familia y un humilde obrero oriental, dijo que él no cambiaba su pueblo por todos los dólares del mundo”. Esas palabras sobre Teófilo las pronunció su líder, Fidel Castro, para significar lo mucho que valía este gran atleta para la nación caribeña.
En 1980, Teófilo Stevenson se transformó en el segundo hombre en ganar tres medallas olímpicas de oro (el anterior fue Laszlo Papp, de Hungría), y lo hizo en la difícil categoría de los pesos pesados.
Teófilo Stevenson Lawrence fue el hombre que rompió el predominio estadounidense en los pesos pesados. Señalado casi unánimemente como el mejor boxeador en la historia del pugilismo aficionado, rechazó en innumerables ocasiones propuestas para saltar al profesionalismo y llenarse los bolsillos de dinero. Desde su debut internacional en los Panamericanos de Cali 1971 hasta su despedida en el Mundial de Reno, en 1986, fue siempre el más seguido por los medios de difusión, y el más respetado encima del ring, merced a su mortífera pegada. Medallas de oro en tres Juegos Olímpicos lo convierten en el peso completo más extraordinario del boxeo amateur y quizás en uno de los más grandes en cualquier división. Fue solidario con la decisión cubana de no asistir, por razones de seguridad, a los Juegos Olímpicos en Los Angeles ’84. De lo contrario, habría tenido la posibilidad real de lograr cuatro títulos en citas cuatrienales del deporte.
Fue tentado a firmar como boxeador profesional y estuvo a punto de concretarse una pelea suya contra el legendario Muhammad Alí, pactada con cinco millones de dólares en premios. El campeón cubano se convirtió en un héroe nacional, mucho más cuando desoyó las ofertas millonarias procedentes de Estados Unidos. Nunca se pasó al profesionalismo. La revista Sports Illustrated reflejó en portada su decisión: “Rojo antes que rico”. Pese a todo, el “combate del siglo” estuvo cerca de celebrarse. Se llegó incluso a negociar en 1978 un contrato para tres peleas, de tres asaltos cada una, con la condición de que al primer nocaut el acuerdo se daría por finalizado. Cuba ganaría tres millones de dólares y los combates tendrían lugar en diferentes ciudades de los Estados Unidos, según contó a la revista Prima en 1996 el que era presidente de la Federación de Boxeo en 1978, Waldo Santiago, negociador del acuerdo por la parte cubana.
Santiago reveló que fue Fidel Castro el que sugirió la pelea, convencido de que Stevenson se impondría en combates a tres asaltos. La negociación incluyó que la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado permitiera a Stevenson combatir contra Alí sin perder su condición de “amateur”. Según Santiago, las peleas no se celebraron porque Alí suspendió todo con el argumento de que “tenía mucho que perder y poco que ganar”. Stevenson, por su parte, aseguró: “Alí me dijo que para qué íbamos a pelear si los dos éramos los mejores del mundo. Él en el boxeo profesional y yo en el aficionado”. “Yo estuve totalmente de acuerdo con él, pues nunca pensé convertirme al boxeo profesional”. Así, se evaporó la posibilidad del “combate del siglo”.
Teófilo nunca fue noqueado. Su pegada era demoledora y en más de una ocasión puso fuera de combate al rival de turno solo con el jab. Llegó a conquistar todos los títulos que confiriera la Asociación Internacional de Boxeo Amateur (AIBA), incluida la Copa Val Balker, concedida al mejor púgil del planeta, hasta el trofeo Fair Play por su caballerosidad sobre el encerado.
Nació en una zona azucarera de Puerto Padre, en el oriente cubano. Comenzó su exitosa cosecha de altos niveles con el bronce en los Juegos Panamericanos en Cali ’71, donde perdió con Duanne Bobick (EEUU), el mismo rival que lo lanzó al estrellato en Munich.
Mientras, conquistaba uno tras otro los títulos en los campeonatos mundiales dirimidos a partir de 1974 en La Habana.
Colgó los guantes en plenitud de sus facultades. Tras poco más de medio siglo vividos y 40 años dedicados de una forma u otra al boxeo, este gigante de cuerpo y alma seguirá gozando del cariño que su pueblo siempre le ha profesado.
Hace varios años atrás fue invitado por Francisco Morillas, por entonces presidente de la Federación Mendocina de Box, a visitar nuestra provincia. En la delegación venía acompañado, entre otros cubanos prestigiosos, por mi colega y amigo Iván López, quien me lo presentó y me dio el enorme placer de conocer a una persona maravillosa.
El gran boxeador ganó 301 de los 321 combates celebrados a lo largo de 20 años en el ring, pero fue mucho más que eso, un gran atleta y hombre ejemplar por su conducta solidaria. Así lo van a recordar los cubanos, que lo llamaban “Pirolo”.
Mientras tanto, queda siempre latente la frase de que nadie puede imaginarse lo que hubiera sido si Teófilo aceptaba ser profesional.
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