Roberto Follari · Roberto Follari

Derechos e individuales

Diario Jornada | Miercoles, 26 de Setiembre de 2012 : 02:08

Hay quienes creen, de manera errónea pero sincera, que sus libertades individuales están en peligro en la Argentina. La desinformación, la propaganda encubierta desde espacios opositores, algunos prejuicios no racionalizados, contribuyen a que haya quen crea que, en la época en que más se respetan los derechos civiles en el país, estos estarían en peligro.

Sobre el respeto a los derechos, por ej. el de protesta, quién puede dudar. Las manifestaciones anti-gobierno no han sufrido la menor contención policial, menos aún algún atisbo de represión. Aquellos que dicen que estamos en dictadura pueden decirlo tranquilamente, lo cual jamás sucede en una dictadura. Y en la última dictadura se echó personas de los trabajos, se asesinó, se encarceló, se torturó, se exilió a miles de argentinos. Quizá los que hoy protestan no se enteraron, porque eran muy chicos de edad, porque no les importaba y no los persiguieron a ellos, o en algunos casos porque estaban en favor de aquella dictadura feroz. Lo cierto es que media un abismo entre las libertades que hoy los argentinos hemos conseguido y el gobierno garantiza, y las persecusiones bestiales que se viven en épocas de dictadura.

Sobre libertad de prensa, los ataques y ofensas contra la investidura presidencial que vemos y escuchamos a diario, dejan por demás claro que se puede escribir lo que cualquiera desee, y se lo puede decir por los medios. Es el gobierno de Néstor Kirchner el que, por iniciativa propia, eliminó las sanciones legales por injurias y columnas proferidas en los medios masivos.

Uno de los miedos propagados en los últimos tiempos (fruto no querido de las decisiones para evitar el uso del dólar como moneda paralela en la economía nacional) es realmente llamativo. Hay quien propaló que se les quitaría a los ciudadanos el pasaporte y no se nos dejaría salir del país. Nada menos.

Tan insólito rumor choca contra todas las evidencias, pero un oscuro anticomunismo que ha recorrido el país en los últimos tiempos, un imaginario arcaico digno de la Guerra Fría, lo ha hecho creer a algunos. No han reparado en informaciones que lo desmienten rotundamente: fue el actual gobierno el que "despolicializó" la entrega del pasaporte; ya no hay que poner nombre de vecinos y familiares en el formato de solicitud. Ahora hay muchas bocas de expendio, el pasaporte se entrega rápido (hay incluso un trámite por el cual puede obtenerse en un día), y el tiempo de validez es ahora de diez años, exactamente el doble que lo que era antes. ¿Alguien puede creer que el gobierno pretende cerrar la salida al extranjero, cuando no hay quien la ha favorecido tanto en cuanto a la tramitación de documentos?

Y es cierto que a veces son engorrosos los trámites para conseguir moneda extranjera, y que deberá simplificarse esos procedimientos. Pero también lo es que están los aviones llenos de argentinos que viajan a diversos países del extranjero; no hay ningún impedimento sistemático al respecto.

También se ha hecho común el rumor de que "vamos a ser como Cuba". Se ha escuchado mucho, y algunos creen, por ingenuidad o desinfomación, que la noción del gobierno argentino y el cubano sobre libertades individuales es la misma.

Está demostrado que no es así. Es cierto que Argentina tiene buenas relaciones con Cuba, como las tiene también con EE.UU. (no en vano Obama pidió una reunión con la presidenta). Y es cierto que los logros de un país pobre como Cuba en educación, en salud y en soberanía son altamente reconocibles. Pero la amistad de Argentina con Cuba no impidió que la Argentina lograra la salida de la médica Hilda Molina de la isla, cuando el gobierno cubano entendía que ella debía permanecer allí.

¿Se acuerdan? Argentina logró algo que no podían lograr los adversarios de Cuba, pues el gobierno de Fidel no les hubiera hecho caso. Pero consiguió lo que otros gobiernos de buena relación con Cuba no consiguen: logró la salida de una médica cubana cuyo hijo vive en Argentina, y que quería venir a nuestro país. Fue una difícil y delicada negociación. Con ello, queda todo dicho: para el gobierno de la Argentina, la libertad de vivir donde se quiera no es negociable.

Está claro, entonces: los rumores nada tienen que ver con lo que ocurre en la realidad. Se aprovecha la ingenuidad de muchos para hacer campañas de desprestigio que azucen los miedos arcaicos de la población. Cuando la dictadura, algunos creyeron que era un acto de dignidad decir que los argentinos somos "derechos y humanos". Algunos pensaron que así se taparían los crímenes dictatoriales.

Que nadie crea que ahora somos "derechos e individuales". Aunque eso sí, hay muchos que son ferozmente individualistas. Y desde allí han sostenido su rechazo a la actual situación nacional.-

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