Roberto Suarez · rsuarez@jornadaonline.com.ar

Memoria y prevención

Diario Jornada | Miercoles, 25 de Enero de 2012 : 00:18

El 1 de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 60/7 en la que designó la fecha del 27 de enero día internacional de conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto.

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Tras la aprobación de la resolución, el secretario general de las Naciones Unidas describió este día especial como “un importante recordatorio de las enseñanzas universales del Holocausto, atrocidad sin igual que no podemos simplemente relegar al pasado y olvidar”.

Los horrores de la Segunda Guerra Mundial dieron lugar a la creación de las Naciones Unidas. El respeto de los derechos humanos de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión, es uno de los mandatos fundamentales previstos en su Carta.

Al inaugurar el Museo de la Historia del Holocausto en Yad Vashem (Israel) en marzo de 2005, el secretario general de las Naciones Unidas, por aquel entonces Kofi Annan, recordó que “la repulsa al genocidio, al asesinato sistemático de seis millones de judíos y millones de otras personas fue también uno de los factores que promovieron la Declaración Universal de Derechos Humanos”. El secretario general agregó que “las Naciones Unidas tienen la responsabilidad sagrada de combatir el odio y la intolerancia. Si las Naciones Unidas no están a la vanguardia de la lucha contra el antisemitismo y otras formas de racismo, niegan su historia y socavan su futuro”.

El 27 de enero fue elegido para conmemorar el Día Internacional de Recordación del Holocausto porque en esa fecha, en 1945, el ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, en Auschwitz-Birkenau (Polonia). Mañana se cumplen 67 años de esa liberación.

En nuestro país, el 2 de agosto de 2002 el Congreso promulgó la ley 25.633 creando el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia con el fin de conmemorar a las muertes de civiles producidas por la última dictadura militar que gobernó el país, autoproclamada Proceso de Reorganización Nacional. Cada 24 de marzo se recuerda el día de 1976 en la que se produjo el golpe de Estado que depuso al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, dando inicio a la dictadura militar más sangrienta de la historia argentina. Nosotros también tenemos nuestro Día de la Memoria.

Mañana se recuerda en el mundo el Día de la Memoria del Holocausto y de la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad. Por este último tema, el de la prevención, es que nos parece atinado recordar siempre estas fechas, la del terrible holocausto judío y la larga y negra noche de la dictadura argentina, para que estas atrocidades no vuelvan a ocurrir.

Lo de mañana nos traslada a la imagen de la persecución, vejación, humillación y matanza de aproximadamente 6 millones de judíos, por un dictador cuya demencia y sed de poder llevó a cometer uno de los mayores crímenes contra la humanidad, con una ideología paranoica de “raza superior”. Aunque no solo los judíos fueron perseguidos, sino también los romas (gitanos), los discapacitados, y algunos grupos eslavos (polacos, rusos). Otros fueron perseguidos por razones políticas, religiosas o de orientación sexual: comunistas, socialistas, testigos de Jehová, clérigos cristianos y homosexuales.

Para recordar estas fechas siempre hay que recurrir a libros, a crónicas, a películas, a documentales que nos reviven esos días para interpretar la verdadera dimensión de la locura cometida por Hitler y sus hombres. Hay un libro de Josef Bor, jurista checo, que perdió en el Holocausto a su padre, su hermana, su cuñado, sus sobrinos, su mujer y sus dos hijos, sobrevivió al horror y dejó un magnífica obra: “El réquiem de Terezin”. Se inspira en la odisea de Raphaël Schächter, que logró, antes de ser deportado a Auschwitz, que internos de Terezin (campo de concentración en la República Checa, a unos 60 kilómetros de Praga) cantaran en concierto el “Réquiem” de Verdi. Hasta quinientos detenidos participaron en los ensayos, reemplazando una y otra vez a los que eran deportados a Polonia.

El “Réquiem” finalmente se cantó… y tres días después fueron todos llevados a Auschwitz y asesinados.

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