Roberto Follari · Por Roberto A. Follari

En la Cumbre

Diario Jornada | Martes, 3 de Julio de 2012 : 01:04

Por unos días Mendoza estuvo en la cumbre de Sudamérica. A la reunión de presidentes de Mercosur se sumó luego la de Unasur, lo que trajo a los cancilleres de Colombia y Venezuela, además de a los presidentes de Perú, Chile, Bolivia y el Ecuador.

Todos sumados a los mandatarios que ya estaban (Dilma, Mujica y Cristina). Y además la Cumbre de los Pueblos, en la que hubo visitas egregias como las de Estela de Carlotto.
Hay miradas que, en vez de instalarse en la cumbre, están situadas en la lona. Son las de los que calculan el valor de la cumbre hablando de quiénes sacaron más réditos políticos, o de cuánto se logró para los productores mendocinos, como si las decisiones tomadas tuvieran alcance provincial en vez de continental.
Por supuesto que igualmente hay que dar la bienvenida a los acuerdos informales con Brasil para la entrada a su territorio de vinos, aceitunas y aceite de oliva, entre otros productos (para lo cual Argentina fijó contraprestaciones a productos brasileños). Así como la negociación global con China, que asegura la llegada a un mercado monumental que constituye el 20% de la población total de la humanidad.
Pero lo que sobresalió fue la unánime condena al golpe encubierto en Paraguay, y a su actual pseudogobierno. A ello se sumaron incluso las administraciones más pro EEUU de la región (Chile y Colombia), si bien presidentes como Correa querían una sanción más dura aún de la que se asumió –tanto en Mercosur como en Unasur– de suspender temporalmente a Paraguay hasta la restitución plena de la democracia en ese país.
Cristina Fernández fue quien insistió en ser terminantes en el rechazo institucional, pero cuidadosos de no perjudicar al pueblo paraguayo. Las sanciones económicas tendrían consecuencias para la población, y por ello fueron finalmente descartadas. Ello muestra un cuidado y sensibilidad de los presidentes en cuanto a que los sancionados sean solo los usurpadores de la presidencia, no los habitantes del territorio paraguayo en general.
Pero queda alguna duda de si no resulta poco como sanción. El caso de Honduras bien lo mostró: se echa a un presidente legítimo, luego se lo deslegitima y aísla, y finalmente se va a elecciones. Aun cuando estas fueran limpias –nada en estos casos lo garantiza– igualmente es difícil que gane el presidente depuesto, ya aislado de sus bases sociales, políticas y de apoyo financiero para campaña. Esto nos muestra que la estrategia del “golpe blando” no excluye sino que incluye las elecciones posteriores, como proceso de maquillaje. Por lo tanto, la sanción debiera ser realizada no hasta que haya elecciones próximas, sino hasta que se restituya a las autoridades elegidas en las elecciones anteriores, y hasta que las autoridades restituidas cumplan el número de días en el gobierno que correspondían a su mandato. No puede exigirse menos que eso, y en este caso se ha exigido con fuerza y unanimidad, pero no se ha llegado a ese punto nodal.
De cualquier modo, los usurpadores de la presidencia paraguaya quedaron muy deslegitimados. Sus intentos discursivos de apelar al nacionalismo (“nos hemos sacado la tutela de Brasil y Argentina”, pretendió ufanarse Franco cuando supo del total rechazo a su asonada) no son más que una muestra de impotencia y debilidad frente a su rotundo desprestigio y aislamiento en la región.
La cumbre, además, decidió la entrada de Venezuela como miembro pleno del Mercosur. Ello significa una reserva estratégica en el plano energético (petróleo y gas) absolutamente decisiva, y refuerza el sentido progresista que en lo ideológico sostiene el bloque microrregional, del cual el derechismo retrógrado de Franco ha quedado totalmente alejado.
Lo cierto es que una vez más, Unasur ha expresado a esta actual América del Sur en la que predominan gobiernos preocupados por lo popular y ajenos a la tutela habitual de los Estados Unidos. Ha mostrado una cohesión y una fuerza muy claras para rechazar intentos golpistas, como los que también Evo ha debido soportar días pasados. Y también, junto a este Mercosur renovado, han sembrado –con la presencia de movimientos sociales presentes en la Cumbre de los Pueblos– a una Mendoza engalanada y abierta, con vocación latinoamericana, con presencia de lo mestizo y lo negro que forman parte irrenunciable de nuestra identidad histórica como pueblos.
 

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